Archivo diario: septiembre 16, 2009

Pajín contra Pajín

Otra genialidad de los chicos de Intereconomía:  Los Mecano Clon nos deleitan con una nueva versión de “Mujer contra Mujer” ambientada en casa de los Pajín, en Benidorm…

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La frase giliprogre del día

zapatero-obama-orgas“No es una cuestión de lo que Obama puede hacer por nosotros, sino de lo que nosotros podemos hacer por Obama”

(José Luiz  Rodríguez Zapatero)

 

Si señor…. sí lo dijo (lo que pasa es que estábamos de vacaciones y no nos enteramos).

Para que luego digan que Aznar se bajaba los pantalones ante Bush.  Yo  más bien lo recuerdo poniendo los pies sobre la mesa…

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Por favor, ¡¡¡que alguien le quite los brotes verdes!!!

Porque lo de Zapatero ya no tiene nombre ni perdón.  En su consumo abusivo de brotes verdes ya no se le frena la lengua ante nada y más ancho que alto se queda el botarate diciendo que una mayoría de la sociedad acepta la subida de impuestos porque son “ciudadanos solidarios.

Y con esta jeta lo dijo:

Nada de suprimir “ministerios superfluos, legiones de altos cargos o la propaganda como bien le dijo Pío García Escudero.  No, aquí los españolitos a pagar y los socialistas a seguir chupando del bote, mientras nos toman a todos por imbéciles.

Lo que le espera a las clases medias españolas:  subidas del IVA, los impuestos especiales o la eliminación de las deducciones.  ¿Querían solidaridaZ?  Pues ahí la tienen.  SolidaridaZ con los de la Zeja.

Pero la culpa no es de esta bestia ignorante y sectaria. No.  La culpa es de 11 millones de zetapollas que lo han vuelto a votar en 2008.  Porque los muy idiotas sí están de acuerdo porque creen que los impuestos se los subirán al vecino que tiene un Audi, o al cuñado que manda a sus hijos a colegio privado, o al jefe que vive en una urbanización en Majadahonda.  Pues que sigan pensando así los mamones, que total les tocará pagar a ellos también.   

Porque la solución sería una rebelión fiscal, pero lamentablemente ni hay cerebro ni hay cojones…

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Cuando la “diosa” democracia “se equivoca”

Leído en HazteOir.org y para que reflexionemos un ratín sobre la “indiscutible” democracia y el poder omnímodo que le damos a una institución….manejada por hombres falibles.  Probablemente los más falibles de todos.

Por eso -y más que nunca- es necesario recortar, limitar y reducir al mínimo los poderes que otorgamos a esta institución -repito- manejada por hombres profundamente imperfectos.  Cada libertad que cedemos es un grillete que nos ponemos.

El caso Turing prueba que las leyes democráticas no siempre son justas

El castigo legal a un homosexual británico demuestra que la voluntad de la mayoría no convierte una norma en justa, aunque haya sido aprobada democráticamente.

REDACCION HO.- El gobierno del Reino Unido ha pedido perdón públicamente a uno de los matemáticos británicos más brillantes del pasado siglo, Alan Turing, al que se condenó por su homosexualidad en 1952.

Turing se declaró homosexual y, de acuerdo con una ley perfectamente legal y emanada de un estado rigurosamente democrático, fue condenado por “gran indecencia“.

A Turing se le concedió el dudoso honor de elegir la pena: podía escoger entre dos años de prisión o la administración de inyecciones de hormonas para reducir su impulso sexual. El matemático eligió la castración química.

A propósito del supuesto valor de las mayorías en la promulgación de determinadas leyes, señala José María Fernández-Cueto:

“Ningún ser humano es por sí mismo superior a otro. Ni vale el recurso a la suma de las voluntades de todos los ciudadanos. La suma de voluntades no cambia la naturaleza de las mismas. La historia de las democracias cuenta multitud de sinrazones impuestas a una minoría sensata, por voluntad de una mayoría, que en el dejarse arrastrar por la pretendida opinión pública demostraba bien que no lo era.” (José María Fernández-Cueto, Católicos, ¿por qué? Barcelona 1996)

 

No es preciso recurrir a ejemplos extremos, como la llegada al poder de Hitler, para poner en evidencia que la voluntad de la mayoría en las sociedades democráticas no tiene por qué coincidir con la decisión justa, ni mucho menos con la verdad de los hechos. El caso de Alan Turing, que hoy recoge ABC, es paradigmático en este sentido:

“El Gobierno británico ha pedido perdón por el trato «horroso», «completamente injusto» e «inhumano» dado al brillante matemático Alan Turing en los años 50 a raíz de su homosexualidad. Con una disculpa colgada en la página web de Downing Street, Gordon Brown respondía a la demanda de perdón solicitada por una campaña que han firmado 30.805 personas.

La campaña acusaba a las autoridades británicas de haber criminalizado y empujado a la muerte a Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación. Precusor de la informática moderna, tuvo un papel decisivo en descifrar los códigos nazis, particularmente los de la máquina Enigma, ideó la «máquina de Turing», un modelo computacional, y a él se debe la «prueba de Turing» sobre inteligencia artificial.

«Sin su destacada contribución, la historia de la Guerra Mundial podría haber sido muy diferente. El deber de gratitud que merece hace todavía más horroso que fuera tratado tan inhumanamente», dice Brown, quien recuerda que Turing fue condenado en 1952 por «gran indecencia», al admitir relaciones homosexuales, y que «su sentencia -tuvo que elegir entre ella o la prisión- fue la castración química mediante una serie de inyecciones de hormonas femeninas». «Te pedimos perdón, te merecías algo mucho mejor», declara el texto de Downing Street.

Se da por sentado que el científico se suicidó, tal como constó en el veredicto oficial, aunque algunas hipótesis hablan de asesinato o suicidio forzado tras el que se encontrarían los servicios secretos, temorosos de que la homosexualidad de Turing fuera una debilidad susceptible de chantajes.

La increíble carrera de Turing quedó truncada en 1951, cuando a sus 39 años se encontraba en la madurez profesional. Para evitar la condena por un delito que normalmente estaba penado con dos años de cárcel, aceptó someterse a un tratamiento hormonal destinado a reducir la libido.

Se le prohibió viajar a Estados Unidos, lo que limitaba su actividad y proyección como científico, y su reputación se derrumbó por la publicidad que se dio al caso.”

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