Archivo diario: julio 25, 2011

¿¿¿Indignados??? ¡Marxistas!

Los payasos del 15-M han vuelto por Sol(eares).  Y con la careta caída esta vez.  Ya no nos cuelan el cuento de que están en contra de la casta política, ya que algunos  (los más “confundidos” ) ya han conformado un partido político, sino que están a favor del marxismo, esa doctrina “taaaaan demokrática” que sometió a media humanidad a la dictadura más cruel del siglo XX, y probablemente de la historia de la humanidad y dio matarile a 100 millones de seres humanos.

Pues aquí vuelven a la Puerta del Sol, arrastrando consigo a mogollón de idiotas útiles seguidores de tonti-utopías,  de flower-power, y de comedores de ensalada, pero ya más desembozados.  Claro, ya saben que la calle es de ellos:  bueno, la Puerta del Sol, porque a Moncloa no van… 

Que se prepare el PP para tener que enfrentarse a esta gentuza durante los próximos 4 años de gobierno.  Para eso han salido a la calle, para eso y no para otra cosa.

El chaval lleva un siglo de retraso, el muy rancio.

¿Compartir las riquezas?  ¿Cuáles?  ¿Las que tú no generas? 

Esta es la “demokrazia real”

Para payasos… ¡tú mismo!

Si señor, el sistema que permite que gentuza sin oficio ni beneficio siga parasitando a la gente que trabaja, invierte, ahorra y vive decentemente. 

Este sólo estorba, lo de “pienso” se refiere a su alimento natural. 

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Los comecuras ya son comepapas

Excelente artículo de Pablo Molina para Libertad Digital.  Llamando a las cosas por su nombre.

 

Los comecuras ya son comepapas

Por Pablo Molina

Los llamados laicistas, en especial los más militantes, tienen una forma curiosa de enfocar las relaciones institucionales cuando hay dinero público en juego. Convencidos de ser el epítome de la asepsia doctrinaria, pretenden que el dinero de los contribuyentes sólo puede destinarse a aquellas actividades que ellos consideran legítimas, pues fuera de sus esquemas de pensamiento todo es sectarismo, atraso y opresión.

Los laicistas se han hecho mayores y en lugar de comer curas ahora prefieren incorporar a su dieta a los sumos pontífices, así que llevan ya unos días desgañitándose ante la sospecha de que un acto religioso en España con Benedicto XVI pueda consumir recursos públicos en tanto manifestación multitudinaria, pero en cambio ven muy bien que el estado financie con dinero del contribuyente cualquier acto callejero convocado por los grupos de presión patrocinados por la izquierda, a la que todos ellos pertenecen.

En Libre Mercado hay abundantes ejemplos de cómo reparten el dinero los progresistas, naturalmente entre ellos, porque una cosa es ser progre y otra lo que decía el felizmente depuesto alcalde de Getafe.

Así pues, su aparente celo por la racional utilización de los recursos públicos nunca les llevará a emitir la menor protesta por la riada de subvenciones que todo tipo de organizaciones laicas trincan anualmente del bolsillo del ciudadano, pero si un solo euro de esos fondos estatales va a parar a un sector de la sociedad civil que no comparte sus ideas, no tardarán en acusar al político en cuestión de estar vendido a los sectores más reaccionarios.

Los laicistas quieren que los niños sean adoctrinados desde pequeños en la ideología que ellos patrocinan, y con el mismo énfasis intentarán que los padres les cedan la competencia exclusiva y decidir cómo deben educarse las criaturas, y sin reparar en gastos, claro. Por eso, si alguno de esos padres decide que quiere que sus hijos conozcan la religión católica les dicen que es inaceptable que el estado patrocine esas enseñanzas.

Los que no comemos ni curas ni progres preferimos que el dinero público esté en el bolsillo de los ciudadanos, de donde sólo debería salir en casos muy justificados. No se trata de que el gobierno deje de financiar unas cuchipandas para destinar el dinero a organizaciones que defienden una idea de la vida radicalmente contraria, sino de erradicar la mefítica figura administrativa de la subvención. Que cada uno se pague lo suyo: eso sería, en el plano de la ética política, el único principio aceptable; pero como los progres son bastante roñosos, sus charlotadas dejarían de recibir financiación, al contrario de las instituciones que más odian, como la Iglesia Católica, que hasta en los peores momentos de la crisis no deja de recibir generosas aportaciones voluntarias.

Entendemos que eso joda bastante a los que se han apropiado de la capacidad de decidir qué se hace con el dinero de todos, de ahí que clamen al cielo, con perdón, cada vez que sospechan que un céntimo de las arcas públicas va a ir destinado a un asunto que ellos desprecian; pero la abstinencia subvencionadora de los gobiernos es la única terapia capaz de revertir la enfermedad social del trinque presupuestario, cuya extensión en el cuerpo social español ya ha adquirido dimensiones de pandemia.

Con la asistencia del Papa a la Jornada Mundial de la Juventud, los progres están operando bajo el esquema antes descrito, según el cual el dinero público no es de todos los contribuyentes sino de los que se han autoerigido en garantes de la ética ciudadana. O sea ellos. Es un paso adelante en la evolución zarrapastrosa del socialismo respecto al principio enunciado por la sabia egabrense, según el cual el dinero público no es de nadie. Al contrario, es solamente suyo. De los buenos.

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