Archivo diario: febrero 5, 2012

Sucedió “mañana”

Aniversario de la Batalla de Tetuán.

Hacia el año 1859, nuestras ciudades de Ceuta y Melilla eran atacadas constantemente por las tribus marroquíes, llegando el asunto a no “poderse aguantar”.

El General O’Donnell pidió explicaciones al sultán de Marruecos Mohamed IV, que dio la callada por respuesta.

Como entonces, no había “papanatismo” y quedaba un poquito de amor propio, España le declaró la guerra a Marruecos, registrándose un apoyo masivo de la población, con un ingente alistamiento de voluntarios, sobre todo procedentes de Cataluña y Vascongadas (sí… sí… no me he equivocado…).

Un ejército expedicionario de cerca de 40.000 hombres partió de Algeciras y Málaga a bordo de 41 buques, con la idea e recordar a los del turbante que lo de Las Navas de Tolosa no fue casualidad.

Mandaba las fuerzas el propio presidente del Gobierno (os imagináis eso hoy?), general O´Donnell, quien dividió las fuerzas de Infantería en tres cuerpos de ejército en los que puso al frente a los generales Juan Zavala de la Puente, Antonio Ros de Olano y Ramón de Echagüe. La división de Caballería quedó al mando del general Alcalá Galiano, y el cuerpo de reserva estuvo bajo el mando del general Juan Prim. El almirante Segundo Díaz Herrero fue nombrado jefe de la flota. El objetivo era tomar Tetuán y Tánger.

Tras la victoria española en la Batalla de Castillejos, nuestros hombres se dirigieron a Tetuán, donde las fuerzas marroquíes se habían refugiado tras haber recibido lo suyo de nuestra artillería. En el asalto se significaron especialmente los Voluntarios Catalanes a los que dirigió su paisano el General Prim, pereciendo en el asalto uno de cada cuatro componentes de esta Unidad.

Como resultado de la contienda, ganada a través de la decisiva victoria de Tetúan, España ganó territorio alrededor de Ceuta y de Melilla, recibió un pequeño enclave en Ifni y le fue cedida Tetúan, teniendo que abonar el Sultán de Marruecos una indemnización de guerra. El coste en vidas de la campaña, fue de 8.000 españoles muertos

Cuando O’ Donnell regresa a España con las tropas para recibir el agasajo del pueblo en Madrid, acampa al norte de la ciudad, recibiendo aquel espacio el nombre de “Tetuán de las Victorias”, dando origen, posteriormente, al actual barrio de Tetuán.

Mañana, lunes 6, cuando estéis saliendo de casa y os pongáis la bufanda, recordad que un 6 de febrero de 1859, la bandera española ondeó en Tetuán, y muchos de los nuestros dejaron su vida.

Si podéis, contadlo por ahí.

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PSOE, 1936

Excelente artículo de Salvador Sostres para “El Mundo”. Nada más que agregar.

 

PSOE, 1936

En clave interna, la tiniebla se impuso a la ignorancia y la truculencia a la frivolidad. Lo sombrío ganó a lo chabacano, Prisa a Mediapro, el felipismo al zapaterismo. Los viejos carcamales derrotaron a los jóvenes indocumentados, la artillería pesada al confeti y a lo edulcorado. Joaquín Estefanía a Ignacio Escolar. El juego sucio liquidó a la tontería y la checa barrió a la ceja. En clave interna, el socialismo español regresó ayer a sus cuarteles de invierno, con Rubalcaba como guardián del museo de lo turbio, la intriga y la calamidad.

Ahí estaba, rodeado de otros espectros como él. Txiki Benegas, uno de ellos. Cuando todavía estaba en La Moncloa, alguien le preguntó a Felipe: «Presidente, ¿no te sorprende lo que bebe Txiqui Benegas?», y González respondió: «No, me sorprende lo que aguanta». Lo que ayer sucedió en el PSOE fue exactamente esto.

Pero de cara al conjunto de los españoles, lo que tanto Rubalcaba como Chacón evidenciaron con sus discursos es que el socialismo se ha quedado sin ideas, sin proyecto. Ya no tienen nada que ofrecernos. No tienen ninguna solución porque ellos son el problema, porque el socialismo es el problema, porque la socialdemocracia es el problema, y la desesperanza, y la bancarrota, y la tragedia. Que todavía haya socialistas en España es un atraso.

Los dos candidatos, acorralados por el naufragio de su ideología y de sus políticas, recurrieron del modo más zafio y lamentable a las trincheras de 1936. Al resentimiento social sin ninguna clase de escrúpulo, a la más vergonzosa -por barata- demagogia anticlerical, a la demonización de los empresarios, al victimismo obrero, a la agitación de las más bajas pasiones en que tan cómodos se sienten. El público aplaudió con la ira del fracasado, con la rabia que genera siempre la impotencia.

La obsesión laicista apareció en ambos discursos, y hasta en la breve intervención de Griñán. Si a un socialista quieres hacerle feliz de verdad, dale una iglesia que quemar. Hay que ver qué pulsión tan obstinada. Ganó Rubalcaba por los pelos, pero da igual. Lo importante es que el socialismo español fue el gran derrotado, cautivo y desarmado. Recurrieron a todos los trucos y a todas las trampas para intentar disimular, sin éxito, que ya no pueden decirnos nada. Su programa es un mapa detallado del infierno en que estamos. Hasta aquí hemos llegado, camarada.

Los momentos más cínicos los protagonizó Rubalcaba diciendo que le encantaba la ética y que no era nada sectario. Lo más hortera fue Chacón gritando como aquellos hombres que antes paseaban por la playa vendiendo helados, coco y cacahuetes. Que casi la mitad de los delegados socialistas votaran a una mujer tan insustancial e inconsistente es tan alucinante como que la otra mitad apoyara a uno de los hombres más oscuros de España. Ser socialista era ayer una derrota asegurada.

De un PSOE instalado en las trincheras guerracivilistas podemos esperar cualquier jugarreta, y de un líder como Rubalcaba, cualquier atrocidad. Volverá el juego sucio, el peligro a la vuelta de la esquina. Lo venenoso manchará de nuevo la vida pública española. No vayas distraído, mira dos veces antes de cruzar la calle, no hables con desconocidos. Cuando Rubalcaba dice que su principal valor es la experiencia lo que en realidad quiere decir es que tiene un pasado de doble y triple fondo de armario.

Como un bicho herido que quiere morir matando, el PSOE demostró ayer que está vacío y acabado, pero que no piensa entregar las armas.

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Clases de españoles

por Pío Baroja:

 

“La verdad es que en España hay siete clases de españoles… sí, como los siete pecados capitales. A saber:
1) Los que no saben;
2) los que no quieren saber;
3) los que odian el saber;
4) los que sufren por no saber;
5) los que aparentan que saben;
6) los que triunfan sin saber;
7) Y los que viven gracias a que los demás no saben.
Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”.

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