El desguace intelectual de Europa

Todos somos responsables de la situación económica y social actual. Por acción pero sobre todo por dejación. Vivimos en democracias que pertenecen cada vez menos a los ciudadanos y más a los grupos de presión. Es la difusión del Estado de Derecho a manos de intereses varios y grupos de privilegiados denominados políticos, banqueros y comadrejas varias, convertidos en vulgares sanguijuelas que no saben lo que significa el servicio al ciudadano, ni siquiera el civismo. Tan solo saben cómo manipularlo y utilizarlo.

La educación o la falta de ella, la cultura en su versión banal actual, tienen mucha culpa al fabricar individuos incapaces de discernir ni de valorar lo que tienen. Y menos de identificar lo sublime.  Ninguna democracia se mantiene sin esfuerzo. Se construye día a día mediante ciudadanos conscientes y educados, capaces de controlar su destino, en vez de ser controlados por los intereses pecuniarios o ideológicos de unos pocos. A los cuales les interesa poder succionar las pocas neuronas que habitan la mente de borregos ineducados, nada críticos, susceptibles de ser manipulados para poder hacer más caja y mejor.

Cómo la educación naufraga

Seguimos criando niños mimados, demasiados vagos (NiNi), ignorantes los más, no sea que se frustren si se esfuerzan, abarrotados de títulos y poco más. Miríadas de grados, masteres, cursos de posgrado rellenos de superficiales pinceladas de conocimientos deslavazados y mal estructurados que no enseñan nada docto.

Porque los hemos vaciado de coherencia y de base, del duro contenido que al menos tenían cuando fabricábamos diplomados, licenciados o ingenieros. Huecos de rigor y de exigencia, huérfanos de saber. En el fondo, mileuristasbien pagados.

Hemos utilizado Bolonia malévolamente para destruir un sistema que con todas sus carencias, que eran muchas, más o menos funcionaba. Ahora fabricamos titulados, no profesionales y menos todavía individuos ilustrados, conscientes y cívicos.

Seguimos mirándonos al ombligo ideológico de la supuesta igualdad. Olvidándonos que la igualdad debe ser de oportunidades, compartir la misma línea de salida; jamás de resultados, la meta no podrá ser igual para todos. Porque las capacidades no son las mismas. El esfuerzo depositado, tampoco. Y porque eso significa igualar siempre por abajo. En eso estamos empeñados.

Ninguna sociedad que se precie sobresaldrá a base de una generalidad de mediocres, y una mayoría de ignorantes, sin una élite intelectual amplia. Algo que escasea cada vez más en la una vez culta y refinada Europa y, sobre todo, en España.

Seguimos viviendo gracias a la inercia de dos siglos de fastuosos avances en todos los frentes. A base de deuda y glorias pasadas, si nos olvidamos de las tragedias que llevaron aparejadas.

Con lo que o nos armamos de humildad, rearmando la sociedad de esa cosa tan escasa, denominada talento, que no suele salir de la nada; fomentamos la creación, no solo de ciencia y aparatos sino sobre todo de ideas, de ideales y de conceptos; o convertiremos estos lares en eriales, humanos y no solo físicos, como los que estamos provocando.

En el que las joyas de la abuela acabarán siendo malvendidas y nuestra alma entregada al mortífero diablo consumo, monstruo de cuernos sucios y malolientes, armado de tridente climático fatal.

Primero habrá que recapacitar. Reconocer el estrepitoso fracaso de nuestro sistema educativo. Para luego poder sembrar. Rehacer sus cimientos, jubilando a los pedagogos malditos que han provocado tan lectiva catástrofe.

Restaurando los caducos valores tradicionales motor de cualquier sociedad que se precie: belleza, honradez, tenacidad, educación, honor, coherencia, orgullo, trabajo, superación, profundidad, esfuerzo, generosidad, cultura, respeto, ,…

La vuelta a las disciplinas básicas de siempre sin nombres camuflados: álgebra y cálculo, física y química, biología y geología, historia y geografía, filosofía y derecho, escritura y declamación, música y teatro, drama y comedia, lectura de los clásicos y buena literatura… La reinstauración del humor y, por qué no, de la chanza. La resurrección del arte, algo que una vez fue sublime y hoy vulgar espectáculo.

Evitando la sobreprotección, no sea que se traumaticen, aceptando que niños y jóvenes puedan cometer errores ellos mismos y no lo hagan padres y educadores por ellos. Educándoles de manera que sean capaces de soportar arrobas de frustración e innobles injusticias en el camino hacia el éxito.

Exito que no solo significará riqueza sino también dignidad, conocimiento, cultura, capacidad de superación y, sobre todo, de discernimiento y de elección. Como siempre ha sido. Como lo será en el futuro otra vez. El día que dejemos de vivir de glorias pasadas, de un dinero que no tenemos y de un planeta que pronto no dará más de sí. Cuando restauremos la decencia, la honradez y el buen hacer. Cuando implantemos de nuevo la sobriedad, es decir, la ciencia de la escasez.

Artículo de José M. de la Viña para Cotizalia

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1 comentario

Archivado bajo educacion, estado, estupidez, intervencionismo

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