Las Navas de Tolosa

Un día como hoy, lunes 16 de julio, del año 1212 se oía por primera vez un grito electrizante que se convirtó en el grito de guerra más oído y más triunfante de la historia de Occidente:

“¡SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA¡”

3 reyes españoles: Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón, se batieron contra los musulmanes y ganaron la batalla de Las Navas de Tolosa.  Una batalla que fue decisiva para que España volviera a ser EUROPA y no terminara siendo un califato donde impera la sharia, el atraso y la violencia como norma.

Los 3 reyes y sus soldados habían pasado toda la noche anterior  confesándose, orando y”velando las armas” .   Así nos lo cuenta en su crónica el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada:

“Alrededor de la medianoche del día siguiente estalló el grito de júbilo y de la confesión en las tiendas cristianas, y la voz del pregonero ordenó que todos se aprestaran para el combate del Señor. Y así, celebrados los misterios de la Pasión del Señor, hecha confesión, recibidos los sacramentos y tomadas las armas, salieron a la batalla campal. Y desplegadas las líneas tal como se había convenido con antelación, entre los príncipes castellanos Diego López con los suyos mandó la vanguardia; el conde Gonzalo Núñez de Lara con los freires del Temple, del Hospital, de Uclés y de Calatrava, el núcleo central; su flanco lo mandó Rodrigo Díaz de los Cameros y su hermano Álvaro Díaz y Juan González y otros nobles con ellos; en la retaguardia, el noble rey Alfonso y junto a él, el arzobispo Rodrigo de Toledo. (…) En cada una de estas columnas se hallaban las milicias de las ciudades, tal y como se había dispuesto. El valeroso rey Pedro de Aragón desplegó su ejército en otras tantas líneas; García Romero mandó la vanguardia; la segunda línea, Jimeno Cornel y Aznar Pardo; en la última, él mismo, con otros nobles de su reino. El rey Sancho de Navarra, notable por la gran fama de su valentía, marchaba con los suyos a la derecha del noble rey, y en su columna se encontraban las milicias de las ciudades de Segovia, Ávila y Medina. Desplegadas así las líneas, alzadas las manos al cielo, puesta la mirada en Dios, dispuestos los corazones al martirio, desplegados los estandartes de la fe e invocando el nombre del Señor, llegaron todos como un solo hombre al punto decisivo del combate.”

La tradición dice que el primero en romper las cadenas que protegían el campamento de Miramamolín fue el rey Sancho VII de Navarra.  Por ello en el escudo navarro(y en el español)  figuran unas cadenas que conmemoran este acontecimiento.  Miramamolín no pudo hacer nada más, excepto huir del campo de batalla, a lomos de lo primero que encontró:  un burro.

La arenga antes de la batalla (al más puro estilo “Corazón Valiente”, ya podemos imaginar de dónde sacó Mel Gibson la inspiración para su película) fue hecha por el arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada. Os la transcribo a continuación:

“Españoles, hemos marchado juntos, hemos sufrido juntos. Estáis aquí los de lealtad probada. Cuando vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos os pregunten por qué luchasteis, les contaréis que vinistéis a defenderles a ellos y a los hijos de muchos que ni siquiera conoceréis en vuestra vida. Les diréis que luchasteis por vuestra fe y la suya, pues los enemigos de la Cruz del Señor no sólo aspiran a la destrucción de las Españas, sino que también amenazan con ejercer su crueldad en otras tierras de los fieles de Cristo y oprimir el nombre de cristiano. Cuando vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos, mirándoos con admiración y agradecidos, os pregunten quién os guiaba en la batalla diréis que no era hombre alguno sino el mismo Dios de los ejércitos y por ello acudistéis jubilosos y sin temor al combate, pues si derramamos nuestra sangre podremos contarnos entre el coro de los mártires. Cuando vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos os pregunten por qué, abandonándolo todo, recorristéis tierras inhóspitas para luchar les diréis que os negasteis, como vuestros antepasados, a que el invasor sarraceno os impusiera sus costumbres y las creencias de la maldita secta de Mahoma. Cuando quieran saber lo que sentía esta entrañable unidad guerrera al comienzo de este día de júbilo y de gloria, la palabra que vendrá incontenible a vuestra boca será la que ahora acelera nuestros corazones: ¡libertad!”

Un griterío ensordecedor surgió de las gargantas de los soldados. Se repetían las invocaciones a Santiago, los castellanos, y a San Jorge, los aragoneses.  Luego, el ejército se puso en marcha,con el señor de Vizcaya, Diego López de Haro a la cabeza.  Y como si de una partida de ajedrez se tratara, le hicieron JAQUE MATE al Miramamolín (Al-Nasir, el jefe musulmán) y se cubrieron de gloria.

El resto, es historia.

A 800 años de aquella gesta decisiva, quiero rendir un sentido homenaje a todos los españoles que dieron sus vidas a lo largo de 800 años -desde Covadonga hasta Granada-  para que hoy nosotros podamos vivir en LIBERTAD.

 

 

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