Archivo mensual: septiembre 2012

La democracia explicada

para niños, vamos… sencillito, sencillito.

¿Te queda claro ahora?

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Tragedia en los sindicatos

Ay!  Es el lamento que sale de las bocas de los sindicalistas.  Cuales almas en pena arrastran su inmenso dolor porque:

Los sindicatos se quedan sin un tercio de las ayudas para cursillos del paro

Una “auténtica tragedia” griega. O española para los monopolistas de la representación de los individuos que trabajan.

El ocaso de un negocio fabuloso para los dueños de esos chiringuitos llamados “sindicatos”, conseguido al calor de las dádivas gubernamentales para mantener “tranquilos” a estos extorsionadores.

Toxo y Méndez ya tienen motivos para lanzarse al monte.  Ganas no les faltaban a estos socios del PSOE carentes de toda vergüenza.

Los contribuyentes tenemos motivos para respirar un poco más cómodos:  al menos parte de nuestros dineros no serán utilizados para mantener un negocio “dudoso” como el de los cursos para parados, que a los parados no les sirve para dejar de estar en esa situación, pero que sirve para engrosar generosamente los bolsillos de estos sujetos que se arrogan la representación de todos los trabajadores de España cuando apenas el 15% de los trabajadores españoles está afiliado a un sindicato.

Una pena que el recorte no haya sido del 100%.  Evidentemente, a Rajoy le faltan agallas.

¡¡¡Peligran los cruceros de lujo y los relojes de señoritos!!!

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Mala leche

Cosas que se ven por ahí, cuando uno se va de manifa…

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Algo huele mal en la justicia…

Una noticia alucinante:

Si una estúpida mujer se permite dilapidar los recursos del estado de este modo, y -peor aún- si un JUEZ se permite darle la razón a esta débil mental, creo que caben dos reflexiones:

1)  el descrédito del poder judicial es clamoroso y con estos jueces es comprensible que estemos como estamos

2) para tener un sistema judicial estatal que funcione como funciona este juez, es imperioso exigir la privatización de la justicia.  De seguro un sistema privado jamás consentiría semejante dislate.

Sucedió en  el Juzgado de Violencia de Género nº 1 de Valencia.

Todavía me pregunto si se hizo una “reconstrucción” del hecho.  ¿Habrá tenido que hincharse a fabada el “violento macho” menoscabador?  ¿Fueron protegidos los funcionarios judiciales y policiales con máscaras antigás? ¿Cuál será el próximo agravio? ¿Dejar los calzoncillos tirados en el baño? ¿Quemar la comida? ¿Olvidarse de alimentar al gato? ¿No saludar a la suegra?  ¿No ganar suficiente dinero?  ¿Cuál será la próxima barbaridad ideada por el atroz feminazismo que los politiqueros y jueces del absurdo harán realidad?

Y ahora en serio:  ¿Hasta dónde acusadoras, jueces y sociedad civil vamos a consentir que estas atrocidades se sigan cometiendo?  Y no me refiero precisamente al gas expulsado por el marido castigado, sino a esta aberración jurídica que es la condena.  No podemos darnos el lujo de consentir que con nuestro dinero se perpetren estos despropósitos que ni del Valle Inclán habría imaginado.  No podemos darnos el lujo de ser tan gilipollas.

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¿Podía esperarse algo distinto?

Fracasa la estrategia de Rajoy: cae la recaudación por impuestos

Si, podríamos haber esperado a que el sr. Mariano Rajoy hubiera demostrado tener un poco de sentido común para haber escuchado a quienes se lo advirtieron antes de meter la pata.

¿Podemos esperar una rectificación del rumbo equivocado?

Pues me temo que no.  Parece que Rajoy está gritando: “¡¡Más madera!!  ¡¡Hasta que reviente la caldera!!”

Nuevas subidas de impuestos para recaudar 4.375 millones más

“Sólo los necios perseveran en el error”, decía Cicerón.

Evidentemente estamos gobernados -una vez más- por necios…

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ERE que ERE… que no me entero!

y no se enteran de nada si no es por la prensa…. tienen más cara que espalda!!

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La “caridad” bien entendida comienza por casa

Y así lo aplica a rajatabla el mandamás de Cataluña, Arturo Más.

Según publica este martes La Gaceta, “La Fundación Instituto de trastornos alimentarios en la que participa la esposa del presidente de la Generalitat de Cataluña, Helena Rakosnik, ha recibido durante este año subvenciones a cargo del Gobierno regional por valor superior a los 400.000 euros. Así se explicita en el Diario Oficial de la Generalitat con fecha del 28 de febrero y del 11 de abril de 2012, fechas en las que se da cuenta pública tanto de las ayudas como de las cuantías de las mismas.”.

Las cantidades son las siguientes:

Febrero de 2012: 266.109,50 euros en concepto de “convenios plurianuales de atención social a personas afectadas por drogodependencias”.

Abril de 2012: 175.000 euros en dos subvenciones. La primera ayuda por valor de 90.000 euros estaba destinada a “ un programa de tratamiento integral para personas afectadas de TCA de larga evolución”. La segunda subvención fue de 85.000 euros para un programa para “ el tratamiento integral para personas con trastornos alimentarios”.

En total, y en solo tres meses dicha fundación recibió 441.109,50 euros.

Mientras Más realiza estos “regalos conyugales” se realizan brutales recortes de servicios a la sanidad catalana, a las prestaciones para discapacitados y se suprimen los comedores escolares, privando a los contribuyentes de recibir algo que pagan a través de sus impuestos.

Y este sujeto -que se llama “Más” pero que es “menos”- en vez de ajustarse el cinturón propio y el de toda su administración, se lanza al monte del independentismo más salvaje, en un desesperado intento de echarle un pulso al gobierno nacional (de España, obviamente, que es la única nación) para conseguir una financiación imposible de sus locuras catalanistas.

Así nos luce el pelo.

Arturo Menos: no está de “más” recordarle que “Caesaris uxor non satis honeste, etiam ut videretur” (la esposa del césar no solo debe ser honesta, también debe parecerlo).

Viendo el catastrófico estado de las finanzas catalanas y que el dispendio nacionalista continúa (embajadas, subvenciones y persecución lingüística, entre otros) el pueblo catalán tiene una oportunidad de oro el próximo 25 de noviembre para repudiar a este sujeto… A ver si e despiertan.

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Tengo una pregunta para usted

Parece que el pepero vasco Antonio Basagoiti hoy estará de “interviú” virtual con los lectores del diario El Mundo.

¿Pedro J. le pasará estas preguntas?  ¿Basagoiti las contestará?  Si lo hace, hasta dónde pretenderá engañarnos con palabras melosas e invitándonos a mirar hacia el futuro, mientras nos asegura que Rajoy y  Zapatero no son lo mismo?

La pregunta:

Mirando a la política “antiterrorista” del gobierno de Rajoy ¿No siente vergüenza de sí mismo? ¿Qué siente al mirar a los ojos a las víctimas del terrorismo? ¿Le parece que no haber negociado con ETA para evitar el asesinato de Miguel Ángel Blanco al final sirvió para algo?

Si tienes una pregunta para este sujeto, puedes enviarla a través de la página habilitada por El Mundo.

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Lo peor que deja Zapatero es la herencia política, no la económica

Hace más de un año, el día 9 de junio del año 2011, Luis María Anson publicó en El Mundo el artículo que, por su actualidad, por su visión y por su acierto, reproducimos a continuación íntegramente.  Porque no debemos olvidar que de aquellos polvos, estos lodos…

 

LO PEOR QUE DEJA ZAPATERO ES LA HERENCIA POLÍTICA, NO LA ECONÓMICA

“Ciertamente, Zapatero ha dilapidado la suculenta herencia que le dejó Aznar. Recibió un paro dominado y en retroceso, en el entorno de los 2.000.000. Se mueve ahora por la frontera de los 5.000.000. Le dejaron el déficit público a cero y lo elevó por encima de los dos dígitos. Se benefició de una deuda de las más bajas de Europa y la ha puesto al galope desbocado. Le trasvasaron un sólido tejido empresarial y ha cerrado cerca de 400.000 empresas, amén los incontables eres que se han promovido.

Pero no es eso lo peor de la herencia Zapatero. La crisis económica, el paro, el déficit y la deuda son cosas que se pueden arreglar. Lo peor de la gestión del faro de la Alianza de las Civilizaciones es su disparatada política. Felipe González y Suárez habían establecido la Transición sobre el pacto de Estado entre el centro derecha y el centro izquierda —el 80% del voto español- para las grandes cuestiones nacionales: terrorismo, territorialidad, relaciones internacionales… Zapatero decidió cambiar de socio constituyente y envió al Partido Popular al zaquizamí de la Historia y las tejas vanas. Fracturó el espíritu de la Transición y se alió con los partidos nacionalistas secesionistas, de cuya voracidad dejó testimonio Ortega y Gasset en su debate con Azaña hace casi ochenta años.

Y ahí está el resultado. Bildu, es decir, en gran parte Eta, se enseñorea en el País Vasco acentuando la dictadura del miedo. Aspira abiertamente a fagocitar a Navarra. Propugna de forma descarada la secesión y el odio a España. La negociación política de tú a tú entre Zapatero y Eta constituyó una estremecedora indignidad nacional. Las consecuencias están claras. Por otra parte, las maniobras zapatéticas con el PNV, a espaldas del lendakari López, han acentuado el desequilibrio de una región española merecedora de mejor suerte. Parece casi imposible restablecer la armonía constitucional en Euskalherría. Y lo mismo ocurre en Cataluña. No llegaba al 5% el número de catalanes interesados en reformar el Estatuto. Zapatero hizo la gracia de ofrecer esa reforma en bandeja a una clase política voraz. Después, maniobró en el Tribunal Constitucional, como en el caso Bildu, para satisfacer la ambición de la clase política catalana. Por obra y gracia de Zapatero, hasta el centro derecha de CiU está ya en el abierto secesionismo.

La desastrosa herencia económica que deja Zapatero tardará más o menos en arreglarse; pero se arreglará. La herencia política zarandeará a España durante largos, largos años. El líder socialista ha destruido el espíritu de la Transición y ha desencadenado la descomposición nacional. Cánovas del Castillo acordó con Sagasta el pacto del centro derecha y el centro izquierda en las grandes cuestiones para garantizar la estabilidad nacional. Alfonso XIII desbarató el canovismo con una política insensata que cristalizó al aceptar, contra la Constitución, el golpe de Estado de Primo de Rivera. González y Suárez restablecieron el pacto al estilo canovista. Zapatero, al cambiar de socio constituyente y arrumbar al centro derecha, ha soplado los vientos del secesionismo y nadie es capaz de aventurar si se podrán capear los temporales que se avecinan.”

Luis María ANSON   

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Esa Juana de Arco liberal

Por Mario Vargas Llosa

Debió de ser allá por los años 1983 ó 1984. La concejala del Ayuntamiento de Madrid que acababa de hablar lo había hecho con una claridad y rotundidad infrecuentes en un político y defendiendo ideas que no estaban para nada de moda. “¿Quién es esta Juana de Arco española liberal?”, pregunté. La pregunta llegó a sus oídos y, desde entonces, en todos estos años —los de su extraordinaria carrera y, también, los de nuestra amistad— cada vez que la he visto, Esperanza Aguirre me ha recordado aquella anécdota. ¿Por qué Juana de Arco? Porque defender, como ella lo hacía, el liberalismo, me pareció entonces la manera más rápida de precipitarse en la hoguera del desprestigio y la ruina.

Que me equivocara de manera tan garrafal, muestra los altos méritos de Esperanza Aguirre, que, ante la sorpresa general, acaba de anunciar su renuncia a la Presidencia de la Comunidad de Madrid y su retiro de la vida política. No sólo ha sido uno de los escasos políticos de convicción de estos años en España; también, uno de los más populares, que más elecciones ha ganado y que, en todos los cargos que ha ejercido —concejala, senadora, ministra, presidenta del Senado y presidenta de la Comunidad—, ha conseguido impulsar más medidas y reformas de corte liberal, gracias a las cuales la provinciana capital de España de hace tres decenios es la metrópoli de hoy día y la región más próspera, menos endeudada, una verdadera potencia industrial y la de vida cultural más rica y diversificada de todo el país.

La vamos a echar mucho de menos. Todos. Los que, como yo, la admirábamos y nos hubiera gustado verla llegar a la Presidencia del Gobierno, convencidos de que, con ella al frente, jamás se hubiera hundido España en una crisis como la que hoy padece, y también sus adversarios, a los que deja hoy en la orfandad, sin tener alguien a quien odiar y atacar con la saña con que se encarnizaron contra ella (ayudados a veces por los micrófonos indiscretos), que se les enfrentaba sin complejos de inferioridad, respondiendo a los insultos con ideas, sin perder nunca las buenas formas y derrotándolos siempre en las urnas.

Esperanza Aguirre libró en todos estos años un doble combate. Contra una izquierda dura, dogmática y vanidosa que se creía dueña no sólo de la verdad ideológica, sino también de la compasión, de la solidaridad y de la “justicia social” y contra una derecha conservadora y ultra, acomplejada y acobardada frente a la izquierda, desconfiada del mercado y la apertura económica, favorable al rentismo y con más intereses que convicciones y principios. Ninguna de estas dos fuerzas pudieron derrotarla pero le hicieron la vida difícil, muy difícil, y la obligaron muchas veces a hacer verdaderos prodigios de táctica política —simulacros y fintas de concesiones, supuestos pasos atrás a fin de saltar adelante— para no verse acorralada en lo personal, y, sobre todo, hacer avanzar los principios liberales básicos de recortar el intervencionismo estatal en la vida económica y social y privatizar en todo lo posible tanto la creación de riqueza como las instituciones y la vida ciudadana.

En su famosa distinción entre el “político de convicción” y el “político de responsabilidad” de 1919, Max Weber matizó que no se debía entender esta diferencia como una antinomia sin remedio, y que había casos, infrecuentes sin duda, en que un político era capaz de conciliar ambas opciones. Una de esas excepciones ha sido Esperanza Aguirre. Nunca perdió de vista los principios liberales a los que se adhirió cuando era todavía muy joven; pero, a lo largo de su carrera política, la experiencia le mostró que la democracia no tolera la rigidez doctrinaria, pues la realidad es siempre más sutil y compleja que las teorías que pretenden exhibirla, y que las ideas que no son capaces de adaptarse a la realidad terminan siempre por conseguir resultados opuestos a los que persiguen. En muchos momentos de su vida política, Esperanza Aguirre accedió a iniciativas reñidas con sus convicciones, porque no había más remedio, o para salvar al menos parcialmente su propia agenda. Pero, lo importante, a la hora de juzgar de manera de global su gestión, haciendo las sumas y las restas, es que nadie podrá negar que en toda su trayectoria aquellas son mucho más numerosas que estas, y que por eso de ella se puede hacer el mejor elogio de un gobernante: que dejó la Comunidad de la que fue responsable mucho —muchísimo— mejor de como la encontró.

Quisiera destacar un aspecto admirable de la política de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid: el apoyo a los exiliados y perseguidos políticos de Cuba. Ellos han sido siempre los parientes pobres entre todos los latinoamericanos que han debido dejar sus países por las amenazas y el acoso de que eran víctimas de parte del poder. Como, por una de esas aberraciones ideológicas de la que está repleta la época en que vivimos, la Revolución Cubana, pese al más de medio siglo de ruina económica y dictadura política que ha significado para la isla, sigue gozando de una cierta intangibilidad moral ante la izquierda, el centro e incluso sectores de derecha, los exiliados cubanos han padecido de la indiferencia y a veces de la abierta hostilidad de los gobiernos democráticos españoles. La excepción, en esto, ha sido, gracias a Esperanza Aguirre, la Comunidad madrileña, que ha ayudado a muchos de ellos a encontrar trabajo, a obtener los permisos correspondientes y a sobrellevar las inevitables penalidades del destierro.

Cuando fue ministra de Educación y Cultura del primer Gobierno del Partido Popular, la enemistad hacia Esperanza Aguirre de artistas, escritores, cineastas, periodistas, profesores, fue enorme y el ensañamiento contra lo que hacía y decía no conoció límites, sobre todo de los caricaturistas a los que, la inmutable calma con que la ministra ejercía su función como si la tempestad no fuera con ella, atizaba la ferocidad. A juzgar por las barbaridades que le decían y atribuían, la educación y la cultura en España habían caído en manos de una antropófaga, o poco menos. ¡Vaya injusticia! Pocos políticos he conocido que tengan más respeto por el trabajo creativo —artístico o intelectual— que Esperanza Aguirre y que hayan hecho más esfuerzos que ella, en su vida privada, en los escasos recreos que le deparaba su enloquecedora agenda de trabajo, para leer, asistir a conciertos o exposiciones y estar enterada del ir y venir de la vida cultural. Y, también, que haya llevado ese respeto al extremo de no haber querido nunca instrumentalizar las actividades artísticas en provecho personal.

Y, sin embargo, discretamente, lo que ella ha hecho para impulsar la vida cultural en su esfera de influencia ha sido enorme. A ella se debe, en buena parte, que en las últimas décadas la oferta cultural en la comunidad madrileña se haya multiplicado por diez, dejando muy rezagadas a todas las otras ciudades y regiones de España, entre ellas a Cataluña, que en los años sesenta o setenta era la capital cultural de España, y que esta vida cultural sea libre, diversa, múltiple, y, en ella, la iniciativa privada coexista con la pública.

¿Por qué ha renunciado a la política precisamente en este momento? En los últimos dos días he sentido vértigo leyendo todas las especulaciones al respecto. Que porque se le había reproducido el cáncer que padeció hace un par de años, que por discrepancias irreductibles con la política económica de Mariano Rajoy, que por querellas y animosidades en su propio partido, y otras todavía más fantasiosas. Aunque no tengo ninguna otra información que las que he leído en la prensa, creo que nada de eso es cierto. Y que probablemente dijo la verdad en su comparecencia televisiva: que había llegado el momento de retirarse para dar paso a gente más joven, que, después de 30 años de estar en la intensa brega política, quería poder dedicarse un poco más a esa familia que con tanta paciencia y generosidad la ha apoyado en estos años y la ha visto tan poco. Saber retirarse a tiempo, no enquistarse en el poder, ceder la posta a la nueva generación, forma parte, también, de la filosofía (y la coherencia) liberal.

Fuente:  Diario El País

 

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