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Idiocracia

Una película que es casi profética.  Ya estamos al principio de esta película.  Y el sistema educativo está trabajando a marchas forzadas para que lleguemos cuanto antes al final.  Como no reaccionemos, no tendremos que esperar al año 2505 para ver el final.

Sinopsis:

Joe Bauers (representado por Luke Wilson), un oficial del ejército de los Estados Unidos (seleccionado por sus superiores debido a que es “el hombre más ordinario en nuestras filas”), y una prostituta llamada Rita (representada por Maya Rudolph) son puestos en un experimento militar ultra-secreto para demostrar la viabilidad de hibernar soldados durante tiempos de paz. Sin embargo, antes de que transcurriera un año (tiempo en que debían ser descongelados), la base militar es clausurada y su jefe científico puesto en arresto debido a un escándalo por prostitución.

El experimento es olvidado por completo, la base militar es demolida y ambos protagonistas son descongelados de manera accidental unos 500 años después (el año 2505) en un mundo distópico en el que la selección natural ya no favorece los seres más inteligentes, debido a que se reproducen más aquellos de poca sabiduría. Esto ha resultado en una humanidad idiota, ignorante y retrasada, de modo que Joe se convierte en el hombre más inteligente del planeta.

Una distopía,  llamada también antiutopía, es una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. El término fue acuñado como antónimo de «utopía» y se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia, frecuentemente emplazada en el futuro cercano, donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento masivo —generalmente a cargo de un Estado autoritario o totalitario— llevan al control absoluto; al condicionamiento o, incluso, al exterminio de sus miembros, bajo una fachada de benevolencia.

Disgenesia es un término opuesto a la eugenesia, y es utilizado por algunos científicos actuales para caracterizar la selección de variables genéticas negativas.

La disgenesia se utiliza para indicar una reducción en la presión de la selección natural en el hombre actual. El hombre primitivo vivía en un ambiente hostil y poco confortable, conviviendo de cerca con la posibilidad de la extinción, hecho que se traducía en una selección natural extremadamente rigurosa, que mantenía una baja frecuencia de genes nocivos y promovía una adaptación cada vez más precisa a su ambiente. Con el desarrollo de diferentes tecnologías (desde la confección de abrigos hasta trasplante de órganos) el humano pasó a adaptar el ambiente a sus preferencias en lugar de adaptarse biológicamente a él. El resultado fue una distensión de la selección natural y un aumento de la variabilidad genética, ya que muchos genotipos inviables en tiempos primitivos ahora tienen posibilidades de supervivencia y reproducción (por ejemplo, miopes y diabéticos hubieran tenido poca probabilidad de supervivencia hace 50000 años). Esto hace que esas características aumenten su frecuencia fenotípica.

Si bien algunos consideran a estas características como defectos que se acumulan en la humanidad (llegando a argumentar que dicha acumulación podría causar en el mediano plazo la extinción de la especie), también pueden ser interpretados como características que simplemente se adaptan a un nuevo medio con disponibilidad de tecnología.

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PP y PSOE: me tenéis hasta los güevos

Un camionero español dice las verdades del barquero a los miembros de la casta política.  Imbéciles que no logran entender que el cabreo es general y monumental.  Cuando rueden sus cabezas por el suelo tal vez lo entiendan.

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El problema de la mediocridad

Excelente artículo de Almudena Negro para Siglo XXI.

El problema de la mediocridad

Almudena Negro“Jamás rectificarán puesto que hacerlo supondría dar por cierto que toda su construcción intelectual se sostiene en la nada, que no tienen vida porque viven para el qué dirán”

Mientras que los medios siguen haciendo suyo el economicismo que junto con la sociología han venido a sustituir, en estos tiempos en que los anticonceptos se asumen como verdaderos, a la política, inexistente en lo que queda de la nación política, la mediocridad acecha por doquier. La destrucción del êthos de la nación española es un hecho.

Consecuencia lógica de la asunción del Estado-nación, de la nación política, algo artificioso, frente a la histórica. Décadas de educación estatista, ya desde los tiempos de la dictadura, tan contraria a la tradición liberal española, han arrasado no sólo con la cultura, sustituida por una pandilla de amiguetes poco ilustrados pero muy despóticos que dan lecciones a golpe de dinero público desde comprados medios de comunicación, sino que han sumido a la población en general, gracias a la escuela comprensiva implementada en los años ochenta, en la mediocridad.

Tan es así que no son pocos los jóvenes y no tan jóvenes, que aspiran a eso que llaman “fama”. Sin dar ni golpe, sin mérito alguno, claro. Simplemente porque necesitan verse reconocidos por los demás para creer que son. Ayn Rand los describe maravillosamente. De Peter Keating, muertos en vida, España llena. Buscan la fama, sus cinco minutos de gloria, algunos hasta quince, a costa de lo que sea. La mentira, ya se sabe, mueve este mundo mientras Atlas no se rebele. ¿Quién es John Galt?.

Si no me creen, pongan la televisión. Y no crean que una es de las prohibicionistas que quiere evitar espectáculos degradantes como el “Hombres, mujeres y viceversa” (o algo similar), que no es el caso, ya que creo que cada cual es muy libre de apagar, o no, el televisor. Lo que lamento es que semejante bobada, carente de argumento e inteligencia, tenga audiencia. Otra opción para darse cuenta de cómo está el patio es leer a algunos en las redes sociales. Entren en Twitter.

futbol-salvameLos bobos agotan. Agotan porque no dejan resquicio para lo importante, porque distraen a quienes los rodean con cotilleos de portería (en el peor sentido de la palabra) y ejercen casi siempre y sin descanso de perro del hortelano. Su mediocridad, muy relacionada con una falta de autoestima, resentimiento y un profundo desprecio hacia su yo –el mediocre siempre quiere ir en manada o tribu- todo lo enfanga. Bordeando la paranoia, neuróticos perdidos, asumen como verdad cualquier memez que se ajuste a sus necesidades. Necesitan creer. Necesitan ser. Necesitan un psiquiatra.

Cuando las cosas no les salen como quieren, se vuelven violentos y pisotean las más elementales normas de comportamiento en una sociedad abierta. A la mediocridad le suman la soberbia del ignorante. Jamás rectificarán puesto que hacerlo supondría dar por cierto que toda su construcción intelectual se sostiene en la nada, que todo lo que viven es una gran mentira, que no tienen vida porque viven para el qué dirán. Triste vida la suya.

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