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La mano de Astrea

Excelente artículo de José Carlos Rodríguez para Libertad Digital sobre  el “ex-juez estrella-do”.

La mano de Astrea

No hay juez estrella, sino casos estrella. ¿Cómo no va a ocupar portadas un juez que detiene terroristas y que investiga el terrorismo de Estado, que investiga las grandes tramas de la droga? Sí, yo llegué a pensar eso, pero ahí estaba Baltasar Garzón para desmentirme. Se enamoró de su personaje. Y no iba a dejarlo escapar. Ya no era sólo un juez. Era ya, en su delirio, la encarnación de la justicia. Una justicia que se le estaba quedando pequeña. La corrupción había anegado al Partido Socialista y las encuestas le daban ganador a José María Aznar. Él, sólo él, él solo, podía revertir la situación. Y se presentó como número dos del número uno de la política, Felipe González. ¿Qué ridículos planes no trazaría para sí en su deriva megalomaníaca? Pero un salto desde la sima socialista de la corrupción, ¿dónde pretendía llegar?

La cuestión es que González, ingrato con él o quizás demasiado generoso, le puso un cargo con rango de secretario de Estado, a años luz de las ambiciones de Garzón. Sería mucho decir que el resentimiento sin tasa ni medida que albergaba el juez hacia González pudo contaminar su imparcialidad en la investigación de los GAL, que retomó nada más volver a ponerse la toga. Aunque, quién sabe.

Garzón volvió a los juzgados. Pero todavía está por abandonar la política. Ahora su carrera iba a ser internacional ya que España, estaba claro, se le había quedado pequeña. Y se lanzó sobre Pinochet y sus crímenes. Podría tener o no jurisdicción sobre el caso, o sobre la política de Kissinger, o sobre la dictadura argentina pero ¿qué importancia pueden tener esas consideraciones frente a la misión que se había echado Garzón sobre sus amplias espaldas?

Hay un oscuro pliegue del alma humana que se ha manifestado en muchas ocasiones. Los justos, los más justos, los que se saben tocados por la mano de Astrea, llegan al convencimiento de que nada de lo que puedan hacer es contrario a la ética. Y así, Baltasar Garzón ideó un negocio redondo. Intercambió unas cartas dirigidas a Emilio Botín por dinero procedente del bolsillo del banquero. Garzón sabía perfectamente quién era Botín. Es más, sus representantes visitaban su propio juzgado por un quítame allá una querella que había presentado contra él un accionista.

Quizás entonces le entró miedo. Él sólo quería financiar unos cursos que iba a impartir en Nueva York, y necesitaba ese dinero. Pero ¿y si hubiese quien no entendiese que él, Baltasar Garzón, actúa siempre desde la justicia? En previsión de que alguien quisiera encontrar en esas cartas un rastro de prevaricación, ¿es mucho pensar que quisiese buscar apoyos más allá de la política? Él es un hombre de izquierdas, ¿no podría ganarse la confianza de los suyos? Abrió una investigación de los crímenes del franquismo. En realidad, nunca investigó nada, pero él sería ya el campeón de la revancha histórica de la izquierda. Y abrió una investigación de una trama de corrupción en el Partido Popular. Él, desde luego, llegaría hasta el final. Compadreó con el ministro socialista de Justicia. Interceptó las conversaciones de los abogados de los acusados, aplicándoles una ley antiterrorista. Pero él llegaría hasta el final. Con esa hoja de servicios, ¿sería mucho pedir que la izquierda le apoyase? ¿No quedaría la investigación por las cartas a Botín como parte de un complot judicial de la derecha? Va a resultar que con tanta vocación política, Baltasar Garzón ha acabado por conocer los mecanismos de la política.

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PSOE, 1936

Excelente artículo de Salvador Sostres para “El Mundo”. Nada más que agregar.

 

PSOE, 1936

En clave interna, la tiniebla se impuso a la ignorancia y la truculencia a la frivolidad. Lo sombrío ganó a lo chabacano, Prisa a Mediapro, el felipismo al zapaterismo. Los viejos carcamales derrotaron a los jóvenes indocumentados, la artillería pesada al confeti y a lo edulcorado. Joaquín Estefanía a Ignacio Escolar. El juego sucio liquidó a la tontería y la checa barrió a la ceja. En clave interna, el socialismo español regresó ayer a sus cuarteles de invierno, con Rubalcaba como guardián del museo de lo turbio, la intriga y la calamidad.

Ahí estaba, rodeado de otros espectros como él. Txiki Benegas, uno de ellos. Cuando todavía estaba en La Moncloa, alguien le preguntó a Felipe: «Presidente, ¿no te sorprende lo que bebe Txiqui Benegas?», y González respondió: «No, me sorprende lo que aguanta». Lo que ayer sucedió en el PSOE fue exactamente esto.

Pero de cara al conjunto de los españoles, lo que tanto Rubalcaba como Chacón evidenciaron con sus discursos es que el socialismo se ha quedado sin ideas, sin proyecto. Ya no tienen nada que ofrecernos. No tienen ninguna solución porque ellos son el problema, porque el socialismo es el problema, porque la socialdemocracia es el problema, y la desesperanza, y la bancarrota, y la tragedia. Que todavía haya socialistas en España es un atraso.

Los dos candidatos, acorralados por el naufragio de su ideología y de sus políticas, recurrieron del modo más zafio y lamentable a las trincheras de 1936. Al resentimiento social sin ninguna clase de escrúpulo, a la más vergonzosa -por barata- demagogia anticlerical, a la demonización de los empresarios, al victimismo obrero, a la agitación de las más bajas pasiones en que tan cómodos se sienten. El público aplaudió con la ira del fracasado, con la rabia que genera siempre la impotencia.

La obsesión laicista apareció en ambos discursos, y hasta en la breve intervención de Griñán. Si a un socialista quieres hacerle feliz de verdad, dale una iglesia que quemar. Hay que ver qué pulsión tan obstinada. Ganó Rubalcaba por los pelos, pero da igual. Lo importante es que el socialismo español fue el gran derrotado, cautivo y desarmado. Recurrieron a todos los trucos y a todas las trampas para intentar disimular, sin éxito, que ya no pueden decirnos nada. Su programa es un mapa detallado del infierno en que estamos. Hasta aquí hemos llegado, camarada.

Los momentos más cínicos los protagonizó Rubalcaba diciendo que le encantaba la ética y que no era nada sectario. Lo más hortera fue Chacón gritando como aquellos hombres que antes paseaban por la playa vendiendo helados, coco y cacahuetes. Que casi la mitad de los delegados socialistas votaran a una mujer tan insustancial e inconsistente es tan alucinante como que la otra mitad apoyara a uno de los hombres más oscuros de España. Ser socialista era ayer una derrota asegurada.

De un PSOE instalado en las trincheras guerracivilistas podemos esperar cualquier jugarreta, y de un líder como Rubalcaba, cualquier atrocidad. Volverá el juego sucio, el peligro a la vuelta de la esquina. Lo venenoso manchará de nuevo la vida pública española. No vayas distraído, mira dos veces antes de cruzar la calle, no hables con desconocidos. Cuando Rubalcaba dice que su principal valor es la experiencia lo que en realidad quiere decir es que tiene un pasado de doble y triple fondo de armario.

Como un bicho herido que quiere morir matando, el PSOE demostró ayer que está vacío y acabado, pero que no piensa entregar las armas.

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