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14-N: cambiemos piquetes por paquetes

Los sindicatos han llamado a la huelga general para hoy.  Los mismos sindicatos que durante casi 8 años se dedicaron a darle palmaditas en la espalda al descerebrado Zapatero y sus secuaces, que hundieron la economía española en este mar de crisis económica y desesperación.

Y ahora – cuando ven que ya no pueden recibir más subvenciones millonarias por su silencio y su complicidad– tocan a rebato y pretenden erigirse en los héroes de los desposeídos.

No cuela.

Hoy no es un día para unirse a un piquete.  Hoy es un día para ir a trabajar.  Para no seguir destruyendo el aparato productivo de España.  Para no seguir engordando a estos parásitos de UGT y CCOO, sus negocios y subvenciones millonarias, sus rolex, sus mariscadas y sus cruceros de lujo.

Si tienes trabajo, cuídalo.  Y si te angustian los 5 millones de parados, los desahuciados, los que están pasándola mal, no colabores para que su número crezca.

Si quieres ayudar al parado, al hambriento, al necesitado, al sin techo, no vayas a un piquete.  Compra un paquete de arroz, un bote de salsa, un paquete de leche, un poco de fruta o algún otro alimento y acércate a Cáritas o al Banco de Alimentos.  Así ayudarás a quienes necesitan realmente una mano.

La verdadera solidaridad es la que se ejerce con el semejante.   Proteger a Toxo y a Méndez y compañía no es solidaridad, es estulticia.

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14-N

 

No hace falta agregar más.

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Y Amancio Ortega sigue sin dimitir

Reproduzco íntegro el artículo de Pablo Molina para Libertad Digital.  Tenemos una “progresía” de impresentables en España.  Haríamos más negocio poniéndolos a todos en un circo.  No se aún si de monos o payasos.

 

Y Amancio Ortega sigue sin dimitir

El dueño de Inditex ha entregado a Cáritas 20 millones de euros y los archimandritas del progresismo, con la alegre brigada del bongo cubriendo los flancos, se le ha echado encima en menos que un indignado se lía un peta. Una insigne literata ha comandado las operaciones recetándole al bueno de D. Amancio una catarata de mensajes en las redes sociales para afearle su decisión de ayudar a los pobres, aunque en su honor hay que decir que esta vez todos los textos son originales suyos. Es que la pobre tuvo por dos veces la mala suerte de que el procesador de textos le jugara sendas malas pasadas intertextualizando en sus novelas párrafos procedentes de obras de otros autores, bien a causa de un extraño virus informático, bien porque sin querer pulsó una rara combinación de teclas que hizo que su ordenador localizara textos similares en la red y los intercalara, válgame Dios, respetando las reglas de concordancia y acomodando los párrafos añadidos a las características de la trama que había desarrollado previamente. Seis mil eurazos le costó solventar las dos demandas que le interpusieron, que en justicia debería haber asumido Microsoft por la impericia de sus ingenieros en el diseño de los algoritmos copy-paste del sistema Windows.

Pero putadas informáticas al margen, lo que nuestra injustamente preterida en el Nobel de Literatura ha venido a señalar es algo que comparte el progresismo en su más amplio espectro. Los pobres son patrimonio exclusivo de los progres, que para eso los fabrican a borbotones con sus ideas, y ningún ricachón puede intentar paliar su triste destino sin obtener antes los correspondientes permisos.

Amancio Ortega ha cometido el delito de hacerse rico vendiendo batas de guatiné a domicilio hasta levantar el imperio que hoy es Inditex, el primer fabricante y distribuidor de moda a escala mundial. Como agravante, se ha atrevido a crear 90.000 puestos de trabajo, de los que casi la mitad están en España. Ha dado ocupación a decenas de miles de personas que ahora podrían estar tan ricamente viviendo del subsidio estatal y participando en asambleas para tomar el congreso con el apoyo de la literata intertextualizadora y sus colegas.

Además le ha dado el dinero a Cáritas, cuando lo que hacen los millonarios decentes –todos de izquierdas– es financiar proyectos solidarios para implementar políticas de empoderamiento y salud reproductiva entre las poblaciones indígenas sojuzgadas por el sistema capitalista. Luego aquí, en el terruño, dejan en el paro a la mitad de sus plantillas indemnizándolas con el mínimo previsto en la legislación laboral del PP; pero los ricos de izquierdas trabajan por el bien de la humanidad, y si el poder político ya no puede mantenerlos con subvenciones no es culpa de ellos, sino de la dictadura de los mercados.

Sucede que igual Amancio Ortega no se ha enterado de esta polémica, como solía ocurrir en el Kremlin cuando el editorialista del diario Arribale metía su rejonazo semanal. Así que ni va a dimitir de sus cargos, ni va a entregar Inditex a una comuna autogestionaria, ni tampoco parece que vaya a cambiar el destino de esos 20 millones entregados a la caridad de la Iglesia Católica. Una pena. Con la de abortos que podrían ser financiados y la de indemnizaciones por plagio que podrían ser atendidas gracias a semejante pastón.

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