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Zas! En toda la boca

les ha dado esta niña socialista a sus “líderes” y “lídaras” del PSOE.

Más allá del cacao mental de la muchacha (es socialista, no puede evitarlo), les da de lleno, en toda la boca:

kot-ch

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Los pajaritos de Paulino

Surrealista discurso del presidente de la Comunidad Canaria, Paulino Rivero.  Hay cosas que explican claramente por qué tienen un paro superior al 30%….

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Veletas

Donde dije “digo”, digo “Diego”.

Y pensar que nos reíamos de Zapatero….

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El experimento de Milgram

Fue alrededor de 1550, de acuerdo con las cifras habituales (unos 14 años antes del nacimiento de Shakespeare, unos 80 años antes del nacimiento de John Locke, unos 135 años antes del nacimiento de Bach), cuando un joven francés llamado Etienne de La Boetie, un joven de la edad que hoy calificaríamos como universitaria, de unos 20 años, planteó lo que Murray Rothbard describe posteriormente como “el problema central de la filosofía política”: el misterio de la obediencia civil. ¿Por qué la gente, en todo tiempo y lugar, obedece las órdenes del gobierno, que siempre constituye una pequeña minoría de la sociedad?

La Boetie, escribió Rothbard, veía que

toda tiranía debe necesariamente basarse en la aceptación popular general. En suma, la propia mayoría del pueblo, por alguna razón, acepta su propia sujeción. Si éste no fuera el caso, ninguna tiranía, ni de hecho ningún gobierno, podría durar mucho. Por tanto, un gobierno no tiene que haber sido elegido popularmente, pues el apoyo público general está en la misma naturaleza de todos los gobiernos duraderos, incluyendo las más opresivas de las tiranías. El tirano no es sino una persona y escasamente obtendría la obediencia de otra persona, mucho menos de un país entero, si la mayoría de los súbditos no le otorgan su obediencia por su propio consentimiento.

Por tanto, éste se convierte para La Boetie en el problema central de la teoría política: ¿Por qué el pueblo consiente su propia esclavitud?

Rothbard escribió este pasaje como parte de un largo y extremadamente interesante prólogo a una nueva edición del ensayo de juventud de Etienne de La Boetie sobre filosofía política. Esta nueva edición (que presentaba una traducción estadounidense moderna originalmente hecha en la década de 1940) se publicó en 1975 bajo el títuloThe Politics of Obedience: The Discourse of Voluntary Servitude. Ese mismo año, 1975, se publicó una edición rival del pequeño libro de La Boetie por parte de otro pequeño editor académico, en este caso presentando una traducción británica del siglo XVIII con el texto en francés del siglo XVI en las páginas impares. Esta edición rival se publicó bajo el título The Will to Bondage y mostraba un prólogo no tan largo pero tremendamente interesante del historiador libertario y editor James J. Martin.

Martin pensaba que sabía la respuesta a la pregunta que había dejado tan perplejo a La Boetie y ahora a Rothbard: ¿Por qué el pueblo, siempre y en todas partes, obedece las órdenes del gobierno, acepta su propia sujeción, consiente su propia esclavitud? La respuesta de Martin es que nace así. Podríamos preguntarnos, escribía, si “en el fondo todas las convicciones políticas, éticas y filosóficas” podrían no “deberse al temperamento personal y no poderse explicar por la razón”. Esta hipótesis, mantenía, “es de importancia crítica para una visión separada de este asunto de la tiranía, su persistencia y sus oponentes”. Pues

el temperamento se refiere a la genética, no a la propaganda, la educación, la persuasión psíquica o la intimidación y a una serie de fenómenos relacionados. Sigue sin probarse que haya habido alguna vez un caso de una persona temperamentalmente partidario de la tiranía que haya sido “convertido” a la tendencia opuesta o viceversa, mediante algún mecanismo conocido de arte de persuasión.

En el momento en que escribía esto, Martin había estado más de 20 años enseñando en institutos y universidades. Y su razonada opinión era que las escuelas, en particular, no persuadían a nadie de nada. “Tienen mucho éxito”, escribía, “en afianzar el sentimiento que ya existe en la gente que procesan, aunque puedan desarrollar adversarios despertando reacciones contradictorias entre quienes son temperamentalmente hostiles a lo que se ven expuestos”. Por eso “los miembros de creencias libertarias siguen estando aproximadamente en los mismos niveles año tras año en relación con el total de la comunidad, a pesar de los intentos más asombrosos en literatura, comunicación y acción para que aumenten”. La cruda realidad, insistía Martin, es que “quienes ansían las comodidades y seguridad de la subordinación superan a los ‘espíritus libres’ y no hay evidencia creíble de que esta relación vaya a cambiar ahora o en algún momento en el futuro en algún grado apreciable”.
Ésa era la postura de James J. Martin sobre los orígenes de la política de la obediencia, la voluntad de esclavitud, la voluntad de servidumbre voluntaria. Sin embargo había otras opiniones. Como sugiere la aparición simultánea en 1975 de traducciones en competencia del ensayo de filosofía política de Etienne de La Boetie, la década de 1970 fue un tiempo en que esas ideas estaban “en el aire”, un tiempo en que mucha gente se sentía atraída a considerar y discutir esas ideas.

Consideremos el caso de Stanley Milgram, el psicólogo social de la Universidad de la Ciudad de Nueva York cuyo libro Obediencia a la autoridad fue publicado en 1974. El libro era un resumen y reflexiones de Milgram sobre una serie de experimentos que había venido realizando desde 1961, cuando era un recién doctorado de Harvard en el segundo año de su primera asignación enseñante, como profesor asistente de psicología en Yale. Milgran pidió voluntarios que estuvieran dispuestos a participar en un experimento psicológico a cambio de una pequeña paga. “Cuatro dólares por una hora de tu tiempo”, de acuerdo con el anuncio reproducido en el libro de Milgram de 1974. Cuando los voluntarios llegaban al laboratorio de Milgram, se les decía que iban a participar en un estudio de cómo la memoria y el aprendizaje se veían afectados por el castigo.

Se les dijo que en el experimento desempeñarían el papel de un “maestro”. Cada uno de ellos se emparejaba con otro voluntario que hacía el papel de un “alumno”. Las reglas eran sencillas. El alumno estaba atado a una silla por un “investigador” con bata blanca y conectado a electrodos. En un cuarto adyacente, con una ventana a través de la cual el maestro y el investigador podían ver y mantener contacto visual con el alumno, el maestro leía ante al micrófono una lista de palabras agrupadas por pares. La voz del maestro era audible por el alumno mediante altavoces en las paredes del cuarto adyacente. De forma similar, la voz del alumno era oída por el maestro y el investigador a través de altavoces en las paredes de su lado del cristal.

Si el alumno repetía las parejas de palabras en el orden correcto, el experimento continuaría. Si el alumno cometía un error, el maestro administraría una descarga eléctrica al alumno por control remoto, presionando un botón en una consola de control. Cada descarga eléctrica administrada sería más fuerte que la anterior.

En algún momento, los “maestros” voluntarios descubrían que los “alumnos” voluntarios empezaban a mostrar incomodidad, luego una creciente evidencia de sentir un dolor serio cuando se administraban las descargas. No tomaba mucho tiempo hasta que los alumnos empezaban a pedir, luego a rogar, que les dejaran abandonar el experimento. Poco después empezaban a forcejear intentando escapar de las sillas en las que el experimentador les había atado. Poco después los alumnos empezaban a pedir a los maestros que les ayudaran a escapar.

Y a medida que las descargas que los experimentadores ordenaban administrar a los maestros se hacían cada vez mayores, la consola desde la que los maestros administraban esas descargas empezaba a mostrar avisos de que los voltajes seleccionados eran peligrosamente altos. Aún así, a cualquier maestro que protestara ante los experimentadores o siquiera presentara objeciones acerca de cómo debería hacerse el experimento se le ordenaba severamente por parte de los experimentadores que continuara. Los experimentadores le decían que todo estaba bien.

Y, de hecho, todo estaba bien. Los alumnos no eran realmente voluntarios, sino actores. Realmente no estaban recibiendo ninguna descarga. Pero los maestros no lo sabían. Creían que estaban infligiendo un dolor espantoso y posiblemente peligroso para la vida de los alumnos. Y la mayoría de ellos lo seguía haciendo, a pesar de las luchas y protestas de sus víctimas. Sólo uno de los 40 primeros voluntarios de Milgram rechazó infligir  más descargas más allá de lo que su tablero de mandos le decía que eran 300 voltios. Pero en ese momento, según Milgram, la “respuesta [del alumno] sólo puede describirse como un lamento agonizante. Poco después, no hacía ningún sonido”.

Aún así, todos menos uno de los primeros 40 voluntarios continuaron administrando descargas. Dos tercios de ellos, siguieron administrándolas hasta lo que sus consolas les decían que eran 400 voltios, el voltaje más alto que podía producir el equipo, a pesar de que para entonces los alumnos ya no respondían y aparentemente estaban inconscientes o muertos.

El experimento de Milgram, por supuesto, no tenía nada que ver con la memoria, el aprendizaje y el castigo. En su lugar, como explicaba en 1974, era

un experimento simple. (…) para probar cuánto daño infligiría un ciudadano corriente simplemente porque se lo ordenaba un científico experimental. La cruda autoridad se enfrentaba a los más fuertes imperativos morales del sujeto en contra de dañar a otros y, con los oídos del sujeto llenos de quejidos de las víctimas, la autoridad ganaba más a menudo que no.

Aún así, en cualquier punto del procedimiento, todo lo que tenía que hacer cualquiera de los maestros era rechazar continuar. Todo lo que tenían que hacer era levantarse e irse del laboratorio. Se parece bastante a la situación que describe Etienne de La Boetie en su ensayo sobre la política de la obediencia. Como los gobernados siempre superan en número al gobernante, escribía La Boetie, los gobernados podían liberarse en cualquier momento, “simplemente deseando ser libres”.

Era realmente así de sencillo, escribía La Boetie. En sus palabras:

Resuelve no servir más y serás inmediatamente libre. No digo que levantes tu mano contra el tirano para derribarlo, sino simplemente que no le apoyes más; luego veras como, igual que un gran Coloso cuyo pedestal ha desaparecido, cae por su propio peso y se rompe en pedazos.

¿Hubiera caído el experimentador por su propio peso y se habría roto en pedazos en el laboratorio de Staley Milgram si los maestros lo hubieran abandonado? Como dijo el propio Milgram:

la reacción inicial del lector ante el experimento puede ser la de preguntarse por qué nadie en sus cabales (…) simplemente no rechazaría hacerlo y saldría del laboratorio. Pero el hecho es que ninguno lo hizo. Como el sujeto había venido al laboratorio a ayudar al experimentador, estaba bastante dispuesto a empezar con el procedimiento. No hay nada muy extraordinario en esto, particularmente porque la persona que va a recibir las descargas parece inicialmente cooperadora, aunque algo aprensiva. Lo que sorprende es lo lejos que llegan las personas corrientes en cumplir con las instrucciones del experimentador. De hecho, los resultados del experimento son a la vez sorprendentes y desalentadores. (…)

Muchos sujetos obedecerán al experimentador sin que importe lo vehemente que ruegue la persona que recibe la descarga, sin que importe lo dolorosas que parezcan las descargas y sin que importe cuánto rueguen la víctimas salir. Esto ha pasado una y otra vez en nuestros estudios y ha sido observado en varias universidades en las que se ha repetido el experimento. Es la voluntad extrema de los adultos de ir hasta donde haga falta en obedecer a una autoridad lo que constituye el principal descubrimiento del estudio y el hecho que requiere más urgentemente una explicación.

Milgram creía que había dos explicaciones para sus resultados. Yo las llamo la explicación psicológica y la explicación sociológica. La explicación psicológica es que bajo ciertas circunstancias el individuo ordinario a la vez está dispuesto y es capaz de “verse a sí mismo como el instrumento para realizar la voluntad de otra persona”, de forma que “no se considera por tanto responsable de sus acciones”. La explicación sociológica es que bajo ciertas circunstancias la mayoría de los individuos abandona cualquier intento de pensamiento independiente y simplemente se ajustan a lo que sienten que se espera de ellos: lo que han absorbido, principalmente sin advertirlo, de la cultura en la que han crecido y viven hoy.

¿Así que cuál es la solución a este problema de la autoridad, cómo podríamos calificarlo? Hay que decir en favor de Milgram que consideraba el libertarismo como una posibilidad. Pero lo rechazaba. “Parecería”, escribe, “que el argumento anarquista del desmantelamiento universal de las instituciones políticas es una solución poderosa al problema de la autoridad. Pero los problemas del anarquismo son igualmente insolubles”. Pues

mientras que la existencia de autoridad a veces lleva a la comisión de actos despiadados e inmorales, la ausencia de autoridad hace a uno víctima de esos actos por parte de otros mejor organizados. Si los Estados Unidos abandonaran todas las formas de autoridad política, el resultado estaría muy claro. Pronto nos convertiríamos en víctimas de nuestra propia desorganización, porque las sociedades mejor organizadas inmediatamente lo percibirían y actuarían sobre las oportunidades que crea esa debilidad.

Además, sería un exceso de simplificación presentar un cuadro de un individuo noble en una continua lucha contra la malévola autoridad. La verdad evidente es que (…) por cada individuo que realiza una acción violenta a causa de la autoridad hay otro individuo al que se le impide hacerlo.

La psicóloga social libertaria Sharon Presley estudió con Milgram para su doctorado en la Universidad de la Ciudad de Nueva York en la década de 170; dice que políticamente Milgram no era un libertario, sino “un demócrata liberal que estaba a favor de las libertades civiles”.

Sin embargo, al ir más allá en la idea clave de Etienne de la Boetie acerca de la política de la autoridad, la voluntad de esclavizarse y el deseo de abrazar la servidumbre voluntaria e idear un test ingenioso sobre su influencia en el individuo ordinario, Stanley Milgran hizo una importante contribución a la tradición libertaria.

[Este artículo está transcrito del podcast  Libertarian Tradition]
Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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Lección de vida de Steve Jobs

Excelente.  Simplemente excelente e inspirador.

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Retos de la democracia en tiempos de crisis económica

Por su interés, a continuación reproducimos de manera íntegra la conferencia de José María Aznar, titulada Retos de la democracia en tiempos de crisis económica, dada ante el Congreso de Perú ayer, al ser condecorado con la Medalla de Honor en Grado de Gran Cruz, reconocimiento dado por haber sido gran impulsor de las relaciones bilaterales entre España y el Perú.:


“Señor Presidente del Congreso de la República del Perú,
Señores Congresistas,
Autoridades cívicas y militares,
Señoras y Señores,

Ante todo quiero expresar mi máximo agradecimiento y gratitud por la condecoración que he tenido el honor de recibir en este distinguido Congreso de la República de Perú. Para mí representa un enorme orgullo y satisfacción estar hoy junto a ustedes en este marco institucional que nos cobija.

Estoy encantado de estar de nuevo en Perú, y en especial en esta ciudad. Siento una gran satisfacción siempre que regreso a Lima, por todo lo que esta ciudad representa para la comunidad iberoamericana y en la historia de esta gran nación.

Se me ha invitado a hacer una reflexión sobre los retos de la Democracia en tiempos de crisis económica. No es una empresa fácil en el breve tiempo que hoy nos convoca. Pero creo que el tema está bien planteado y podré aprovechar esta ocasión para presentarles algunas ideas. Ideas sobre la democracia, e ideas acerca de cómo se pueden fortalecer los valores democráticos en esta crisis económica que hoy atraviesa el mundo. Y es la primera crisis global y económica que vivimos y tras la cual nada volverá a ser como antes.

En primer lugar quisiera destacar que el nuevo escenario internacional está marcado por tres desafíos de enorme trascendencia. Yo quiero hoy referirme a tres asuntos que son muy significativos. Que son insoslayables a la hora de realizar un análisis sobre los nuevos retos de la democracia: la gravedad de la crisis económica internacional, el papel que deben asumir los Estados, en particular, en la lucha contra la pobreza y el apoyo contundente que se le debe dar a los principios de la libertad para la modernización de nuestras naciones.

Queridos amigos,

Como todos sabemos, en el plano económico, el mundo atraviesa una crisis cuya gravedad no tiene precedentes en los últimos años.

Cuando comenzó, no faltaron aquellos nostálgicos de ideologías de antaño, que pretendieron otorgarle un certificado de defunción a las sociedades abiertas y libres.

Así, muchos personajes del mundo académico y dirigentes políticos, alentados por los indicadores de la crisis se dejaron llevar por la fatal arrogancia de pretender refundar la economía libre.

Omitían, en su sesgado análisis el dato más importante de todos. Que la libertad económica ha sido y es un potente motor de prosperidad y de creación de oportunidades. Que la libertad económica es un motor de crecimiento mucho más consistente y duradero cuando viene acompañado por la democracia y el Estado de Derecho.

El progreso obtenido en los últimos años así nos lo demuestra. En los últimos 50 años la pobreza del planeta ha disminuido más que en los 500 años anteriores. El número de pobres que viven con menos de un dólar al día ha sido reducido en quinientos millones de personas en los últimos 30 años.

Los indicadores de una mayor expectativa de vida, acceso a la salud y a la educación también son ilustrativos. De 1960 a 2005 la expectativa de vida al nacer creció un promedio de 18 años. Por su parte, la mortalidad infantil descendió de 12,2 por ciento a un 5,5. En cuanto al acceso a la educación, el analfabetismo mundial cayó del 36,6 al 17,6 por ciento. Son datos reveladores pero aún queda mucho por hacer.

Más aun, el momento de mayor expansión económica del mundo coincide con el momento de mayor expansión de la globalización y del libre comercio. Así como con la incorporación de tres mil millones de personas especialmente de la URSS a la economía libre, lejos de los fracasados proyectos totalitarios. Quiero advertir que en mi opinión cualquier retorno a políticas proteccionistas sería un error de consecuencias gravísimas. Y en particular para los países en desarrollo. Cualquier retorno a políticas proteccionistas será un error catastrófico y de eso tenemos algunos indicios para estar preocupados.

Esto es así, pero también lo es que la economía de libre mercado necesita para funcionar bien un Estado que garantice el cumplimiento de las reglas de juego; necesita seguridad jurídica; y necesita instituciones estables y buenas leyes.

Conviene recordar que la actual crisis responde más a fallos de regulación del Estado que a fallos del mercado. Por eso, estoy convencido de que para salir de esta crisis es imprescindible recuperar los principios de libertad, responsabilidad y transparencia.

Sería absurdo y contraproducente renunciar a los principios del libre mercado y de la sociedad abierta que han hecho prósperas a las naciones. Las decisiones políticas que se tomen deberán reestablecer los marcos previsibles sólidos y estables que serán los que permitan retornar a la senda de prosperidad. En esta crisis hay dos vías: la de más intervencionismo y menos libertad, o la vía de más seguridad, más libertad y más transparencia para todos. Yo recomiendo esta segunda vía.

Asimismo, la confianza es la clave en esta crisis y el papel que asuma el Estado será fundamental para recuperar la confianza. Será crucial contar con Estados fuertes y con instituciones consistentes. Un Estado que se apoye en pilares sólidos. Necesitamos Estados fuertes y no débiles.

Se necesitarán Estados eficaces y bien organizados. Bien asentados en la separación de poderes, y en una justicia independiente que brinde seguridad jurídica a sus ciudadanos. Con mecanismos de control y rendición de cuentas idóneos.

Un Estado que mediante mecanismos eficaces combata la corrupción. Un Estado con una administración y gestión solvente. Que preste especial atención al reclutamiento de sus funcionarios públicos. Que se apoye en criterios de mérito y capacidad para su selección y que forme un cuerpo de funcionarios con una estabilidad por encima de los vaivenes políticos. Cuerpos estables de servidores públicos para la gestión de servicios y la eficacia del Estado. Sin ello no se puede hablar de un Estado moderno.

Por eso, solo con un Estado moderno de estas características se podrá recobrar la confianza para que vuelva a funcionar correctamente la economía de libre mercado y el sistema financiero. De ello dependerá el éxito para disminuir los niveles de pobreza. Conviene recordar siempre que ese es nuestro gran desafío: La lucha eficaz contra la pobreza. Porque la prosperidad consiste en crear clases medias fuertes y sacar a la gente de la pobreza.

En estos momentos de crisis, me parece imprescindible recuperar y fortalecer los valores del esfuerzo, el mérito y el trabajo. Es posible hacerlo respetando siempre la libertad económica y el derecho de propiedad.

Creo que la libertad para el intercambio de bienes y servicios deberá estar garantizada a través de marcos institucionales sólidos que respondan a normas claras y establecidas de antemano.

También será necesario poner mucho énfasis en la creatividad, la innovación y el talento a través de la educación y la investigación, para hacer más competitivas a nuestras sociedades.

No todos los países saldrán a la misma velocidad ni igual de bien de esta crisis. Hay países que pensaban que la crisis no llegaría pero llegó. Las decisiones políticas que adopte cada nación determinarán si sale antes o después, y su mejor o peor posición de cara al futuro. Serán decisivos los liderazgos auténticos.

El mundo necesita más que nunca líderes que estén a la altura de las circunstancias y que sean capaces de tomar decisiones arriesgadas, acometiendo las reformas necesarias.El mundo no necesita líderes que estén pendientes de por dónde sopla el viento cada mañana.

Lideres con determinación, con valentía, con honradez intelectual. Lideres con visión estratégica, que sean capaces de formar buenos equipos, contando con los mejores y de prever escenarios a largo plazo.

En definitiva, el mundo necesita liderazgos con ideas, voluntad, perseverancia, templanza y aplomo. Y de todo esto no estamos sobrados hoy en día.

En esta ocasión, la crisis internacional impactó con mayor fuerza y antes en otras regiones del planeta que en América Latina.

Este hecho quizás pueda ser sugerente para América latina. Quizás constituya una invitación para emprender las reformas profundas que se necesitan tanto para hacerle frente a la crisis como para reducir la pobreza y obtener prosperidad.

Sin una amplia agenda de reformas será difícil salir de la crisis. El que no lo haga así y apueste por el proteccionismo pagará muy cara esa decisión.

Queridos amigos,

Es cierto que la libertad y la democracia se han asentado en el mundo en los últimos años. Sin embargo, en el contexto político y en la esfera de la seguridad atravesamos un escenario internacional complejo. Y la democracia se ve ante nuevos desafíos.

La democracia es la mejor forma de organización de las sociedades. Aquella forma en que la libertad es un bien supremo. En la que el papel primordial que debe asumir el Estado es garantizar los derechos y las libertades de las personas para que las personas puedan desarrollar sus sueños, deseos y preferencias dentro de la ley.

No hay democracia sin libertad ni libertad sin democracia. Y sin libertad es imposible pensar en el pluralismo, la justicia y la igualdad. Estos valores son claves para la construcción de un verdadero sistema democrático. El Estado de Derecho, la separación y el equilibrio de poderes, la primacía de la ley y la igualdad ante ella, la igualdad entre el hombre y la mujer y el respeto por los derechos y libertades individuales son los principios que vertebran la democracia.

La democracia debe prevalecer por sobre quienes rechazan el valor de la libertad. Debe prevalecer por sobre los que pretenden dictar y planificar el proyecto vital de las personas. Porque confeccionar el destino de las personas siguiendo los dictados de una ideología dogmática u obedeciendo a las imposturas del fanatismo religioso colisiona con la democracia.

Uno de los grandes desafíos de los países democráticos será el unirse y trabajar mancomunadamente para que se asienten la libertad, la justicia y los valores que dan contenido a la democracia.

Las instituciones del Perú y su firme compromiso con los valores democráticos constituyen una clara muestra de que este esfuerzo merece la pena.

Creo que la edificación del mundo libre y democrático nos ha costado siglos de marchas y contramarchas. Una civilización que ha sido enriquecida por sucesivas aportaciones.

La gran aportación de Grecia y Roma, la tradición judeocristiana, el renacimiento y la economía de mercado. Y también, el fértil mestizaje, fruto de la herencia de esta historia de 500 años compartida, que tenemos los iberoamericanos a las dos orillas del atlántico. Toda esta tradición es la que ha creado las Repúblicas modernas de América Latina.

La democracia del Perú constituye una pieza clave en este proceso porque es un gran país de la comunidad Iberoamericana. Una República que adhiere a los principios y valores de las naciones democráticas modernas.

Queridos amigos,

Ante este escenario que he intentado describir a través de unas breves pinceladas, tengo la profunda convicción hoy más que nunca, que esta región del planeta no debe ser olvidada.

América Latina es parte sustancial del mundo que se basa en la democracia, la dignidad de las personas y las libertades. América Latina debe estar en la agenda global como tema prioritario.

Debemos lograr la incardinación de la región en el panorama mundial. No sólo porque los países que la conforman son miembros de pleno derecho, tanto por historia, por cultura como por tradición, sino también por la trascendencia geopolítica que esta incorporación conlleva.

Lamentablemente, no todo el mundo piensa igual en este tema. Hay quienes están trabajando para alejar a Iberoamérica de su matriz occidental y diseñar sociedades sin libertades, divididas y cerradas.

Yo no creo en el populismo ni en la política que hacen personas para vaciar la democracia de contenido y para perpetuarse en el poder.

Durante el transcurso de los años 2006 y 2007, la Fundación que presido, la fundación Faes, elaboró el informe estratégico titulado “América Latina: Una Agenda de Libertad”.

Las ideas contenidas en ese informe siguen vigentes. Planteábamos que los países de América Latina se encontraban frente a la encrucijada de elegir entre dos caminos.

Uno era el camino de los países que tienen éxito, el de la apertura al mundo, el de la Democracia y el respeto por las libertades individuales. Un camino de éxito para combatir la pobreza y generar prosperidad.

La democracia peruana nos ha dado una muestra de su decisión y compromiso con los valores democráticos, con el Estado de Derecho y con la agenda de la libertad.

Es un país que ha apostado por el sendero de la modernización y de la apertura al mundo. El crecimiento logrado en los últimos años así lo demuestra.

Seguramente habrá quienes quieran cuestionar el camino emprendido. Por ello, es necesario más que nunca, que el coraje político, la amplitud de miras, el sentido de la responsabilidad, el diálogo y el consenso se hagan presentes para que las reformas sean estructurales y a largo plazo. No unas reformas de sólo hoy para hoy y mañana, si te he visto no me acuerdo. Con ello, el crecimiento no será efímero y se podrá hacer frente a la crisis con mayor resistencia.

También servirá para que los demás países libres y abiertos ayuden y puedan demostrar que aquel país que se compromete con la integración y las buenas reformas no está solo. En el mundo de hoy, el que está solo está inevitablemente condenado al fracaso.

Afortunadamente, hay una agenda política activa en América Latina: la agenda de la libertad. Es la agenda de la democracia y el respeto por los derechos humanos, la de las libertades individuales y la dignidad de la persona.

La del imperio de la ley, las instituciones democráticas sólidas, el pluralismo político y la separación de poderes. La del respeto a la libertad de expresión, la integración, la educación y la apertura al mundo. En definitiva, una agenda política al servicio del gran desafío de la democracia: la lucha contra la pobreza.

La democracia del Perú y sus instituciones se erigen como ejemplo de adhesión a estos postulados.

Queridos amigos,

Creo que es fundamental impulsar una mayor integración intercontinental en América Latina. Una integración abierta al mundo. Creo que la apertura comercial favorecerá a los países de América Latina.

La educación es sinónimo de progreso. Por ello, otro punto relevante para impulsar una mayor integración es fomentar la educación. En concreto, emprendiendo un programa de intercambio de alumnos y profesores similar al Erasmus europeo para América Latina.

En una Región donde las afinidades históricas, culturales, legales y lingüísticas son tan profundas no deberían existir obstáculos para desarrollar un ambicioso programa de intercambio de alumnos y profesores universitarios.

Invertir en talento, creatividad y conocimiento es sumamente importante. Si además el esfuerzo viene acompañado con políticas que motivan la movilidad y la integración, el progreso de las sociedades se incrementa de manera notoria.

Estos temas son claves en la lucha contra la pobreza en la región. Porque la educación y la integración son claves para combatir la pobreza y generar crecimiento. Y porque la pobreza y la marginalidad constituyen un peligroso caldo de cultivo para tendencias autoritarias.

Creo, que la celebración de los bicentenarios también representa una enorme oportunidad para la comunidad Iberoamericana. La independencia de las Repúblicas de América Latina y lo sucedido en las Cortes de Cádiz en 1812, en España, nos demuestra que el salto hacia los valores de la libertad fue realizado de manera conjunta a las dos orillas del atlántico.

La celebración de los bicentenarios representa una oportunidad para que el camino de la modernidad los iberoamericanos lo podemos seguir transitando juntos dos siglos después.

Queridos amigos,

Muchos son los temas relevantes para América latina: el apoyo incondicional a las democracias, la ratificación de acuerdos de libre Comercio, la ayuda eficaz en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado.

El respaldo financiero para programas que favorezcan la integración, educación y el fortalecimiento institucional son también grandes retos que tienen las naciones democráticas con América Latina.

De ello dependerá el anclaje definitivo de los países de América Latina en la vanguardia de las naciones y en la senda de la modernización.

Sólo el tiempo nos revelará si se toma conciencia de la importancia geopolítica que estas decisiones conllevan y si se tiene la suficiente sagacidad y amplitud de miras como para incluirlos como temas prioritarios en la agenda global.

Confío en que vamos a tener éxito, en que superaremos la crisis, y que con mucho esfuerzo, tesón y trabajo, la voluntad de los demócratas que creemos en un mundo libre se abrirá camino como tantas otras veces, frente a los obstáculos que se interpongan en nuestro camino.

Tengo esperanza en América Latina y especialmente tengo confianza en el futuro del Perú.

Además confío en que el compromiso y la ayuda de España estarán presentes en este esfuerzo que está realizando la democracia peruana. Por muchas dificultades que tengamos enfrente, los valores de democracia y libertad que llevan a las sociedades por el camino de la modernidad prevalecerán.

Ese es el camino que han elegido los peruanos y que con perseverancia y esfuerzo está haciendo de esta gran nación una referencia de libertad y progreso para toda Iberoamérica.

Muchas gracias.”

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