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A 20 años de la partida de Hayek

Friedrich A. von Hayek (1899-1992)

Por Peter Boettke

Es probable que Friedrich A. Hayek fuera el más prodigioso erudito clásico liberal del siglo XX. Aunque su premio Nobel de 1974 fue en economia, sus trabajos académicos se extienden mucho más allá de esta ciencia. Publicó 130 artículos y 25 libros que abarcan desde la economía técnica hasta la psicología teórica, desde la filosofía política hasta la antropología legal y desde la filosofía de la ciencia hasta la historia de las ideas. Hayek no era un simple aficionado, era un verdadero experto en cada uno de estos campos. Hizo importantes contribuciones a nuestra comprensíon en, por lo menos, tres campos diferentes de la intervención gubernamental, del cálculo económico bajo el socialismo y del desarrollo de la estructura social. No es probable que volvamos a ver a un académico de tan amplio dominio en las ciencias humanas.

Hayek nació en Viena en una familia de intelectuales el 8 de mayo de 1899. Obtuvo doctorados de la Universidad de Viena (1921 y 1923). Durante los primeros años del siglo XX. las teorías de Escuela Austriaca de Economía, iniciada por los Principios de Economía de Menger (1871), fueron gradualmente refinados y redefinidos por Eugenio Boehm Bawerk, por su cuñado Fridrich Wieser y por Ludwig Von Mises. Cuando Hayek matriculó en la Universidad de Viena asistió a algunas clases de Mises pero encontró que las posiciones antisocialistas de Mises eran demasiado tajantes para su gusto. Wieser, por su parte, era un socialista fabiano cuyo enfoque le resultaba entonces más atractivo, y Hayek se convirtió en su discípulo. Irónicamente, fue Mises, a través de su devastadora crítica del socialismo publicada en 1922, el que alejó a Hayek del socialismo fabiano.

La mejor forma de comprender la vasta contribución de Hayek a la economía y al liberalismo clásico es verla a la luz del programa para el estudio de la cooperación social establecido por Mises. Mises, el gran constructor de sistemas, le proporcionó a Hayek el programa de investigación. Hayek se convirtió en el gran analista. El trabajo de su vida se comprende mejor como un esfurzo por hacer explícito lo lo que Mises había dejado implícito, por reafirmar lo que Mises había esbozado y por responder las interrogantes que Mises había dejado sin respuesta. De Mises, Hayek dijo: “No hay ningún otro hombre al que le deba más intelectualmente”. La conexión con Mises se hace más evidente en sus trabajos sobre los problemas del socialismo. Pero la originalidad de Hayek, derivada del análisis del socialismo, permean todo el cuerpo de su obra, desde de los ciclos de los negocios hasta el origen de la cooperación social.

Hayk no conoció a Mises cuando asistía a la Universidad de Viena. Se lo presentaron después de haberse graduado a través de una carta de su profesor, Wieser. Fue entonces cuando comenzó la colaboración Hayek Mises. Durante cinco años, Hayek trabajó bajo Mises en una oficina del gobierno. En 1927, se convirtió en el Director del Instituto para la Investigación del Ciclo Económico, que él y Mises habían organizado. El Instituto estaba dedicado al examen teórico y práctico de los ciclos económicos.

Elaborando sobre la Teoría del Dinero y el Crédito (1912) de Mises, Hayek refinó tanto la comprensión técnica de la coordinación del capital como los detalles institucionales de la política crediticia. Siguieron estudios seminales sobre teoría monetaria y los ciclos comerciales. El primer libro de Hayek, Teoría Monetaria y el Ciclo Comercial (1929) analizó los efectos de la expansión del crédito en la estructura del capital de una economía.

La publicación del libro promovió una invitación de Lionel Robbins para que Hayek diera conferencias en la Escuela de Economía de Londres. Sus conferencias fueron publicadas en un segundo libro titulado “La Teoría Austriaca del Ciclo Comercial”, Precios y Producción (1931), que fue citada por la comisión del premio Nobel en 1974.

Las conferencias de Hayek (1930 31) en la Escuela de Londres se hicieron tan famosas que fue vuelto a llamar a la prestigiosa Universidad de Londres y nombrado Profesor Tooke de Ciencia Económica y Estadística. A los 32 años, Hayek había alcanzado el pináculo de la carrera de economista.

La teoría Mises-Hayek sobre el ciclo comercial explicaba el “cúmulo de errores” que caracteriza al ciclo. La expansión del crédito, posibilitada por una baja artificial de las tasas de interés, engañaba a los empresarios: se les hace creer en empresas que de otra forma no hubieran parecido rentables. La falsa señal generada por la expansión del crédito conduce a que los actores económicos malcoordinen los planes de producción y de consumo. Esta malcoordinación se manifiesta primeramente en un “boom” y posterioremnte en “una quiebra” en lo que patrón temporal de la producción se ajusta el patrón real de los ahorros y el consumo en la economía.

Hayek versus Keynes

Poco después de su llegada a Londres, Hayek entró en una polémica con John Maynard Keynes. Keynes, un destacado miembro del servicio civil británico que estaba trabajando entonces para el Comité de Finanzas e Industria del gobierno, era el autor de importantes libros de economía. El debate Hayek Keynes fue quizás el más importante sobre economía monetaria que se haya dado del siglo XX. Comenzando con su su ensayo “El Fin del Laissez Faire” (1926), Keynes presentó sus demanda de intervencionismo en el lenguaje de un liberalismo pragmático clásico. Fue así que Keynes fue aclamado como “el salvador del capitalismo”, en vez de ser reconocido como lo que era: un defensor de la inflación y de la intervención gubernamental.

Hayek detectó el problema fundamental que adolecían en las concepciones económicas de Keynes: su incapacidad para comprender el papel que juegan las tasas de interés y la estructura del capital en una economía de mercado. Debido a su infortunado hábito de utilizar categorías colectivas, Keynes no pudo abordar estos problemas adecuadamente en su “Un Tratado sobre el Dinero” (1930). Hayek señaló que las categorías colectivas de Keynes distraían a los economistas y nos le dejaban examinar cómo la estructura industrial de la economía emergía de las opciones económicas de los individuos.

Keynes reaccionó con acritud a las críticas de Hayek. Primero respondió atacando “Pecios y Producción”, de Hayek. Luego alegó que ya no creía en lo que había escrito en “Un Tratado sobre el Dinero” y volvió su atención a la redacción de otro libro:”La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero” (1936) que, con el tiempo, se convirtió en el libro más influyente del siglo XX en materia de política económica.

Más bien que tratar de criticar directamente lo que Keynes había presentado en su Teoría General, Hayek volvió sus considerables talentos a refinar la teoría del capital. Estaba convencido de que el punto esencial que había que trasmitir a Keynes y al resto de los economista en relación a la política monetaria radicaba en la teoría del capital. Presentó su tesis en “La Teoría Pura del Capital” (1941), el libro más técnico que escribiera nunca. Y, pese a la razón que pudiera haber tenido, resultó la menos influyente de sus obras. Para fines de los años 30, el tipo de economía de Keynes estaba en pleno ascenso. A los ojos del público, Keynes había derrotado a Hayek. Este perdió relevancia como economista y entre los estudiantes.

Durante este tiempo, Hayek también estuvo implicado en otro gran debate económico sobre el cálculo económico en el socialismo. La polémica fue disparado por un artículo de Mises en 1920 donde afirmaba que el socialismo era técnicamente imposible puesto que no podría disponer de los precios del mercado. Mises había refinado su argumento en “Socialismo: Un análisis Económico y Sociológico”, el libro cuya aparición, en 1922, había impresionado profundamente al joven Hayek. Hayek desarrolló el argumento de Mises en varios artículos durante los años 30. En 1935, reunió una serie de ensayos sobre los problemas de la organización económica socialista en “La Planificación Económica Colectivista”. Otros ensayos de Hayek sobre los problemas del socialismo y específicamente sobre el modelo de “socialismo de mercado” elaborado por Oskar Lange y Abba Lerner, en un intento por refutar a Mises y Hayek, fueron reunidos posteriormente en “Individualismo y Orden Económico” (1948).

Nuevamente, los economistas y la comunidad intelectual en general no apreciaron las criticas de Hayek. ¿Acaso no le había dado al hombre la ciencia moderna la posibilidad de controlar y diseñar la sociedad según las reglas morales de su elección? Se suponía que la sociedad planificada bajo el socialismo no sólo fuera tan eficiente eocmo el capitalismo (especialmente en vista de la anarquía que supuestamente generaba el capitalismo con sus ciclos económicos y su poder monopolista), sino que, con su promesa de justicia social, también fuera mas justa. Y, por otra parte, se consideraba la ola del futuro. Se decía que sólo un reaccionario podía querer resistir la marcha inevitable de la historia. No sólo Hayek parecía estar perdiendo la polémica económica con Keynes sobre las causas de los ciclos económicos sino que, teniendo en cuenta el ascenso de la marea mundial del socialismo, su perspectiva filosófica general era crecientemente considerada con una vesión primitiva del liberalismo.

El Camino de la Servidumbre

Hayek, sin embargo, siguió refinando la argumentación a favor de una sociedad liberal. Los problemas del socialimos que había observado en la Alemania nazi y que vió comenzar en Gran Bretaña lo llevaron a escribir El Camino de la Servidumbre (1944). Este libro obliga a los defensores del socialismo a confrontar un problema adicional, más allá del puramente técnico. Si el socialsimo requiere la sustitución del mercado por un plan central, entonces, apuntó Hayek, habrá que establecer una institución que sea responsable por la formulación del plan. Hayek la llamó la Junta Planificadora Central. Para implemntar el plan y para controlar los recursos, la Junta tendría que ejercer amplios poderes discrecionales en los asuntos económicos. Con todo, la Junta Planificadora Central en una sociedad socialista no tendría los precios del mercado como guía. No tendría forma de saber cuáles posibilidades productivas eran económicamente posibles. La ausencia de un sistema de precios, dijo Hayek, demostraría ser el talón de Aquiles del socialismo.

En El Camino de la Servidumbre, Hayek alegó que había buenas razones para sospechar que los que ascendieran a la cumbre de un régimen socialista serían aquellos que tuvieran una ventaja comparativa en el ejercicio de poderes discrecionales y estuvieron dispuestos a tomar decisiones desagradables. Y es inevitable que estos hombres poderosos dirigieran el sistema en su propio beneficio.

Por supuesto, Hayek tuvo razón tanto el problema económico como en el político del socialismo. El siglo XX está lleno con la sangre de las victimas inocnetes de los experimentos socialistas. Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot y muchos tiranos menores han cometido crímenes horribles contra la humanidad en nombre de alguna variante del scialismo. El totalitarismo no es un accidente histórico que sólo emerge debido a mala elección de dirigentes en un régimen socialista. Hayek muestra que el socialismo es el resultado lógico del ordenamiento institucional de la planificación socialsita.

Tras la derrota de su crítica de Keynes en el foro público y la controversia que surgió sobre el cálculo económico en el socialismo, Hayek se alejó de los problemas técnicos de la economía y se concentró en la reformulación de los principios de liberalismo clásico. Hayek había señalado la necesidad de los precios de mercado com trasmisores de una información económica dispera. Mostró que los intentos de reemplazar o controlar el mercado llevaban a un problema de conocimeinto. Hayek también describió el problema totalitario asociado con la ubicación de poder discrecinal en las manos de unos pocos. Esto lo llevó a examinar los prejuicios intelectuales que ciegan al hombre y le impiden ver los problemas de la planificación económica gubernamental.

Durante los años 40, Hayek publicó una serie de ensayos en periódicos profesionales examiando las tendencias filosóficas dominantes que habían prejuiciado a los intelectuales de una forma tal que nos permitía reconocer los problemas sistémicos que confrontarían os planificadores económicos. Ests ensayos fueron posteriormente recopilados y publicados como “La Contrarrevolución de la Ciencia” (1952). La Contrarrevolución, quizás el mejor libro de Hayek, suministra una detallada historia intelectual del “racionalismo constructivista” y del problema del “cientificismo” en las ciencias sociales. Es en este trabajo donde Hayek articula su versión del proyecto de la Ilustración Escocesa de David Hume y Adam Smith de utilizar la razón para ensenar modestia a la razón. La civilización moderna no estaba amenazada por brutales ignorantes empecinados en destruir el mundo, sino más bien, por el abuso de la razón, emprendida por el racionalismo constructivista en su intento de diseñar conscientemente el mundo moderno.

En 1950, Hayek se trasladó a la Universidad de Chicago, donde enseño hasta 1962 en la Comisión de Pensamiento Social. Mientras estuvo allí, escribió “La Constitución de la Libertad (1960). Este trabajo representa el primer tratado sistemático de Hayek sobre la economía clásica liberal.

En 1962, Hayek se trasladó a Alemania, donde había obtenido una posición en la Universidad de Freiburg. Allí incrementó sus esfuerzos por analizar el ordenamiento “espontáneo” de la actividad social y económica. Hayek se dispuso a reconstruir la teoría social del liberalismo y suministrar una visión de cooperación social entre hombres libres.

Con este estudio en tres volúmenes,”Ley, Legislación y Libertad” (1973 1979) y “La Arrogancia Fatal” (1988), Hayek extendió su análisis de la sociedad al examen de la emergencia “espontánea” de las reglas legales y morales. Su teoría legal y política enfatizaba que el imperio de la ley era el fundamento necesario de la coexistencia pacífica. Contrastaba la tradición del common law con la de la ley estatutaria, por ejemplo, los decretos legislativos. Mostró que la common law, el derecho consetudinario, emerge, caso por caso, en lo que los jueces aplican a los casos particulares las reglas generales que son, en si mismas, producto de la evolución cultural. De esa forma explica que inserto en el derecho consutudinario hay un conocimiento conquistado a través de una larga historia de ensayos y errores. Esto lo llevó a la conclusión de que la ley, como el mercado, es un orden “espontáneo” producto de la acción de los hombres pero no de ningún plan de ellos.

El trabajo de Hayek sobre economía técnica y filosofía legal así como la metodología de las ciencias sociales ha atraído un gran interés entre los estudiosos de, por lo menos, las últimas dos generaciones. Y el interés en su obra está creciendo. Su vasta contribución a la economía y al liberalismo clásico vivirá en el programa de investigaciones que ha legado a futuras generaciones de estudiosos.

Friedrich Hayek vivió una vida larga y fructífera. Tuvo que soportar las consecuencias de haber alcanzado la fama desde joven para luego ver esa fama ridiculizada cuando keynesianos y socialistas conquistaron la hegemonía cultural. Afortunadamnbete, vivió lo suficiente como ver reconocido nuevamente su enorme intelecto. Tanto los keynesianos como los socialistas fueron aplastantemente derrotados por los acontecimientos y por la poderosa verdad de su obra. El liberalismo clásico es nuevamente un cuerpo vibrante de pensamiento. La economía austríaca ha reemergido como una gran escuela del pensamiento económico, y jóvenes estudiosos de la ley, la historia, la economía, la politica y la filosofía están estudiando sus grandes temas. Podremos lamentar la pérdida de este gran campeón del liberalismo pero, al mismo tiempo, podemos regocijarnos de que F.A.Hayek dejara una herencia tan fructífera y brillante.

Un gran estudioso no se define por las respuestas que da sino por las interrogantes que promueve. Sucesivas generaciones de intelectuales y activistas políticos de todo el mundo estarán estudiando durante mucho tiempo las grandes cuestiones planteada por este maestro.

Peter Boettke es profesor de Economía de la George Mason University, Director del Centro de Economía Política “James M. Buchanan” e investigador senior del Mercatus Center. También es miembro del Consejo Consultivo de FEE.

Traducción al español del artículo publicado en The Freeman, Vol. 42, No. 8 (August 1992).

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Evolución del homo economicus

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Los austriacos tenían razón, otra vez

Jeffrey Tucker

Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 4 de agosto de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5512.

Después de más de tres años de confusión, se ha llegado finalmente a un consenso en que estamos de nuevo en recesión. No se está creciendo. El exiguo crecimiento estadístico de los pasados años (nadie se atrevió a afirmar que produjera una recuperación total) era probablemente una ilusión.

Hay crecimiento real y hay estadísticas del gobierno. Las estadísticas han equivocado a los ingenuos, pero ahora la verdad es evidente para todos. No solo eso: afrontamos una calamidad de deuda imposible, el sector bancario es un zombi, los mercados laborales están parados, el sistema está inundado de recursos mal valorados, la vivienda sigue siendo un lío y no hay otro sitio a donde ir que no sea abajo, abajo, abajo.


La QE1 y la QE2, más increíbles esfuerzos de estímulo regulatorio, más océanos de dinero falso creados por Ben Bernanke, más tipos de interés a nivel del mar no han hecho nada salvo daño. Las oportunidades económicas se han cerrado para toda una generación. La libre empresa (y por tanto, toda la prosperidad) está luchando por su propia vida.

Todo esto se debe a la única cosa en la que Bush, Obama, los republicanos, los demócratas y todos los grandes medios de comunicación existentes están de acuerdo en que era lo que era correcto hacer: corregir las tendencias del mercado, estabilizar y luego estimular la macroeconomía. Una palabra: fracaso.

 

¿Sorprendidos? No deberían estarlo. Los austriacos tenían razón todo el tiempo. No era un truco de magia. Los austriacos sabían que todos estos esfuerzos eran peligrosos y destructivos. Después de todo, este sinsentido keynesiano se ha probado muchas veces y ha fracasado en todas. Y hay razones concretas: el gasto público drena el capital de reserva, las nacionalizaciones impulsan las ineficiencias y la creación de dinero distorsiona la realidad y dificulta la recuperación.

No hace falta ser adivino para entender que todos estos efectos no funcionarán en alcanzar sus objetivos declarados. Todo lo que hacen es potenciar el estado y sus amigos a nuestra costa. Quiero decir, quiero simpatizar con quienes fueron engañados (y conceder la mejor de las intenciones a quienes favorecieron una política estúpida), pero es realmente duro.

Tal vez fuera posible equivocarse en 1932, pero, realmente, los observadores más atentos deberían haber aprendido ya en 1936. ¿Pero desde entonces ir ronda tras ronda de estímulo fallido y aún no entenderlo? Increíble. Como ha demostrado Bob Higgs, no salimos de la Gran Depresión hasta que el gobierno no dejó de tratar de estimular la economía.

Tenemos ahora otra oportunidad más de decirlo. Escuchen y aprendan: los austriacos fueron los únicos que parecen haber anticipado no solo el declive sino asimismo el fracaso del estímulo. Puedo dar solo una pequeña muestra de los primeros cinco meses de la crisis de 2008:

Está “Is Deleveraging Bad for the Economy?”, de Frank Shostak el 20 de agosto de 2008:

Es (…) inútil reclamar a los bancos que presten más si no hay ahorro real. Igualmente, no tiene mucho sentido sugerir que la Fed pueda reemplazar de algún modo ahorros reales inexistentes (…) imprimiendo más dinero. (También es un ejercicio de inutilidad aumentar el gasto público para arreglar el problema. Después de todo, si un gobierno gasta más, significa que a otro le quedarán menos recursos). Todo lo que conseguirá añadir más dinero a la economía es debilitar a los generadores de riqueza y por tanto reducir la oferta futura de ahorro real y debilitar el futuro crecimiento económico real”.

Está “Henry Hazlitt on the Bailout”, de Scott Kjar, el 15 de octubre de 2008:

El argumento de que el gobierno está de alguna forma inyectando nuevo capital en el mercado es absurdo. El gobierno está realmente tomando dinero de los mercados de capitales que posteriormente se inyecta en los mercados de capitales. No hay una fuente adicional de financiación, sólo hay un desvío de fondos de actividad más productivas a actividades menos productivas, con el gobierno actuando como intermediario.

Así que cuando Henry Paulson argumenta que es necesario inyectar dinero en los mercados del crédito para impedir que se paralicen, no se preocupa de darse cuenta de que el dinero que inyecta en los mercados del crédito viene directamente de los mismísimos mercados del crédito. Está haciendo poco más que reordenar las sillas de cubierta en el Titanic.

Kevin Duffy daba en el blanco con su “Looting the Responsible” del 8 de octubre de 2008:

El gobierno no tiene recursos propios, ni elfos trabajando horas extras para producir algo de valor, solo promotores que adoptan la economía de Papá Noel. Solo puede transferir riqueza de un grupo a otro (quedándose con una tasa de transacción nominal en el proceso). El actual (…) paquete de rescate de 700.000 800.000 millones de dólares no es nada más que un saqueo a los responsables y productivos por parte de los pródigos y derrochadores. Llámenlo darwinismo invertido: la supervivencia de los menos dotados. (…)

Hacer una transfusión de más sangre del productivo parasitado al parásito no hace a largo plazo más sano a ninguno de los dos. Para que la economía y el país empiecen a curarse, necesitamos capital, credibilidad y autoridad para ir de los derrochadores a los productivos. Como es previsible, la élite en el poder intenta conseguir exactamente lo contrario.

Consideremos “Bailout Blame Game” de Christopher Westley, el 7 de octubre de 2008:

Como estudioso de la Depresión, sé que l Congreso y el ejecutivo pueden hacer mucho daño antes de que llegue el largo plazo y realmente pueden retrasar su llegada indefinidamente. ¿Atacarán al Presidente Obama los conservadores que apoyaron esta legislación dentro de dos o tres años, en el caso de que la economía evolucione hacia una repetición de la década de 1970, gracias en buena parte al intento del gobierno de anticiparse a las fuerzas del mercado en las últimas dos semanas? Parece probable. Nuestros problemas actuales derivan de la inyección de crédito en el pasado. Pensar que esa inyección hoy no tendría el mismo efecto en el futuro es desafiar cosas molestas como las leyes naturales y económicas.

Comentarios dolorosos de “The Rescue Package Will Delay Recovery” Frank Shostak, el 29 de septiembre de 2008:

Es verdad que el sistema financiero debe ser rescatado: debe ser rescatado de las instituciones que tienen malas deudas que están drenando actualmente el capital mientras esperan un rescate y añaden poca cosa a cambio. Son ellas las que impiden que las actividades generadoras de riqueza extiendan la riqueza real en el sector financiero y las demás partes de la economía. (…)

El paquete del gobierno no va a rescatar la economía, sino que rescatará actividades que la economía no puede permitirse y que los consumidores no quieren. Sostendrá el despilfarro y promoverá la ineficiencia, drenando recursos al crecimiento y la eficiencia.

De Doug French, tenemos “History Is Clear”, publicado el 13 de noviembre de 2008:

¿Sorprende que el plan del Secretario del Tesoro Henry Paulson se haya transformado en el gobierno federal tomando participaciones en bancos, compañías hipotecarias y al menos una empresa aseguradora? (…) Pero la historia es clara: más dinero no resolverá esta crisis, un retorno a una moneda más fuerte lo haría.

Consumers Don’t Cause Recessions”, de Robert Murphy, abría en canal la teoría de Krugman el 11 de noviembre de 2008:

Robert Murphy

Cuando la recesión es el resultado de un auge artificial inducido por el banco central (como el recienteauge inmobiliario), el declive es un periodo de reajuste, cuando los recursos mal asignados se redirigen a líneas más apropiadas, coherentes con las preferencias del consumidor y las realidades tecnológicas. Cuando el gobierno se entromete y trata de impedir este reajuste, simplemente mantiene un despliegue insostenible de recursos escasos.

Y de nuevo Murphy en “Markets Need Time, Not More Poison”, el 6 de noviembre de 2008:

La crisis actual da miedo, pero solo porque nadie sabe que nuevo plan descabellado presentará el gobierno al día siguiente. Los recursos se invirtieron inapropiadamente durante el auge inmobiliario y la economía necesita tiempo para curarse. No hay manera de evitar este hecho.

Thorstein Polleit ha sido implacable a lo largo de esta crisis, como demuestra el ejemplo de “Confidence Is Leaving the Fiat Money System”, publicado el 10 de octubre de 2008.

Al rebajar artificialmente el tipo de interés a través de la expansión del crédito, los bancos centrales inducen los ciclos de auge y caída inducidos por la inflación, que llevan a niveles insostenibles de deuda. En todos los países occidentales los niveles generales de deuda en porcentaje del PIB han aumentado fuertemente en décadas recientes.

Siempre que los mercados financieros intenten acabar con el desastroso proceso mediante, por ejemplo, un declive en la actividad económica, los gobiernos y los bancos centrales harán todo lo que haga falta para mantener en marcha el sistema de dinero fiduciario: rebajar los tipos de interés aumentando la expansión del crédito y aumentando la oferta monetaria.

En la situación actual, sin embargo, la capacidad de los bancos de seguir expandiendo el crédito y la oferta monetaria se ha visto enormemente disminuida: las pérdidas contable y (debido a la menguante confianza en el sistema) las pérdidas en pagos probablemente erosionen más el capital patrimonial de los bancos en el futuro.

Don’t Bail Them Out”, de Llewellyn Rockwell, el 10 de septiembre de 2008:

El gobierno debería eliminarse completamente del trayecto de la acción y dejar que el mercado reevalúe los valores de los recursos. Eso significa quiebras, sí. Eso significa cierres de bancos, sí. Pero éstas son parte del sistema capitalista. Son parte de la economía de libre mercado. Lo que es lamentable no es el proceso de reajuste, sino que el proceso tenga que ser necesario por las intervenciones precedentes. (…)

Necesitamos que el mercado maneje todo el proceso, pase lo que pase. Garantizo que esta solución es mejor que crear otro billón o así para rescatar a empresas en quiebra.

Should the Crisis Shake Our Faith in the Market?”, de Art Carden, el 29 de diciembre de 2008:

El aclamado ministro Adrian Rogers dijo una vez que no puedes multiplicar la riqueza dividiéndola. Tratar de extender la riqueza a través de un plan de impuestos y redistribución no producirá prosperidad. Sólo hará compartir miseria (aunque tal vez más equitativamente). La solución es seguir reformas más orientadas al mercado que eliminen obstáculos a los emprendedores. Como sugieren la teoría y las evidencias, las reformas orientadas al mercado no son iniciativas basadas en la fe. Son nuestra única esperanza a largo plazo.

Hay cientos, incluso miles, de estos artículos y declaraciones desde 2008 hasta el presente. Aparecen cada pocos días y el mensaje es el mismo: Esto no va a funcionar. Sus brotes verdes son una ilusión. No habrá estímulo. Dejemos que se liquide el mercado. El gobierno debería dejar de saquear la economía privada. La Fed debería detener la creación de dinero. No más rescates. Dejemos que suban los tipos de interés. Dejemos que quiebren los bancos. Sobre todo: ¡dejemos de luchar contra el mercado! Solo entonces podremos tener una recuperación sólida.

Y así estamos en este momento posterior, más pobres que antes, sin ninguna esperanza a la vista para la economía real (el mundo digital parece silbar alegremente).

¿Por qué hay quien continúa tomando en serio a Krugman y compañía? En realidad, ¿alguien toma en serios a quienes nos advirtieron que salvo que siguieron el plan keynesiano, el mundo se acabaría y perderíamos una oportunidad de una gloriosa recuperación? No es solo el New York Times, son también el Wall Street Journal y toda la prensa financiera los que continúan embelesados con los absurdos de la teoría keynesiana.

Reprochémoselo un poco más: Los austriacos también teníamos razón en que el auge antes de 2008 era insostenible. Ver “The Bailout Reader”. No nos divierte tener razón en esto. Es realmente triste que cualquier observador informado de los acontecimientos no se dé cuenta, a la vista de la observación de la experiencia y el sentido común, de que el gobierno no puede hacer aparecer la prosperidad por muchas danzas kabuki que hagan los funcionarios del Tesoro.

En el equipo ganador están quienes comprenden la economía sensata. En el perdedor están quienes siguen pensando que el veneno puede curar al paciente. Así que, repetimos: la parálisis y la depresión continuarán hasta que se deje al sistema corregirse a sí mismo.

Jeffrey Tucker es editor de Mises.org y autor de It’s a Jetsons World: Private Miracles and Public Crimes Bourbon for Breakfast: Living Outside the Statist Quo

 

 

Fuente: Mises Daily en español

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Los austriacos pueden explicar el auge y el declive

Por Robert P. Murphy. (Publicado el 19 de marzo de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3387.

 

En un debate reciente, el eminente profesor y blogger keynesiano Brad DeLong afirmaba que la explicación austriaca del ciclo económico “no funciona como empresa intelectual”.[1]

DeLong cita a Pual Krugman, que allá por diciembre aparentemente infligió al diagnóstico austriaco una derrota aplastante tanto desde el punto de vista teórico como práctico.

En el artículo actual los diré directamente. La crítica teórica de Krugman de (lo que él califica despectiva como) la “teoría de la resaca” de las recesiones es una tontería y su prueba empírica también es mala. Una vez que fijemos una prueba más apropiada, la teoría de la “resaca” (es decir, la explicación de Mises-Hayek) la pasa con enorme éxito.

La crítica en dos vertientes de Krugman de la “teoría de la resaca”

En su popular blog del New York Times, allá por diciembre, Krugman lamentaba la idiocia de sus colegas. No podía creer que John Cochrane dijera algo (supuestamente) tan tonto:

“Deberíamos tener una recesión”, dijo Cochrane en noviembre, hablando a estudiantes e inversores en una sala de conferencias que miraba al Lago Michigan. “La gente que se ha pasado la vida clavando clavos en Nevada tiene que hacer alguna otra cosa”.

En respuesta a este (aparente) sinsentido, Krugman ofrece primero una objeción teórica:

La idea básica es que una recesión, incluso una depresión, es de alguna forma algo necesario, parte del proceso de “adaptar la estructura de producción”. Tenemos que hacer que esa gente que está clavando clavos en Nevada vaya a otros trabajos y ocupaciones, que es por lo que el desempleo tiene que ser alto en los estados de la burbuja inmobiliaria durante un tiempo.

El problema de esta teoría, como he apuntado, es doble:

1.      No explica por qué no hay desempleo masivo cuando crecen las burbujas igual que cuando disminuyen: ¿por qué no necesitábamos un alto desempleo en otro lugar para poner a esa gente en el negocio de clavar clavos en Nevada?

Antes de ocuparme de la segunda (y empírica) objeción, ocupémonos de esta objeción teórica.

No podemos entender la teoría austriaca del ciclo económico si no entendemos antes la visión austriaca de la estructura de capital de la economía. En este artículo, yo demostraba cómo Krugman era sencillamente incapaz de entender la teoría austriaca del ciclo económico, porque no tenía un modelo de capital suficientemente rico. Para los recién llegados que no están familiarizados con la teoría austriaca del ciclo económico, les animo efusivamente a leer toda la explicación en el artículo enlazado.

Para nuestro propósito actual, hago una breve recapitulación del argumento: En una economía de mercado, los precios realmente tienen una función, no son meras extremidades de las relaciones explotadoras de poder, sino que los precios de mercado señal una escasez subyacente real y ayudan a todos en la economía a justar sus planes a la luz de la realidad. Los tipos de interés de los distintos préstamos también significan algo, no son arbitrarios.

En particular, el tipo de interés del mercado coordina las actividades “intertemporales” (es decir, a lo largo del tiempo) de inversores, empresas y consumidores. Si los consumidores miran más al futuro y quieren reducir el consumo a corto plazo con el fin de disponer de más en años futuros, lo que ocurre en el mercado libre es que el aumento del ahorro empuja a la baja los tipos de interés, lo que indica a los empresarios que pidan más prestado e inviertan en proyectos más largos. Así, los recursos (como trabajo, petróleo, acero y tiempo de máquinas) se redirigen de los bienes presentes, como televisores y coches deportivos, y fluyen a bienes de capital o de inversión, como tractores o barcos mercantes.

Ahora, cuando las Reserva Federal reduce artificialmente los tipos de interés por debajo de su nivel de mercado, envía un mensaje falso a los empresarios. Las empresas empiezan a expandirse como si los consumidores hubieran aumentado sus ahorros, pero en realidad han reducido sus ahorros (debido a los tipos de interés más bajos). Las empresas que producen frenéticamente bienes duraderos, como calderas, barcos mercantes y, sí, viviendas verán un auge en sus negocios, porque estos sectores responden positivamente a los tipos de interés bajos.

Por otro lado, otros sectores no necesitan contratar, porque (al contrario que en el escenario de los ahorros reales) nadie está rebajando su consumo. Precisamente por eso el auge inducido por la Fed es insostenible: los recursos reales no se han sacado de los sectores de consumo para alimentar la expansión del sector del capital. Como las economías modernas son tan complejas, la charada puede continuar unos pocos años, como empresarios economizando y “consumiendo capital” (es decir, posponiendo el necesario reemplazo y mantenimiento del equipo) mientras que tanto los bienes de inversión como los de consumo siguen saliendo por la tubería a ritmos más altos. Pero la música acaba terminando, pues (después de todo) la imprenta de pedazos verdes de papel de la Fed realmente no hace más rico a un país. Cuando la Fed “recorta los tipos de interés” realmente no está creando más capital que puedan pedir prestado las empresas: más bien está distorsionando la señal que trata de transmitir el tipo de interés del mercado.

Así que, en este contexto, el premio Nobel Krugman se confunde. Cuando la Fed empieza a arrojar fajos de billetes recién impresos en sectores económicos concretos, ¿por qué se promueve un periodo de prosperidad, por muy ilusorio y fugaz que sea éste? ¿Por qué el dinero arrojado no hace en su lugar que millones de personas se vean despedidas?

Admito que me siento avergonzado incluso de escribir así la pregunta, pero vayan y vuelvan a leer el post de Krugman: es lo que está preguntando. La respuesta, por supuesto es que las empresas armadas con los dólares recién impresos por ola Fed deben pagar más a los trabajadores y sacarlos de los sectores originales en la estructura de producción. Obviamente, este proceso no lleva a un desempleo masivo. Los trabajadoresabandonan voluntariamente los trabajos originales porque la inflada oferta monetaria ha permitido a unas pocas empresas ofrecerles salarios más altos. La inyección de nuevo dinero de la Fed aún no ha distorsionado toda la economía, así que no hay razón para que otras empresas se encuentren repentinamente en problemas y despidan trabajadores al inicio del auge artificial.

Por el contrario, una vez que se pincha la burbuja, muchas empresas descubren que están embarcadas en proyectos insostenibles. Necesitan despedir a sus trabajadores. El desempleo aumenta y sólo a medida que los trabajadores aceptan a regañadientes salarios más bajos pueden reintegrarse en la economía. En general, los trabajadores están ganando menos durante el periodo de declive respecto del punto álgido del auge. Esto pasa porque los sueldos y salarios del periodo de auge eran exageraciones de los verdaderos “fundamentales” de la productividad laboral y también porque los propios fundamentales se han visto dañados debido al despilfarro de capital durante el periodo de auge.

En resumen, los trabajadores en general no son tan productivos económicamente durante la recesión porque toda la estructura de producción ha sido desbaratada de golpe por las inyecciones de la Fed de simpático dinero. Es mucho más duro para los trabajadores cambiar de trabajo y recibir recortes en la nómina, que despedirse para obtener un empleo mejor en el que les paguen más.

Esa es la explicación sencilla depor qué el auge inducido por la Fed muestra un bajo desempleo, mientras que las necesarias experiencias del declive aumentan el paro.

¡¿La burbuja inmobiliaria no tiene nada que ver con las pérdidas de empleo?!

Después de su objeción teórica, Krugman se vuelve a los datos para aportar una segunda objeción a la “teoría de la resaca”:

2.      No explica por qué las recesiones reducen [el empleo] a todos por igual, no sólo a los sectores hinchados por la burbuja.

Un hecho sorprendente del que ya he escrito es que la crisis actual está afectando a algunos estados sin burbuja inmobiliaria tanto o más severamente que a los epicentros de la burbuja. Aquí hay una sencilla lista del BLS, ordenando a los estados por su aumento del desempleo el año pasado. El desempleo está por todas partes. Y aunque los centros de la burbuja, Florida y California, está altos en la tabla, también lo están Georgia, Alabama y las Carolinas.

Es bastante sorprendente ¿no? Olvidemos la teoría austriaca: ¡aquí Krugman está diciendo que el estallido de la burbuja inmobiliaria no ayuda a explicar el inicio de la recesión! Pero no se preocupen, el análisis de Krugman es erróneo, no es que se estén volviendo locos.

Primero, adviertan que la tabla del BLS que enlaza Krugman muestra la evolución interanual del desempleo (por estado) de diciembre de 2007 a diciembre de 2008. Bueno, ¿es realmente una buena medición de si el estallido de la burbuja inmobiliaria tiene algo que ver con la recesión? Después de todo, la burbuja ya había estallado hacía tiempo en diciembre de 2007. Así que si los “teóricos de la resaca” tienen razón, deberíamos esperar que la relación entre saltos en el desempleo y el derrumbe de los precios de la vivienda sea más débil a medida que nos alejamos del estallido de la burbuja.

En respuesta a un correo electrónico de un amigo de la universidad, decidí verificar la relación durante un periodo que abarque más de cerca el estallido de la burbuja inmobiliaria. La OFHEO tiene datos trimestrales de precios de la vivienda por estado: escogí como máximo de la burbuja el segundo trimestre de 2006.

Luego elegí la otra variable que sería la variación del desempleo (en término de variaciones absolutas, no de porcentajes de porcentajes) de junio de 2006 a diciembre de 2008, que están disponibles (aunque no en una forma muy cómoda) en el BLS.

Armado con estos datos, ordené los estados de acuerdo con estos dos criterios y miré a los 10 peores en ambas listas. En otras palabras, miré la lista de los 10 estados que han sufrido la mayor disminución en precios de la vivienda desde el segundo cuarto de 2006 y también la lista de los 10 estados que han sufrido los diez aumentos más acusados en la tasa desempleo de junio de 2006 a diciembre de 2008. Los puestos del 7º al 10º de las dos listas no coinciden, pero miren cuáles son los 6 peores en ambas listas:

Listado de Estados por aumento en tasa de desempleo, Junio de 2006 – Diciembre de 2008:

1.      Rhode Island (+4,9)

2.      Florida (+48)

3.      Nevada (+4,8)

4.      California (+4,4)

5.      North Carolina (+3,9)

6.      Michigan (+3.8)

Listado de Estados por caída en porcentaje en el índice de precios de la vivienda de la OFHEO, 2º trimestre de 2006 – 4º trimestre de 2008:

1.      California, -27%

2.      Nevada, -26%

3.      Florida, -22%

4.      Arizona, -16%

5.      Rhode Island, -11%

6.      Michigan, -11%

Fíjense en que North Carolina y Arizona son los únicos que no coinciden. Parece probable una fuerte correlación. (Dependiendo de cómo enmarquemos el problema, las posibilidades de que esta correlación se produzca al azar están entre 1  de 8.400 a alrededor de 1 de 350.000).

Conclusión

Brad DeLong y Paul Krugman siguen burlándose de la explicación austriaca del ciclo económico, pero su ridiculización se basa en su propio modelo deficientede la estructura de capital de la economía. Además, las explicaciones empíricas de Krugman resultan, una vez analizadas, apoyar la postura austriaca. Por desgracia, como DeLong y Krugman han diagnosticado tan erróneamente el problema, sus “soluciones” son una receta para un desastre posterior.

 

 

Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará “Principios de economía” en laMises Academy este otoño. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to CapitalismStudy Guide to Man, Economy, and State with Power and MarketHuman Action Study Guide y The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.

 


[1] El debate de DeLong en la UC Davis frente a Michele Boldrin está disponible aquí. La explicación de DeLong de (lo que él llama) el “eje Marx-Hoover-Hayek” de la teoría del ciclo económico puede seguirse a los 10:00 del viedo.

 

Fuente:  Mises Daily en español

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Dinero y deuda

por Francisco Capella

Un agente económico distribuye su riqueza o patrimonio entre varias categorías: bienes de consumo, bienes de capital (entendidos como herramientas que sirven para producir otros bienes o proporcionar servicios), activos o pasivos financieros (acciones u obligaciones) y dinero. Los bienes de consumo satisfacen directamente deseos humanos. Las herramientas son productivas, pueden emplearse para generar riqueza. El dinero es inerte, apenas tiene valor de uso, prácticamente sólo tiene valor de intercambio. En la medida de lo posible los agentes económicos intentan economizar en el uso de dinero manteniendo pequeños saldos de tesorería. El dinero tiene un poder adquisitivo estable, pero atesorarlo tiene un coste de oportunidad: los bienes de consumo que no se disfrutan o los posibles rendimientos de las inversiones que no se realizan. Para economizar dinero los agentes económicos pueden recurrir a sistemas de pago que no requieran de su presencia física.

El dinero es el medio de intercambio generalizado, pero esto no significa que el dinero deba estar presente de forma directa e inmediata en todos los intercambios. El trueque es siempre posible, y también se pueden intercambiar bienes y servicios no por dinero sino por promesas de pago de dinero en el futuro, o dar dinero a cambio de la promesa de entrega futura de algún bien o servicio. No todos los intercambios se completan en el momento pagando al contado: algunos intercambios son separados en el tiempo (adelantados o aplazados, diferidos), el pago definitivo no se produce en el mismo instante en que se entregan las mercancías o se proporciona el servicio. En un intervalo de tiempo pueden intercambiarse bienes sin dar o recibir dinero a cambio (se dio o recibió antes o se dará o recibirá después), y también puede intercambiarse dinero sin dar o recibir bienes a cambio (porque se dieron o recibieron antes o se darán o recibirán después). También son posibles los intercambios de dinero presente por promesas de pago de dinero en el futuro (préstamos de dinero).

Un pago por adelantado genera una deuda o compromiso de entrega de un bien o servicio: el vendedor debe el bien al comprador. Una venta con pago aplazado genera una deuda o compromiso de entrega de dinero: el comprador debe el dinero al vendedor. El acreedor tiene un derecho de cobro respecto al deudor; el deudor tiene un obligación de pago respecto al acreedor. Pero los compromisos de pago de dinero (o de bienes) no necesitan siempre cumplirse mediante la entrega efectiva de dinero (o de los bienes): a veces es posible cancelar una deuda con otra deuda de sentido contrario. El pago por adelantado es poco común y es raro poder compensar deudas de bienes o servicios específicos. La venta a crédito es muy común y al ser el dinero un instrumento utilizado de forma universal es relativamente fácil compensar unas deudas monetarias con otras.

Un vendedor puede aceptar un pago aplazado porque quiere garantizar una venta (que si no tal vez no se realizaría) y sabe (o al menos cree) que recibirá el pago en poco tiempo con gran seguridad. Algunos agentes económicos tienen riqueza o la capacidad de generarla pero ocasionalmente pueden no disponer de dinero (o pueden tener dinero pero no llevarlo consigo en el momento de la compra). Las personas compran (gastan dinero) y venden (ingresan dinero), pero la distribución temporal de sus ingresos y sus gastos monetarios puede estar descompensada: es común recibir unos pocos pagos concentrados (el salario de un trabajador, la venta de la cosecha de un agricultor) y realizar frecuentes pequeños pagos (compra diaria).

En la venta a crédito el vendedor o proveedor entrega su mercancía y el comprador reconoce una deuda pendiente de pago. La deuda es una promesa de pago de dinero que el acreedor acepta en la medida en que juzga que el deudor es solvente: es necesaria la confianza del acreedor acerca de la voluntad y la capacidad de pago del deudor; el acreedor da o reconoce crédito al deudor (estima su honradez y su capacidad económica).

La confianza en que los intercambios diferidos se completen satisfactoriamente surge de forma natural en relaciones entre agentes próximos o con contactos frecuentes, repetidos, estables: compradores habituales y tenderos; diversos eslabones de la estructura de producción, suministro y distribución mayorista o minorista. Los tenderos apuntan los pagos pendientes de sus clientes; los proveedores entregan mercancías a cambio de letras de cambio pagaderas a corto plazo.

Un comprador puede generar una nueva promesa de pago para entregársela al vendedor, pero también puede ofrecerle un derecho de cobro ya existente, una promesa de pago que le entregó un tercero: la deuda circula, se acepta como medio de pago; algunas promesas de pago de dinero se usan como dinero. Si los componentes de un grupo de agentes que comercian entre sí compran y venden por el mismo valor económico en un intervalo de tiempo, no necesitan utilizar dinero en sus intercambios si se dan cuenta de que lo que cada uno debe a los demás por sus compras queda compensado por lo que los demás le deben por sus ventas. El dinero se utiliza principalmente como unidad de cuenta y referencia, y se intercambia solamente para saldar las deudas que no puedan ser compensadas.

La deuda no sólo tiene cantidad: también tiene plazo y riesgo. No es lo mismo un derecho de cobro a corto plazo que un derecho de cobro a largo plazo. No es lo mismo un derecho de cobro contra un deudor muy solvente que contra un deudor poco solvente. Las deudas se compensan y anulan entre sí con más facilidad en la medida en que tengan plazos y riesgos semejantes. Normalmente sólo se usan como medio de pago las deudas a corto plazo y bajo riesgo, con buenas garantías, avaladas por personas fiables y respaldadas por colateral líquido (de valor estable y fácilmente realizable).

El uso de deuda como dinero puede estar inicialmente limitado a grupos pequeños con fuertes lazos internos de confianza, como los comerciantes. La banca comercial extiende esta posibilidad a una población más amplia: certifica el crédito de los agentes económicos, emite deuda propia (billetes y depósitos) que puede usarse de forma generalizada como dinero, y compensa las deudas entre sus clientes (y entre los clientes de bancos diferentes mediante las cámaras de compensación interbancaria). El dinero en sentido estricto (monedas metálicas, dinero básico) se complementa con instrumentos de pago derivados (billetes y depósitos bancarios, dinero en sentido amplio).

 

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Jesús Huerta de Soto: una lección de vida

Jesús Huerta de Soto es un prestigioso catedrático de Economía de la Universidad Juan Carlos I.  Y uno de los máximos exponentes de la Escuela Austríaca a nivel mundial.  El más importante de habla hispana.

Usualmente habla y escribe sobre economía.  Pero hace un tiempo dio este breve discurso ante los alumnos de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

Es un discurso que me ha marcado profundamente, en el que el Dr. Huerta de Soto nos exhorta a no perder los valores, a mantener la ética y a no dejarnos llevar por lo políticamente correcto si queremos ser personas exitosas en la vida.

Que lo disfrutéis tanto como lo disfruto yo cada vez que vuelvo a verlo.

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Oro, dinero e inflación

En imágenes. Bien gráficas.  Y que luego digan que simplificamos…  es que la verdad es muy simple!

Los gobiernos emiten papel de colores sin ningún respaldo o alientan la expansión de la masa monetaria alterando con sus regulaciones el mercado de la oferta y la demanda de dinero (por ejemplo, bajando a golpe de ley las tasas de interés), y generando inflación.

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Hans Senholz decía hace dos años en una entrevista que “la expansión crediticia y la inflación son un robo. Toman la propiedad de millones de individuos confiados y enriquecen a los políticos. No conducen a la recuperación económica. Las consecuencias inevitables son precios crecientes y distorsiones económicas. Pero cuando se vuelven visibles, los oficiales gubernamentales se niegan a aceptar cualquier responsabilidad; en cambio, se presentan como los luchadores de los problemas que ellos mismos crearon”.

¿Te suena familiar?

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¿Dónde se ha perdido nuestra riqueza?

Por Juan Ramón Rallo

Brad de Long.

 

 

 Brad Delong, ese economista que reconoce no entender a Hayek pero que ha dedicado varios artículos a criticarlo, mantuvo una discusión el año pasado en la revista Cato Unbound con Lawrence White, un conocido economista de la Escuela Austriaca.

Básicamente, Delong mostraba su sorpresa por que la riqueza mundial hubiese disminuido con la crisis desde 80 billones de dólares a 60, cuando la cantidad de impagos apenas representaba unos 2 billones. ¿Cómo puede ser que una pérdida de valor de dos billones de dólares en las hipotecas haya puesto en marcha un “acelerador financiero” que destruido riqueza por valor de 20 billones? Simplemente, “no lo entendemos”, reconocía Delong.

Es interesante comparar esta reflexión con otra que efectuaba Krugman hace apenas unas semanas en su bitácora. Según el Premio Nobel, la crisis económica ya ha costado a Estados Unidos ocho puntos de crecimiento del PIB; o dicho de otra manera: Estados Unidos está perdiendo alrededor de un billón de dólares al año por estar crecer por debajo de su potencial.

En definitiva, Delong se preocupa por que la economía financiera haya pinchado sin motivo aparente y Krugman, por que la economía real se ha paralizado sin razón, dejando así de crear enormes cantidades de riqueza.

Son dos reflexiones bastante intuitivas que, en general, también se plantea cualquier hombre de la calle: ¿dónde ha ido a parar el dinero que teníamos antes de que estallara la crisis? ¿Por qué si hasta mediados de 2007 crecíamos a velocidad de crucero ahora, sin que prácticamente haya cambiado nada en nuestra estructura productiva, nos estamos hundiendo en la miseria?

Como digo, se trata de preocupaciones intuitivas, pero no por ello acertadas. De hecho, parece mentira que haya que explicar estas cosas a dos profesores de universidad, uno de ellos premio Nobel. Pero, en fin, dado el punto muerto en que se halla la macroeconomía, probablemente no hubiesen llegado a profesores ni al Nobel si no padecieran semejante confusión.

Paul Krugman.Antes que nada, tengamos presente que los activos financieros no son más que títulos de propiedad negociados sobre distintas partes presentes o futuras de la economía real. Por ejemplo, una acción nos da derecho, en última instancia, a una parte de los bienes y servicios que la empresa en cuestión produzca en el futuro. Del mismo modo, un bono nos da derecho a que la empresa que los emite nos entregue una parte de sus beneficios anuales hasta que nos devuelva todo lo que le hemos prestado (más los intereses). El valor de esta riqueza depende, por consiguiente, de su capacidad para generar renta en el futuro: ¿cuánto pagaría usted hoy por una renta de dinero para mañana?

Delong explica que hay cinco causas posibles para que el valor de los activos financieros, de la riqueza global, fluctúe: a] una reducción del ahorro y la inversión (esto es, de la cantidad de riqueza que se crea cada año), b] las malas noticias sobre la capacidad que tiene la riqueza para generar beneficios, c] el número de impagos (la posibilidad de que los deudores no paguen lo que deben a los acreedores), d] la iliquidez (la posibilidad de que los beneficios nos lleguen más tarde de lo que habíamos esperado) y e] el incremento de la incertidumbre (la inseguridad de no recuperar la inversión).

Delong considera que la enorme reducción en el valor de los activos financieros no puede deberse a que la cantidad de ahorro e inversión se haya reducido, ni a que hayan aparecido malas noticias sobre la capacidad para generar beneficios de las empresas, ni a que los agentes estén en una posición de iliquidez (ya que los bancos centrales han inyectado todo el dinero necesario), ni al aumento de los impagos (ya que en aquel momento sólo se habían impagado dos billones de activos y la reducción de valor había sido de 20 billones); por ello, lanza como aventurada hipótesis que se haya debido a un aumento de la incertidumbre entre los agentes económicos.

Lo mismo parece pensar Krugman. ¿Por qué la economía real está paralizada?, se pregunta. Porque la incertidumbre se ha incrementado tanto que nadie consume ni invierte, parece responderse. Por eso el Gobierno tiene que restaurar la confianza despilfarrando enérgicamente el dinero de los contribuyentes. De hecho, el Nobel incluso saca cuenta: si por perpetuarnos en este estado de incertidumbre dejamos de crear alrededor de un billón de dólares en riqueza cada año, ¿por qué no destinar todo ese dinero –o incluso más– a estabilizar las expectativas y retornar a la senda de crecimiento?

Incluso podríamos prolongar un poco más esta película e incluir en este discurso a otros personajes, como Greenspan y sus viejas recetas contra la crisis en The Economist: si la economía real se recupera, el valor de los activos financieros por los que se preocupaba Delong volverá a subir, por lo que muchos bancos y familias saldrán de la situación de quiebra técnica en que se hallan, volviendo así a prestar y pedir prestado, como hacían en la etapa del boom.

Me temo, sin embargo, que todas estas argumentaciones de tan prestigiosos economistas no pasan de la categoría de cuentos de la lechera. Durante años, nuestras economías vivieron un falso auge crediticio promovido por los bancos centrales y el resto del sistema bancario. Y digo falso porque si bien toda inversión a largo plazo debe estar financiada con ahorro a largo, los préstamos a largo que concedían los bancos (por ejemplo, hipotecas) sólo lo estaban con deuda a muy corto plazo (depósitos a la vista).

Como resultado, en un primer momento los agentes económicos comenzaron a acometer inversiones que, aun siendo poco rentables, les permitían pagar los tipos de interés artificialmente bajos que les exigían los bancos. No es que estas inversiones fueran realmente rentables, pero lo parecían debido al crédito irrealmente barato que proporcionaban los bancos. El resultado fue una economía con mucha deuda y un aparato productivo adaptado para satisfacer las necesidades de unos agentes que deberían haber seguido teniendo acceso a grandes cantidades de crédito artificialmente barato.

Pero, obviamente, no podemos endeudarnos sin límite, así que cuando las familias, las empresas y los bancos decidieron que no seguirían incrementando su endeudamiento, por muy barato que se lo ofrecieran, el castillo de naipes se derrumbó.

En estos momentos, los agentes económicos están tratando de reducir su endeudamiento –y para ello consumen e invierten menos– y de reconvertir el aparato productivo sobre la base de un patrón menos dependiente de un crédito irrealmente barato. Dicho de otra manera: las mismas fábricas que hace tres años estaban a pleno funcionamiento hoy son incapaces de vender su mercancía a unas familias que ya no quieren (y no pueden) endeudarse más.

Esto es básicamente lo que Krugman no entiende: nuestro aparato productivo está caduco, desfasado y equivocado. No tiene sentido comparar lo ricos que seríamos hoy en caso de que en lugar de destinar cada año el 15% de la economía española a construir viviendas hubiésemos aprovechado ese capital para reducir el coste de nuestra energía, mejorar la formación de los trabajadores o aumentar los bienes de equipo en nuestras empresas. Esos recursos ya los hemos despilfarrado y no volverán; a partir de ahora hemos de volver atrás y transformar un aparato productivo adaptado a las nuevas necesidades y capacidades. No estamos dejando de crear ninguna riqueza con la crisis; en puridad, la estábamos dejando de crear durante el auge artificial, cuando despilfarrábamos nuestro dinero.

Lo mismo cabe reprocharle a Delong. Si el valor de los activos financieros depende de la renta que sean capaces de generar en el futuro, parece claro que –cuando nos damos cuenta de que nuestro aparato productivo no sirve, porque estamos demasiado endeudados– los activos financieros se tendrán que depreciar. De acuerdo con las posibilidades que plantea Delong, estaríamos en los escenarios b) y d). Sí ha habido toda una serie de malas noticias que explican una menor capacidad para generar beneficios de nuestras compañías (la recesión lo acredita), y sí tenemos un problema de liquidez (exceso de endeudamiento), que no puede corregirse, por mucho que los bancos centrales ofrezcan a los agentes económicos la posibilidad de endeudarse todavía más.

No niego que la incertidumbre haya tenido algo que ver en la debacle, pero desde luego la parte esencial se explica por las malas inversiones efectuadas durante el boom crediticio. Que Krugman y Delong no lo entiendan sólo demuestra, una vez más, que no saben qué es un ciclo económico. Probablemente porque hayan dedicado más tiempo a criticar a los teóricos de la resaca o a los liquidacionistas que a leerlos y comprenderlos.

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