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Por qué Keynes estaba equivocado

El gobierno elefantiásico, en el cual muchos países ya estamos y hacia el cual otros van corriendo, ha sido un error garrafal que nos aprestamos a repetir.

En este vídeo del Center for Freedom & Prosperity (con subtítulos en español) nos explican concisamente por qué el keynesianismo fue un error.  Y por qué es un error resucitar esas ideas de «estímulo».

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Paraísos Fiscales (I): Por qué son necesarios

Vamos a volver sobre el tema en varias ocasiones, pero para empezar, quiero compartir este vídeo con vosotros, que es bastante instructivo.

Cuando unos chupópteros, escudándose en una ficción jurídica llamada «estado» e invocando un «bien común» que sólo es el bien de unos pocos -los chupópteros-, se COMEN la mitad de tu esfuerzo, de tu trabajo, de tu INGRESO, creo que es totalmente legítimo querer escapar del infierno e instalarse en un paraíso.

Piénsalo.  Otra vida es posible.

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Hasta los de South Park se dan cuenta

de que los planes de rescate son una auténtica locura.

Y en este vídeo dan su versión, que se me antoja mucho más cercana a la realidad de lo que parece:

Aquí una breve reseña del capítulo.

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Para ponerse a temblar

Después de ver este discurso de Gordon Brown en el que amenaza con un nuevo orden mundial que nos salvará de la crisis (que ellos mismos crearon), ruego por favor que me avisen cuándo sale el primer cohete a la siguiente galaxia.

¿Os imagináis un nuevo orden mundial diseñado y dirigido por Obama, Brown, Zapatero y Kretina Kirchner?

Para ponerse a temblar…

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La directa relación entre el socialismo y la pobreza

Detroit

Detroit

Los desbarres de Obama a la zapatera y sus disparatadas políticas  -aplicadas al más puro estilo Kirchner- sólo traerán una depresión económica severa y duradera.  Así que los números de la pobreza que están circulando en EEUU en estos momentos, pronto quedarán desactualizados.  Pero nos sirven de clara explicación sobre la directa relación entre el socialismo y la pobreza:

.

La pobreza en las ciudades de Estados Unidos:

.

..........Ciudad................Estado               Porcentaje de gente

..............................................................por debajo de la línea de pobreza

  1. Detroit                        Michigan                             32.5%
  2. Buffalo                        New York                            29.9%
  3. Cincinatti                  Ohio                                       27.8%
  4. Cleveland                  Ohio                                       27.0%
  5. Miami                         Florida                                  29.6%
  6. St. Louis                    Missouri                               26.8%
  7. El Paso                       Texas                                     26.4%
  8. Milwaukee                Wisconsin                            26.2%
  9. Philadelphia            Pennsylvania                     25.1%
  10. Newark                       New Jersey                        24.2%

Fuente:    U.S. Census Bureau, 2006 American Community Survey, August 2007

¿Qué es lo que tienen en común estas 10 ciudades con más de 250.000 habitantes y con las más altas tasas de pobreza de los Estados Unidos?

Ciudad                     No elige alcalde republicano desde

  1. Detroit                      1961
  2. Buffalo                       1954
  3. Cincinatti                 1984
  4. Cleveland                1989
  5. Miami                        nunca ha tenido un alcalde republicano
  6. St. Louis                    1949
  7. El Paso                      nunca ha tenido un alcalde republicano
  8. Milwaukee                1908
  9. Philadelphia             1952
  10. Newark                       1907

Fuerte,¿ no?  Porque son los pobres los que usualmente eligen a los demócratas (socialistas) porque son los que dicen proteger a los pobres.  Y los pobres siguen siendo POBRES.

Einstein decía que la definición de insania es hacer  la misma cosa una y otra vez y esperar resultados distintos.  Vemos que hay bastante insania en el mundo…

Si se hiciera una investigación similiar en España, seguramente llegaríamos a las mismas conclusiones.  Con mirar hacia Andalucía es más que suficiente…

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Diferencias entre liberalismo y socialismo en dos minutos

Ojalá nos hubieran explicado la economía de unos y otros con esta claridad.

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El estado de malestar

En demasiadas ocasiones el liberalismo tiende a olvidar que hay vida más allá de la economía. Los autores canónicos escriben sobre los beneficios del libre comercio, la asombrosa función empresarial del ser humano o los peligros de la expansión crediticia desatendiendo otros flancos que pueden facilitar o frenar el desarrollo económico.


No es el caso de Josep Miró i Ardèvol, que sitúa las raíces de los problemas por que atraviesa el Estado del Bienestar en la transformación social que está llevando a cabo la nueva izquierda. La revolución que propugna no se producirá a través de un cambio en la estructura económica de poder, sino a través de la suplantación de las bases morales que sustentan el orden natural de la sociedad.

La tesis expuesta en El fin del bienestar es clara, y, como escribe el propio autor, «no se trata de una especulación, sino de una previsión, de un hecho anunciado por los documentos del gobierno español y por los informes de la Unión Europea». El Estado del Bienestar está en crisis, y el sistema de pensiones contributivas hará que, tarde o temprano, la Seguridad Social quiebre. Un sistema piramidal está condenado a resquebrajarse con el paso del tiempo; cuando la base que lo sustenta decrezca, en detrimento de la aristocracia radicada en la cúspide, que vive a su costa. La nueva clase de subvencionados y parásitos sociales que dependen del Estado para vivir aumenta día a día, mientras que los esfuerzos y la productividad de los contribuyentes es desincentivada de forma constante y calculada.

Zapatero.El caso español es paradigmático en este sentido. El gobierno de Zapatero ha asumido una agenda radical cuyo objetivo es «convertir el deseo en proyecto político»: la educación, los medios de comunicación y la nueva legislación, puestos al servicio de una transformación de las «infraestructuras socialmente valiosas». Desde Rousseau, todo movimiento revolucionario ha procurado el control de la educación, para «modelar a los niños de acuerdo a su ideología». La Educación para la Ciudadanía y la dictadura del lenguaje políticamente correcto pretenden apuntalar los cambios legislativos que tratan de revolver las instituciones surgidas de forma espontánea y que son la base del bienestar.

La presente obra resulta de lo más interesante, no sólo por su contenido, sino porque es la expresión de un pensamiento prácticamente inédito en España. Mientras que en Estados Unidos es fácil encontrarlo, en España el movimiento conservador ha levantado la bandera de la socialdemocracia y alimentado al Leviatán estatal y autonómico siempre que ha tenido ocasión. Este planteamiento viene de la mano de posiciones religiosas temerosas de que los gobiernos regulen también las cuestiones referentes a las creencias individuales pero que no proponen como alternativa la confesionalidad del Estado. La idea que vertebra este paleconservadurismo es la de la soberanía individual y la primacía de las instituciones surgidas de forma espontánea y que se han mantenido a través de la tradición.

La crítica al feminismo y al homosexualismo que pretende convertir la excepción en norma para diluir la función social del matrimonio se encuentra perfectamente elaborada en la obra de George Gilder. Por desgracia, se echa en falta una mención al autor que ha dado forma, en Riqueza y pobreza o El suicidio de los sexos, al discurso que sostiene Josep Miró i Ardèvol. Una primera aproximación podría hacer que tacháramos estas tesis de reaccionarias, pero en realidad esconden mucho sentido común y una gran dosis de amor a la libertad. Exigir que la legislación mantenga sus tentáculos alejados de nuestras carteras, camas y templos puede tildarse de cualquier cosa menos de reaccionario o, como ahora está de moda, teocón.


Dice Ardèvol que la sociedad está «compuesta por personas pero estructurada por las instituciones que las agrupan», y que «la institución fundadora de todas las demás, la condición necesaria para la existencia de la sociedad, es el matrimonio». El relativismo y el buenismo, el banalizar comportamientos individuales perfectamente respetables y convertirlos en norma general de obligado cumplimiento, todo ello supone establecer un bien social artificial, un nuevo dogma cuya doctrina dicta el Parlamento y ensalza al Estado. Se desprecia entonces el hecho de que el matrimonio tiene una función evolutiva y civilizadora, pues «encarrila y educa el impulso sexual para atenuar el conflicto del distinto comportamiento sexual del hombre y la mujer que surge de una naturaleza biológica muy determinada».

Este es el marco en el que nace y se desarrolla la civilización, se establecen relaciones y ese grado de confianza necesario para levantar las demás instituciones espontáneas que conforman una sociedad y hacen posible que el desarrollo lleve a la prosperidad y al bienestar. De ahí que los ataques de la nueva izquierda se dirijan a destruir esa clase media que honradamente se gana el pan y tiene como horizonte temporal la vida de su progenie. En este orden espontáneo, la acumulación de capital tiene una función social clara, y la responsabilidad individual prevalece sobre la dependencia del aparato estatal.

Pero si el diagnóstico de Ardévol es certero, las conclusiones que expone en el último capítulo son poco ambiciosas. Las soluciones políticamente correctas propuestas podrían retrasar o paliar la quiebra del modelo, pero no evitarán que los cascotes del Estado del Bienestar caigan sobre las instituciones naturales que han ido creando los individuos. Retrasar la edad de jubilación, el dar sólo algo de cancha a un sistema de capitalización de pensiones, así como la revocación de algunos desmanes legislativos, presumen la legitimidad del Estado del Bienestar –adelgazado y mejor gestionado, eso sí–, lo que entra en contradicción con la consecuencia lógica que se extrae de la exposición del propio Ardèvol: no es el Estado quien proporciona bienestar, sino una sociedad próspera y libre. Ésta, y no otra, es la base del verdadero bienestar.

JOSEP MIRÓ I ARDÈVOL: EL FIN DEL BIENESTAR Y ALGUNAS SOLUCIONES POLÍTICAMENTE INCORRECTAS. Ciudadela (Madrid), 2008, 224 páginas.


Publicado en Libertad Digital

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