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Justicia vs. “Justicia social”

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“El concepto de “justicia social” es por fuerza un concepto vacío y carente de significado, porque en él no hay ninguna voluntad que pueda determinar los ingresos relativos de las distintas personas, o evitar el hecho de que dependan en parte de la casualidad.”

Friedrich von Hayek

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A 20 años de la partida de Hayek

Friedrich A. von Hayek (1899-1992)

Por Peter Boettke

Es probable que Friedrich A. Hayek fuera el más prodigioso erudito clásico liberal del siglo XX. Aunque su premio Nobel de 1974 fue en economia, sus trabajos académicos se extienden mucho más allá de esta ciencia. Publicó 130 artículos y 25 libros que abarcan desde la economía técnica hasta la psicología teórica, desde la filosofía política hasta la antropología legal y desde la filosofía de la ciencia hasta la historia de las ideas. Hayek no era un simple aficionado, era un verdadero experto en cada uno de estos campos. Hizo importantes contribuciones a nuestra comprensíon en, por lo menos, tres campos diferentes de la intervención gubernamental, del cálculo económico bajo el socialismo y del desarrollo de la estructura social. No es probable que volvamos a ver a un académico de tan amplio dominio en las ciencias humanas.

Hayek nació en Viena en una familia de intelectuales el 8 de mayo de 1899. Obtuvo doctorados de la Universidad de Viena (1921 y 1923). Durante los primeros años del siglo XX. las teorías de Escuela Austriaca de Economía, iniciada por los Principios de Economía de Menger (1871), fueron gradualmente refinados y redefinidos por Eugenio Boehm Bawerk, por su cuñado Fridrich Wieser y por Ludwig Von Mises. Cuando Hayek matriculó en la Universidad de Viena asistió a algunas clases de Mises pero encontró que las posiciones antisocialistas de Mises eran demasiado tajantes para su gusto. Wieser, por su parte, era un socialista fabiano cuyo enfoque le resultaba entonces más atractivo, y Hayek se convirtió en su discípulo. Irónicamente, fue Mises, a través de su devastadora crítica del socialismo publicada en 1922, el que alejó a Hayek del socialismo fabiano.

La mejor forma de comprender la vasta contribución de Hayek a la economía y al liberalismo clásico es verla a la luz del programa para el estudio de la cooperación social establecido por Mises. Mises, el gran constructor de sistemas, le proporcionó a Hayek el programa de investigación. Hayek se convirtió en el gran analista. El trabajo de su vida se comprende mejor como un esfurzo por hacer explícito lo lo que Mises había dejado implícito, por reafirmar lo que Mises había esbozado y por responder las interrogantes que Mises había dejado sin respuesta. De Mises, Hayek dijo: “No hay ningún otro hombre al que le deba más intelectualmente”. La conexión con Mises se hace más evidente en sus trabajos sobre los problemas del socialismo. Pero la originalidad de Hayek, derivada del análisis del socialismo, permean todo el cuerpo de su obra, desde de los ciclos de los negocios hasta el origen de la cooperación social.

Hayk no conoció a Mises cuando asistía a la Universidad de Viena. Se lo presentaron después de haberse graduado a través de una carta de su profesor, Wieser. Fue entonces cuando comenzó la colaboración Hayek Mises. Durante cinco años, Hayek trabajó bajo Mises en una oficina del gobierno. En 1927, se convirtió en el Director del Instituto para la Investigación del Ciclo Económico, que él y Mises habían organizado. El Instituto estaba dedicado al examen teórico y práctico de los ciclos económicos.

Elaborando sobre la Teoría del Dinero y el Crédito (1912) de Mises, Hayek refinó tanto la comprensión técnica de la coordinación del capital como los detalles institucionales de la política crediticia. Siguieron estudios seminales sobre teoría monetaria y los ciclos comerciales. El primer libro de Hayek, Teoría Monetaria y el Ciclo Comercial (1929) analizó los efectos de la expansión del crédito en la estructura del capital de una economía.

La publicación del libro promovió una invitación de Lionel Robbins para que Hayek diera conferencias en la Escuela de Economía de Londres. Sus conferencias fueron publicadas en un segundo libro titulado “La Teoría Austriaca del Ciclo Comercial”, Precios y Producción (1931), que fue citada por la comisión del premio Nobel en 1974.

Las conferencias de Hayek (1930 31) en la Escuela de Londres se hicieron tan famosas que fue vuelto a llamar a la prestigiosa Universidad de Londres y nombrado Profesor Tooke de Ciencia Económica y Estadística. A los 32 años, Hayek había alcanzado el pináculo de la carrera de economista.

La teoría Mises-Hayek sobre el ciclo comercial explicaba el “cúmulo de errores” que caracteriza al ciclo. La expansión del crédito, posibilitada por una baja artificial de las tasas de interés, engañaba a los empresarios: se les hace creer en empresas que de otra forma no hubieran parecido rentables. La falsa señal generada por la expansión del crédito conduce a que los actores económicos malcoordinen los planes de producción y de consumo. Esta malcoordinación se manifiesta primeramente en un “boom” y posterioremnte en “una quiebra” en lo que patrón temporal de la producción se ajusta el patrón real de los ahorros y el consumo en la economía.

Hayek versus Keynes

Poco después de su llegada a Londres, Hayek entró en una polémica con John Maynard Keynes. Keynes, un destacado miembro del servicio civil británico que estaba trabajando entonces para el Comité de Finanzas e Industria del gobierno, era el autor de importantes libros de economía. El debate Hayek Keynes fue quizás el más importante sobre economía monetaria que se haya dado del siglo XX. Comenzando con su su ensayo “El Fin del Laissez Faire” (1926), Keynes presentó sus demanda de intervencionismo en el lenguaje de un liberalismo pragmático clásico. Fue así que Keynes fue aclamado como “el salvador del capitalismo”, en vez de ser reconocido como lo que era: un defensor de la inflación y de la intervención gubernamental.

Hayek detectó el problema fundamental que adolecían en las concepciones económicas de Keynes: su incapacidad para comprender el papel que juegan las tasas de interés y la estructura del capital en una economía de mercado. Debido a su infortunado hábito de utilizar categorías colectivas, Keynes no pudo abordar estos problemas adecuadamente en su “Un Tratado sobre el Dinero” (1930). Hayek señaló que las categorías colectivas de Keynes distraían a los economistas y nos le dejaban examinar cómo la estructura industrial de la economía emergía de las opciones económicas de los individuos.

Keynes reaccionó con acritud a las críticas de Hayek. Primero respondió atacando “Pecios y Producción”, de Hayek. Luego alegó que ya no creía en lo que había escrito en “Un Tratado sobre el Dinero” y volvió su atención a la redacción de otro libro:”La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero” (1936) que, con el tiempo, se convirtió en el libro más influyente del siglo XX en materia de política económica.

Más bien que tratar de criticar directamente lo que Keynes había presentado en su Teoría General, Hayek volvió sus considerables talentos a refinar la teoría del capital. Estaba convencido de que el punto esencial que había que trasmitir a Keynes y al resto de los economista en relación a la política monetaria radicaba en la teoría del capital. Presentó su tesis en “La Teoría Pura del Capital” (1941), el libro más técnico que escribiera nunca. Y, pese a la razón que pudiera haber tenido, resultó la menos influyente de sus obras. Para fines de los años 30, el tipo de economía de Keynes estaba en pleno ascenso. A los ojos del público, Keynes había derrotado a Hayek. Este perdió relevancia como economista y entre los estudiantes.

Durante este tiempo, Hayek también estuvo implicado en otro gran debate económico sobre el cálculo económico en el socialismo. La polémica fue disparado por un artículo de Mises en 1920 donde afirmaba que el socialismo era técnicamente imposible puesto que no podría disponer de los precios del mercado. Mises había refinado su argumento en “Socialismo: Un análisis Económico y Sociológico”, el libro cuya aparición, en 1922, había impresionado profundamente al joven Hayek. Hayek desarrolló el argumento de Mises en varios artículos durante los años 30. En 1935, reunió una serie de ensayos sobre los problemas de la organización económica socialista en “La Planificación Económica Colectivista”. Otros ensayos de Hayek sobre los problemas del socialismo y específicamente sobre el modelo de “socialismo de mercado” elaborado por Oskar Lange y Abba Lerner, en un intento por refutar a Mises y Hayek, fueron reunidos posteriormente en “Individualismo y Orden Económico” (1948).

Nuevamente, los economistas y la comunidad intelectual en general no apreciaron las criticas de Hayek. ¿Acaso no le había dado al hombre la ciencia moderna la posibilidad de controlar y diseñar la sociedad según las reglas morales de su elección? Se suponía que la sociedad planificada bajo el socialismo no sólo fuera tan eficiente eocmo el capitalismo (especialmente en vista de la anarquía que supuestamente generaba el capitalismo con sus ciclos económicos y su poder monopolista), sino que, con su promesa de justicia social, también fuera mas justa. Y, por otra parte, se consideraba la ola del futuro. Se decía que sólo un reaccionario podía querer resistir la marcha inevitable de la historia. No sólo Hayek parecía estar perdiendo la polémica económica con Keynes sobre las causas de los ciclos económicos sino que, teniendo en cuenta el ascenso de la marea mundial del socialismo, su perspectiva filosófica general era crecientemente considerada con una vesión primitiva del liberalismo.

El Camino de la Servidumbre

Hayek, sin embargo, siguió refinando la argumentación a favor de una sociedad liberal. Los problemas del socialimos que había observado en la Alemania nazi y que vió comenzar en Gran Bretaña lo llevaron a escribir El Camino de la Servidumbre (1944). Este libro obliga a los defensores del socialismo a confrontar un problema adicional, más allá del puramente técnico. Si el socialsimo requiere la sustitución del mercado por un plan central, entonces, apuntó Hayek, habrá que establecer una institución que sea responsable por la formulación del plan. Hayek la llamó la Junta Planificadora Central. Para implemntar el plan y para controlar los recursos, la Junta tendría que ejercer amplios poderes discrecionales en los asuntos económicos. Con todo, la Junta Planificadora Central en una sociedad socialista no tendría los precios del mercado como guía. No tendría forma de saber cuáles posibilidades productivas eran económicamente posibles. La ausencia de un sistema de precios, dijo Hayek, demostraría ser el talón de Aquiles del socialismo.

En El Camino de la Servidumbre, Hayek alegó que había buenas razones para sospechar que los que ascendieran a la cumbre de un régimen socialista serían aquellos que tuvieran una ventaja comparativa en el ejercicio de poderes discrecionales y estuvieron dispuestos a tomar decisiones desagradables. Y es inevitable que estos hombres poderosos dirigieran el sistema en su propio beneficio.

Por supuesto, Hayek tuvo razón tanto el problema económico como en el político del socialismo. El siglo XX está lleno con la sangre de las victimas inocnetes de los experimentos socialistas. Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot y muchos tiranos menores han cometido crímenes horribles contra la humanidad en nombre de alguna variante del scialismo. El totalitarismo no es un accidente histórico que sólo emerge debido a mala elección de dirigentes en un régimen socialista. Hayek muestra que el socialismo es el resultado lógico del ordenamiento institucional de la planificación socialsita.

Tras la derrota de su crítica de Keynes en el foro público y la controversia que surgió sobre el cálculo económico en el socialismo, Hayek se alejó de los problemas técnicos de la economía y se concentró en la reformulación de los principios de liberalismo clásico. Hayek había señalado la necesidad de los precios de mercado com trasmisores de una información económica dispera. Mostró que los intentos de reemplazar o controlar el mercado llevaban a un problema de conocimeinto. Hayek también describió el problema totalitario asociado con la ubicación de poder discrecinal en las manos de unos pocos. Esto lo llevó a examinar los prejuicios intelectuales que ciegan al hombre y le impiden ver los problemas de la planificación económica gubernamental.

Durante los años 40, Hayek publicó una serie de ensayos en periódicos profesionales examiando las tendencias filosóficas dominantes que habían prejuiciado a los intelectuales de una forma tal que nos permitía reconocer los problemas sistémicos que confrontarían os planificadores económicos. Ests ensayos fueron posteriormente recopilados y publicados como “La Contrarrevolución de la Ciencia” (1952). La Contrarrevolución, quizás el mejor libro de Hayek, suministra una detallada historia intelectual del “racionalismo constructivista” y del problema del “cientificismo” en las ciencias sociales. Es en este trabajo donde Hayek articula su versión del proyecto de la Ilustración Escocesa de David Hume y Adam Smith de utilizar la razón para ensenar modestia a la razón. La civilización moderna no estaba amenazada por brutales ignorantes empecinados en destruir el mundo, sino más bien, por el abuso de la razón, emprendida por el racionalismo constructivista en su intento de diseñar conscientemente el mundo moderno.

En 1950, Hayek se trasladó a la Universidad de Chicago, donde enseño hasta 1962 en la Comisión de Pensamiento Social. Mientras estuvo allí, escribió “La Constitución de la Libertad (1960). Este trabajo representa el primer tratado sistemático de Hayek sobre la economía clásica liberal.

En 1962, Hayek se trasladó a Alemania, donde había obtenido una posición en la Universidad de Freiburg. Allí incrementó sus esfuerzos por analizar el ordenamiento “espontáneo” de la actividad social y económica. Hayek se dispuso a reconstruir la teoría social del liberalismo y suministrar una visión de cooperación social entre hombres libres.

Con este estudio en tres volúmenes,”Ley, Legislación y Libertad” (1973 1979) y “La Arrogancia Fatal” (1988), Hayek extendió su análisis de la sociedad al examen de la emergencia “espontánea” de las reglas legales y morales. Su teoría legal y política enfatizaba que el imperio de la ley era el fundamento necesario de la coexistencia pacífica. Contrastaba la tradición del common law con la de la ley estatutaria, por ejemplo, los decretos legislativos. Mostró que la common law, el derecho consetudinario, emerge, caso por caso, en lo que los jueces aplican a los casos particulares las reglas generales que son, en si mismas, producto de la evolución cultural. De esa forma explica que inserto en el derecho consutudinario hay un conocimiento conquistado a través de una larga historia de ensayos y errores. Esto lo llevó a la conclusión de que la ley, como el mercado, es un orden “espontáneo” producto de la acción de los hombres pero no de ningún plan de ellos.

El trabajo de Hayek sobre economía técnica y filosofía legal así como la metodología de las ciencias sociales ha atraído un gran interés entre los estudiosos de, por lo menos, las últimas dos generaciones. Y el interés en su obra está creciendo. Su vasta contribución a la economía y al liberalismo clásico vivirá en el programa de investigaciones que ha legado a futuras generaciones de estudiosos.

Friedrich Hayek vivió una vida larga y fructífera. Tuvo que soportar las consecuencias de haber alcanzado la fama desde joven para luego ver esa fama ridiculizada cuando keynesianos y socialistas conquistaron la hegemonía cultural. Afortunadamnbete, vivió lo suficiente como ver reconocido nuevamente su enorme intelecto. Tanto los keynesianos como los socialistas fueron aplastantemente derrotados por los acontecimientos y por la poderosa verdad de su obra. El liberalismo clásico es nuevamente un cuerpo vibrante de pensamiento. La economía austríaca ha reemergido como una gran escuela del pensamiento económico, y jóvenes estudiosos de la ley, la historia, la economía, la politica y la filosofía están estudiando sus grandes temas. Podremos lamentar la pérdida de este gran campeón del liberalismo pero, al mismo tiempo, podemos regocijarnos de que F.A.Hayek dejara una herencia tan fructífera y brillante.

Un gran estudioso no se define por las respuestas que da sino por las interrogantes que promueve. Sucesivas generaciones de intelectuales y activistas políticos de todo el mundo estarán estudiando durante mucho tiempo las grandes cuestiones planteada por este maestro.

Peter Boettke es profesor de Economía de la George Mason University, Director del Centro de Economía Política “James M. Buchanan” e investigador senior del Mercatus Center. También es miembro del Consejo Consultivo de FEE.

Traducción al español del artículo publicado en The Freeman, Vol. 42, No. 8 (August 1992).

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Qué es el orden espontáneo

Interesantísimo vídeo sobre el funcionamiento del “ORDEN ESPONTÁNEO” y por qué no necesitamos líderes que dirijan y digiten nuestras vidas, así como la naturaleza no necesita quien la ordene:  se ordena sola.

Como bien decía Friedrich von Hayek, las instituciones de la sociedad, como las leyes, los mercados o el gobierno, incluso el sistema de precios o el lenguaje, no son un invento o diseño humano para responder a unas determinadas necesidades, sino que son el fruto de un orden espontáneo que es el resultado de la acción humana pero no del diseño de ningún gobierno.

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La imposibilidad del socialismo

explicada en 2 minutos, por el Premio Nobel de Economía Friedrich von Hayek.

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¿Dónde se ha perdido nuestra riqueza?

Por Juan Ramón Rallo

Brad de Long.

 

 

 Brad Delong, ese economista que reconoce no entender a Hayek pero que ha dedicado varios artículos a criticarlo, mantuvo una discusión el año pasado en la revista Cato Unbound con Lawrence White, un conocido economista de la Escuela Austriaca.

Básicamente, Delong mostraba su sorpresa por que la riqueza mundial hubiese disminuido con la crisis desde 80 billones de dólares a 60, cuando la cantidad de impagos apenas representaba unos 2 billones. ¿Cómo puede ser que una pérdida de valor de dos billones de dólares en las hipotecas haya puesto en marcha un “acelerador financiero” que destruido riqueza por valor de 20 billones? Simplemente, “no lo entendemos”, reconocía Delong.

Es interesante comparar esta reflexión con otra que efectuaba Krugman hace apenas unas semanas en su bitácora. Según el Premio Nobel, la crisis económica ya ha costado a Estados Unidos ocho puntos de crecimiento del PIB; o dicho de otra manera: Estados Unidos está perdiendo alrededor de un billón de dólares al año por estar crecer por debajo de su potencial.

En definitiva, Delong se preocupa por que la economía financiera haya pinchado sin motivo aparente y Krugman, por que la economía real se ha paralizado sin razón, dejando así de crear enormes cantidades de riqueza.

Son dos reflexiones bastante intuitivas que, en general, también se plantea cualquier hombre de la calle: ¿dónde ha ido a parar el dinero que teníamos antes de que estallara la crisis? ¿Por qué si hasta mediados de 2007 crecíamos a velocidad de crucero ahora, sin que prácticamente haya cambiado nada en nuestra estructura productiva, nos estamos hundiendo en la miseria?

Como digo, se trata de preocupaciones intuitivas, pero no por ello acertadas. De hecho, parece mentira que haya que explicar estas cosas a dos profesores de universidad, uno de ellos premio Nobel. Pero, en fin, dado el punto muerto en que se halla la macroeconomía, probablemente no hubiesen llegado a profesores ni al Nobel si no padecieran semejante confusión.

Paul Krugman.Antes que nada, tengamos presente que los activos financieros no son más que títulos de propiedad negociados sobre distintas partes presentes o futuras de la economía real. Por ejemplo, una acción nos da derecho, en última instancia, a una parte de los bienes y servicios que la empresa en cuestión produzca en el futuro. Del mismo modo, un bono nos da derecho a que la empresa que los emite nos entregue una parte de sus beneficios anuales hasta que nos devuelva todo lo que le hemos prestado (más los intereses). El valor de esta riqueza depende, por consiguiente, de su capacidad para generar renta en el futuro: ¿cuánto pagaría usted hoy por una renta de dinero para mañana?

Delong explica que hay cinco causas posibles para que el valor de los activos financieros, de la riqueza global, fluctúe: a] una reducción del ahorro y la inversión (esto es, de la cantidad de riqueza que se crea cada año), b] las malas noticias sobre la capacidad que tiene la riqueza para generar beneficios, c] el número de impagos (la posibilidad de que los deudores no paguen lo que deben a los acreedores), d] la iliquidez (la posibilidad de que los beneficios nos lleguen más tarde de lo que habíamos esperado) y e] el incremento de la incertidumbre (la inseguridad de no recuperar la inversión).

Delong considera que la enorme reducción en el valor de los activos financieros no puede deberse a que la cantidad de ahorro e inversión se haya reducido, ni a que hayan aparecido malas noticias sobre la capacidad para generar beneficios de las empresas, ni a que los agentes estén en una posición de iliquidez (ya que los bancos centrales han inyectado todo el dinero necesario), ni al aumento de los impagos (ya que en aquel momento sólo se habían impagado dos billones de activos y la reducción de valor había sido de 20 billones); por ello, lanza como aventurada hipótesis que se haya debido a un aumento de la incertidumbre entre los agentes económicos.

Lo mismo parece pensar Krugman. ¿Por qué la economía real está paralizada?, se pregunta. Porque la incertidumbre se ha incrementado tanto que nadie consume ni invierte, parece responderse. Por eso el Gobierno tiene que restaurar la confianza despilfarrando enérgicamente el dinero de los contribuyentes. De hecho, el Nobel incluso saca cuenta: si por perpetuarnos en este estado de incertidumbre dejamos de crear alrededor de un billón de dólares en riqueza cada año, ¿por qué no destinar todo ese dinero –o incluso más– a estabilizar las expectativas y retornar a la senda de crecimiento?

Incluso podríamos prolongar un poco más esta película e incluir en este discurso a otros personajes, como Greenspan y sus viejas recetas contra la crisis en The Economist: si la economía real se recupera, el valor de los activos financieros por los que se preocupaba Delong volverá a subir, por lo que muchos bancos y familias saldrán de la situación de quiebra técnica en que se hallan, volviendo así a prestar y pedir prestado, como hacían en la etapa del boom.

Me temo, sin embargo, que todas estas argumentaciones de tan prestigiosos economistas no pasan de la categoría de cuentos de la lechera. Durante años, nuestras economías vivieron un falso auge crediticio promovido por los bancos centrales y el resto del sistema bancario. Y digo falso porque si bien toda inversión a largo plazo debe estar financiada con ahorro a largo, los préstamos a largo que concedían los bancos (por ejemplo, hipotecas) sólo lo estaban con deuda a muy corto plazo (depósitos a la vista).

Como resultado, en un primer momento los agentes económicos comenzaron a acometer inversiones que, aun siendo poco rentables, les permitían pagar los tipos de interés artificialmente bajos que les exigían los bancos. No es que estas inversiones fueran realmente rentables, pero lo parecían debido al crédito irrealmente barato que proporcionaban los bancos. El resultado fue una economía con mucha deuda y un aparato productivo adaptado para satisfacer las necesidades de unos agentes que deberían haber seguido teniendo acceso a grandes cantidades de crédito artificialmente barato.

Pero, obviamente, no podemos endeudarnos sin límite, así que cuando las familias, las empresas y los bancos decidieron que no seguirían incrementando su endeudamiento, por muy barato que se lo ofrecieran, el castillo de naipes se derrumbó.

En estos momentos, los agentes económicos están tratando de reducir su endeudamiento –y para ello consumen e invierten menos– y de reconvertir el aparato productivo sobre la base de un patrón menos dependiente de un crédito irrealmente barato. Dicho de otra manera: las mismas fábricas que hace tres años estaban a pleno funcionamiento hoy son incapaces de vender su mercancía a unas familias que ya no quieren (y no pueden) endeudarse más.

Esto es básicamente lo que Krugman no entiende: nuestro aparato productivo está caduco, desfasado y equivocado. No tiene sentido comparar lo ricos que seríamos hoy en caso de que en lugar de destinar cada año el 15% de la economía española a construir viviendas hubiésemos aprovechado ese capital para reducir el coste de nuestra energía, mejorar la formación de los trabajadores o aumentar los bienes de equipo en nuestras empresas. Esos recursos ya los hemos despilfarrado y no volverán; a partir de ahora hemos de volver atrás y transformar un aparato productivo adaptado a las nuevas necesidades y capacidades. No estamos dejando de crear ninguna riqueza con la crisis; en puridad, la estábamos dejando de crear durante el auge artificial, cuando despilfarrábamos nuestro dinero.

Lo mismo cabe reprocharle a Delong. Si el valor de los activos financieros depende de la renta que sean capaces de generar en el futuro, parece claro que –cuando nos damos cuenta de que nuestro aparato productivo no sirve, porque estamos demasiado endeudados– los activos financieros se tendrán que depreciar. De acuerdo con las posibilidades que plantea Delong, estaríamos en los escenarios b) y d). Sí ha habido toda una serie de malas noticias que explican una menor capacidad para generar beneficios de nuestras compañías (la recesión lo acredita), y sí tenemos un problema de liquidez (exceso de endeudamiento), que no puede corregirse, por mucho que los bancos centrales ofrezcan a los agentes económicos la posibilidad de endeudarse todavía más.

No niego que la incertidumbre haya tenido algo que ver en la debacle, pero desde luego la parte esencial se explica por las malas inversiones efectuadas durante el boom crediticio. Que Krugman y Delong no lo entiendan sólo demuestra, una vez más, que no saben qué es un ciclo económico. Probablemente porque hayan dedicado más tiempo a criticar a los teóricos de la resaca o a los liquidacionistas que a leerlos y comprenderlos.

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