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Turismo e intervencionismo

Por Jesús del Amo Lamborena para “El liberal autodidacta
 
Los pasados días 27 y 28 de septiembre se celebró en Madrid el congreso de AECOC del canal HORECA. El sector HORECA engloba los sectores de la Hostelería, Restauración y Colectividades. El congreso fue punto de reunión de empresarios, distribuidores, fabricantes y asociaciones profesionales del sector.Una de las ponencias que mejor explicó la situación actual del turismo en España fue la presentada en el congreso por Don José Luis Zoreda vicepresidente ejecutivo de Exceltur, asociación sin ánimo de lucro que agrupa a los 24 principales grupos españoles del sector turístico, desde hoteles a líneas aéreas, que buscan, a través de la asociación, promover la mejora de la calidad del turismo español.

En 2010 España recibió más de 53 millones de personas, siendo el cuarto país más visitado del mundo. En cifras macroeconómicas, el sector turístico representa más del 10% del PIB español, da empleo a más de 3 millones de personas, y en la actualidad, tras el parón del sector inmobiliario, es el único sector que puede liderar la recuperación de la economía española.

Para liderar dicha recuperación, Don José Luis Zoreda reclamaba que el sector turístico debería figurar como sector prioritario en los programas de los partidos de cara a las elecciones del 20N. Creo que, sin saberlo, el señor Zoreda se estaba metiendo en la boca del lobo.

El sector turístico español es uno de los sectores más regulados y uno de los que más sufren el intervencionismo estatal. No sólo por parte del gobierno central, sino también por parte de las diecisiete CC.AA. Las leyes regulan desde la apertura, la gestión y el modelo de negocio de los grandes establecimientos hoteleros de 5 estrellas, hasta las mesas de veladores de las modestas cafeterías de barrio.

El principal activo de la cadena de valor del turismo español, la costa, es por entero de propiedad pública,  lo que impide que puedan ser explotadas por los particulares, al contrario de lo que ocurre en países competidores como el norte de África o el Caribe. Se impide, por lo tanto, ejercer la función empresarial y la búsqueda de negocios, al verse afectado el principal bien que busca el turista en España: la costa. Así, la Ley de Costas de 1988, que viene a derogar una ley franquista de 1969, es de las más restrictivas del mundo, e impide, so pretexto de la preservación desde un punto de vista ecológico de las costas, cualquier actuación privada. En su lugar, su explotación pasa a manos públicas; con ejemplos de aprovechamiento “publico” tan negativamente notorios como el de la playa de las Teresitas en Santa Cruz de Tenerife.

El mercado también se regula hasta el punto de restringir la oferta, impidiendo el establecimiento de hoteles. Un ejemplo de lo anterior es la moratoria turística en las islas Canarias, que cercena la competitividad en el mercado del alojamiento hotelero, protegiendo a los ya establecidos de la entrada de nuevos competidores que dinamicen el mercado. El resultado es el envejecimiento y la “prostitución” de destinos ataño emblemáticos a nivel  mundial como el Puerto de la Cruz en Tenerife.

Se equivoca Don José Luis Zoreda al reclamar la atención de los poderes públicos sobre el sector turístico. No debería, el señor Zoreda, solicitar solamente asuntos tales como una unificación de las políticas de promoción de las comunidades autónomas (que responden siempre a criterios políticos de auto-promoción del partido gobernante de turno con el dinero de todos los ciudadanos), o reclamar también la eliminación de competencias duplicadas (y hasta triplicadas) por parte de las mismas administraciones públicas (por más que ambas cuestiones supongan una importante traba para el desarrollo turístico). El señor Zoreda, en nombre de Exceltur, debería más bien reclamar lo que el filoso griego Diógenes reclamo a Alejandro Magno cuando éste se dirigió a él en plena calle para que le solicitara cualquier cosa que pudiera necesitar. Diógenes, mirando al altivo conquistador y dueño del mundo, le dijo: Sí podéis hacer una cosa por mí, apartaros, que no me llega la luz del sol.

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La frase giliprogre del día

“Si el público, al final, demanda cultura gratis deberá ser el Estado quien la pague, como ya hace con los jueces, los policías o los maestros”

(Teddy Bautista, presidente de la SGAE)

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Burka y libertad (II)

Reproducimos a continuación un artículo de Albert Esplugas en respuesta al escrito por Alvaro Vermoet, iniciando así  un interesante debate sobre la libertad de los padres para educar a sus hijos y el supuesto derecho del estado a intervenir en ello.

Compitiendo contra el burka
Albert Esplugas Boter

 
“Los partidarios de prohibir el burka piensan que los valores occidentales son superiores pero no parecen confiar en su fuerza. Si son superiores no hace falta prohibir nada, aparte de que el fundamentalismo no se elimina prohibiendo vestimentas.”
 
 
 

Sarkozy ha dado su apoyo a la prohibición del burka, por considerarlo un signo de esclavitud incompatible con una sociedad de libertades. Desde posiciones liberales a menudo se argumenta que el burka no es una simple forma de vestir, sino una forma de opresión. La vestimenta lleva implícita la sumisión de la mujer al hombre y al islam, no es una elección voluntaria sino que le ha sido impuesta por presión de la familia y la comunidad. El mismo argumento es extensible al chador, el nicab, el hijab y otras variedades de velo.

El problema con este razonamiento es que asume demasiado y diluye la diferencia entre coacción y presión social. La esclavitud es desde luego incompatible con una sociedad libre, pero también lo es prohibir el burka si alguien desea llevarlo. La mayoría de mujeres que llevan el burka, u otros atuendos islámicos menos extremos, lo hacen porque quieren. Eso no significa que se hayan decantado por el burka después de sopesar las alternativas disponibles, escuchar distintos puntos de vista y mantenerse al margen de influencias externas. Significa que en su fuero interno están convencidas de que eso es lo correcto, por incomprensible que nos parezca a nosotros. ¿Es el resultado de la estricta y retrógrada educación que han recibido y de los valores fundamentalistas de su entorno? Sí, pero eso no confiere al Estado ningún derecho a la “reeducación” forzosa.

No hay cura posible si el propio enfermo no quiere curarse, y uno de los principios éticos de cualquier médico es no administrar una medicina si el paciente no consiente. El caso del burka no es distinto: si la mujer no expresa su rechazo al burka la presunción razonable es que no quiere que se lo prohíban. La carga de la prueba debe recaer en quienes quieren interferir en su forma de vestir.

Decir que la mayoría de mujeres que llevan burka han sido coaccionadas por sus maridos o familiares no nos lleva muy lejos, pues asume lo que tiene que probar. Parece claro que la coacción (en forma de maltrato o amenaza) en las comunidades islámicas fundamentalistas se practica con más frecuencia que en el resto. Pero esta coacción está penada por la ley (probablemente no lo bastante) y corresponde a las autoridades investigar caso por caso y salir en defensa de las víctimas.

Incluso los prohibicionistas admitirán que el mal no es el burka en sí, sino el comportamiento opresor del marido, que la obliga a ponérselo. Pero entonces, ¿por qué no se encarcela directamente al marido? Si ninguna mujer lleva el burka voluntariamente significa que todos los maridos son culpables de abuso y deben ser detenidos y encarcelados. Esa es la conclusión lógica de su premisa. Si, en cambio, están dispuestos a garantizar a los maridos la presunción de inocencia, entonces no pueden argüir al mismo tiempo que sus esposas llevan el burka bajo coacción.

No me cabe duda de que los partidarios de la prohibición del burka intentan ayudar a las mujeres musulmanas. Pretenden que éstas se den cuenta de su penosa condición de sumisas, vean que hay un mundo de posibilidades ahí fuera, y reclamen a su familia y comunidad un trato más igualitario. Al mismo tiempo muchos ven el fundamentalismo islámico como una amenaza a los valores occidentales, como un virus que se irá expandiendo en nuestra sociedad (inmigración y mayores tasas de natalidad) si no tomamos medidas prohibicionistas para protegernos.

Comparto la preocupación por las mujeres musulmanas y también entiendo la amenaza que supone un minoría hostil creciente. Pero en mi opinión la solución no es prohibir y restringir, sino interactuar y competir. Alertan que Europa se está convirtiendo en Eurabia, pero es al revés: Arabia se está convirtiendo en Eurabia (o en Usabia, más bien). La influencia de nuestros valores culturales, morales y políticos en Oriente Medio es tan intensa que los gobiernos censuran los medios de comunicación e internet para que la sociedad no se “corrompa” demasiado. Aún así penetra por todas partes: a través del cine, la televisión, la música, la literatura, el deporte, la moda, los negocios… Ven nuestras series, consumen nuestros productos y tratan de imitarnos. Varios países se están modernizando socialmente (Jordania, Egipto, los emiratos del Golfo), reconociendo más derechos a las mujeres y tolerando más libertades sociales. Todavía están lejos de nuestros estándares y abundan los bárbaros, pero ésa no es la cuestión. La cuestión es que esa influencia no es mutua: sus valores puritanos y reaccionarios no penetran en nuestra sociedad, que se toma a cachondeo lo que pueda decir Mahoma en el Corán.

Lo que es más importante: las minorías musulmanas en Occidente están aún más expuestas a nuestra influencia que las sociedades de Oriente Medio. Aquí no hay censura ni lejanía física, es difícil aislarse del influjo de nuestra cultura. Los inmigrantes fundamentalistas de nueva generación quizás tienen sus valores demasiado arraigados y viven en guetos, pero en la medida en que sus hijos vayan a la escuela con otros niños occidentales, tengan amigos cristianos o ateos, lean la prensa, vean la tele, se conecten a internet, trabajen en empresas… nuestros valores harán mella. Es difícil que una mujer acepte como algo natural ponerse el burka cuando ha crecido viendo como todas las demás chicas lucían su cuerpo y su melena. Lo mismo puede decirse de encerrarse en casa cuando está a su alcance salir con amigos, estudiar una carrera y ser una mujer más independiente.

Cada siglo augura un fin del mundo distinto, cortesía de nuestro sesgo pesimista. Para unos es el calentamiento global y para otros es la invasión islámica (¡o ambos!). Los partidarios de prohibir el burka piensan que los valores occidentales son superiores pero no parecen confiar en su fuerza. Si son superiores no hace falta prohibir nada, aparte de que el fundamentalismo es una realidad social que no se elimina prohibiendo vestimentas. Hagamos que nuestra cultura y valores éticos ejerzan presión a través de la interacción y la competencia, a ver si las nuevas generaciones de musulmanes pueden resistir la tentación de una vida más libre y enriquecedora.

 Publicado en Libertad Digital
 
Albert Esplugas Boter es miembro del Instituto Juan de Mariana, autor del libro La comunicación en una sociedad libre y escribe regularmente en su blog.

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Burka y libertad (I)

Publicamos a continuación un artículo de Alvaro Vermoet sobre el uso del burka en los colegios y por qué debería ser prohibido.  Este artículo ha dado lugar a una interesantísima controversia sobre la libertad de los padres de educar a sus hijos y las supuestas facultades del estado para intervenir en la educación.  Algo que hemos venido escuchando a lo largo de todo el gobierno de Zapatero, pero con los católicos frente al estado zapateriano.

Sin una ley sobre el velo, el velo será la Ley

Álvaro Vermoet Hidalgo

 
“Que no dude Elena Valenciano que dejar sin regulación el velo islámico de las niñas en las escuelas españolas equivale a promulgar, con rango de ley, la Ley islámica para estas niñas.”

La secretaria de Política Internacional del PSOE, Elena Valenciano, se ha referido recientemente a la reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa. En relación al uso del velo islámico en la escuela, ha explicado que no se regulará debido a que “su uso no es un problema en España”. Sí lo son, al parecer, los crucifijos que pueda haber encima de la pizarra de una escuela pública, ya que es ese el único objeto de la reforma en lo referido a los símbolos religiosos en la escuela pública.

En realidad, el error está en considerar que el desafío del velo islámico sea un problema que afecta a la aconfesionalidad del Estado o al papel de las religiones en la vida pública. Lo que está en juego cuando un padre musulmán lleva al colegio a su niña de 6 años con la cabeza cubierta por un velo es algo que creíamos tener tan asentado como el Estado de Derecho y el imperio de la Ley. Lo que en realidad se cuestiona no es la aconfesionalidad del Estado sino la capacidad de las sociedades europeas de imponer las normas democráticas sobre lo que para una creciente parte de los habitantes de Europa es la Ley de Dios, y que implica el rechazo a cualquier forma de integración en las sociedades occidentales.

No cabe duda de que en un Estado no confesional la presencia de crucifijos en las escuelas o instituciones públicas resulta una reminiscencia extravagante. Ahora bien, es igualmente evidente que lo único que hay detrás de que los socialistas reformen nada más y nada menos que una ley orgánica para agitar el debate sobre la religión en las aulas es movilizar a su propio electorado y arrinconar una vez más al PP para poder presentarle como un partido confesional, conservador y anticuado. El debate sobre los crucifijos, como el de la asignatura de religión o el de las estatuas de Franco, es una estrategia de la izquierda para estigmatizar a la derecha. Una batalla propagandística que deja de lado el único desafío que se plantea contra las instituciones democráticas y al que nadie está haciendo frente.

Volviendo a las declaraciones de Elena Valenciano, afirma la dirigente socialista que no se regulará la cuestión del velo porque la ley no se inspira en el laicismo francés y no busca prohibir cualquier ostentación religiosa en el vestuario de los alumnos. Es verdad que en Francia es la laicidad el argumento de fondo para prohibir el velo en la escuela o, dentro de poco, el burka en los espacios públicos, pero lo que en el fondo se busca proteger es el respeto a los valores y a la identidad nacional de Francia, de la que la laicidad es una mera representación. En realidad, Francia es una sociedad mayoritariamente católica y significativamente practicante, y no existe acoso alguno hacia la práctica religiosa. Cuando se prohibió el velo, la batalla estaba entre una sociedad que quería preservar sus valores –la igualdad de la mujer, la laicidad, la identidad nacional– y los imanes que agitaban el uso del velo entre las niñas musulmanas como manifestación inequívoca de la voluntad de no integrarse en la sociedad de acogida y, desde luego, de afirmar la supremacía de la Ley de Dios musulmana frente a las leyes que aprueben los parlamentos democráticos.

Por otro lado, acierta la dirigente socialista al decir que no siempre es el velo una cuestión religiosa, sino que tiene otras connotaciones, culturales o identitarias. Precisamente por ello, es el velo y no los crucifijos lo que hay que regular en la escuela pública, porque son un símbolo del desafío de los islamistas que pregonan por toda Europa –haciéndose valer de la supuesta libertad religiosa de las niñas– que los musulmanes no deben integrarse en las sociedades europeas. Qué poco queda del laicismo provocador y anticlerical de la izquierda cuando se enfrenta a un crucifijo casi desprovisto de significación en vez de a la férrea voluntad islámica de utilizar a las niñas musulmanas como panfleto de rechazo a la integración, a la laicidad y a la igualdad de la mujer que dice defender la izquierda.

Si no regulamos el uso del velo en la escuela y dejamos la decisión a la supuesta “libertad individual”, lo que estamos haciendo en realidad es encubrir otra ley, la Ley de los imanes que pretenden conservar, en plena Europa, el estatus de desigualdad de la mujer y de los homosexuales en el mundo islámico.

Que no dude Elena Valenciano que mientras se entretiene con los crucifijos sin atreverse a impedir que una niña de 6 años vaya tapada a clase sólo por haber nacido musulmana, está defendiendo la desigualdad de las niñas musulmanas en la sociedad española. Que no dude que dejar sin regulación el velo islámico de las niñas en las escuelas españolas equivale a promulgar, con rango de ley, la Ley islámica para estas niñas, que se verán sometidas de hecho al humillante estatus que reserva el islamismo para la mujer. Y, entonces, tendremos que oír a la Elena Valenciano de turno decir que la proliferación de velos y burkas no es sino una manifestación propia de una sociedad plural, multicultural y abierta.

Y, mientras tanto, esas niñas habrán crecido en España bajo la supremacía de la Ley islámica.

 
Publicado en Libertad Digital
 
Álvaro Vermoet Hidalgo es presidente de la Unión Democrática de Estudiantes, miembro del Claustro de la Universidad Autónoma de Madrid, consejero del Consejo Escolar del Estado y autor del blog Cien Mil Objeciones.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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America: welcome to socialism

Mientras los palmeros de siempre siguen haciéndole la ola al Zapatero negro, acabo de leer una noticia que me deja de piedra:  

Obama ya supera el déficit de toda la administración Bush

Y semejante noticia me hace preguntarme si los norteamericanos sabían dónde se metían en noviembre pasado cuando votaron al señor del “Yes we can”.     Obama no lleva en la Casa Blanca ni siquiera 8 meses y ya ha superado todo el déficit combinado de los 8 años de la administración Bush.

Y el PIB sigue bajando (3.9% desde el año pasado). Y el paro sigue subiendo.  Y el gasto público sigue subiendo: rescate a bancos y automotrices quebrados, “cash for clunkers”, plan de seguridad social universal (que los americanos no quieren).  Y lo que siga.

obama-socialismo-o-muerteSegún un estudio de la Heritage FoundationObama se va a gastar 30.958 dólares por cada hogar americano. Un gasto que costará a cada una de las familias estadounidenses 17.576 dólares en concepto de impuestos  y 13.392 en concepto de deuda, es decir, impuestos que tendrán que pagar en el futuro.

Pero el Zapatero moreno no está satisfecho y prevé  incrementar un 22% el gasto público durante 2009.  Esto generará un déficit presupuestario superior a todo el déficit generado por la Administración Bush entre los años 2002 y 2007 combinados. 

El déficit norteamericano antes de la crisis oscilaba entre  los 150.000 millones de dólares y los 350.000 millones de dólares.  Pero con Obama ha trepado a 917.000 millones de dólares.  El triple.   Esto implica una deuda pública del 77% del PIB, y un total de gasto en intereses anuales de 774.000 millones.

Y así siguen las previsiones obamitas:  para los próximos 10 años un déficit de  10,6 billones de dólares:  o sea, unos 80.000 dólares por hogar en deuda.

America: Welcome to socialism.

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¿De verdad quiere usted ser libre?

¿El sistema español de salud es mejor? no creo, fíense de lo que hacen los que pueden, si están malitos se van a Houston. Tampoco me diga que el nuestro es gratuito, que no es, diga que no sabe lo que le cuesta. También en Estados Unidos la Sanidad cubre gratuitamente al indigente, no crea lo contrario.

Hoy no hablo de Derecho si no de su principal presupuesto, la libertad del ciudadano. Una de estas mañanas escuchaba al Profesor Rodríguez Brown, siempre una fuente de inspiración, decir algo obvio, a saber, que los servicios públicos los pagamos entre todos, sin la menor posibilidad de elección por nuestra parte. Frente a este, otra tertuliana ponderaba sobre un consenso básico utilizando el ejemplo de la Sanidad, que comparándola con Estados Unidos era, según su criterio, infinitamente mejor….

Por desgracia el debate siguió  otro rumbo abortando una cuestión interesante.

En principio el hombre se organiza en sociedad para evitar  riesgos, satisfaciendo al tiempo sus necesidades elementales (supervivencia, reproducción), cediendo a la colectividad su capacidad de decidir. Una sociedad es más evolucionada en función de que asegure una mejor satisfacción de las necesidades de sus integrantes, con un menor sacrificio de su capacidad de decidir, es decir, de la libertad de sus ciudadanos; al menos, es así en la tradición euro-americana, la Ilustración.

¿El sistema español de salud es mejor? no creo, fíense de lo que hacen los que pueden, si están malitos se van a Houston. Tampoco me diga que el nuestro es gratuito, que no es, diga que no sabe lo que le cuesta. También en Estados Unidos la Sanidad cubre gratuitamente al indigente, no crea lo contrario.

Sin embargo sí hay importantes diferencias, a saber. En Estados Unidos contratas, si quieres un seguro más o menos amplio, sabiendo lo que pagas y lo que recibes, sabiendo también el riesgo que asumes si no lo haces, y es que respondes con todos tus bienes del coste de un eventual servicio medico.

En Estados Unidos decides tú  si quieres recibir o no un tratamiento, una vez debidamente informado, aquí lo decide quien sea, te informan o no, y te lo aplican quieras o no (acuérdese de los testigos de Jehová y las transfusiones de sangre).

Y por ultimo, en Estados Unidos, si se equivocan te indemnizan de verdad, aquí ya sabe lo que pasa…

No digo que el sistema americano no esté exento de defectos, incluso graves, el nuestro también, pero me gusta una filosofía donde el ciudadano sigue eligiendo; en España la tradición autoritaria de derechas e izquierdas ve con recelo que las personas decidan, siempre es mejor que lo hagan los burócratas, yo , particularmente, me considero mayor de edad y detesto que el Estado considere que debe, por mi bien, elegir por mi aunque ello suponga asumir el riesgo de determinadas decisiones.

Artículo de José María de Palacio, publicado en España Liberal

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Un desatino cebrianés

Ayer comentábamos la pataleta que le ha dado a Janli Cebrián por el tema del la TDT de pago (que lo deja fuera del negocio del fútbol a él y a su grupo PRISA). 

Hoy dejo que -con su desenfado y su lógica lapidaria e inapelable- se los explique Francisco Capella, del Instituto Juan de Mariana.

Un desatino cebrianés

Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo PRISA, es tan generoso con sus lectores que les avisa de que lo que ha escrito en su artículo es un desatino acerca de la TDT de pago. Comienza mencionando el franquismo, y es que hay gente que lo conoció bien, medró con él, y no pueden dejar de recordarlo; o quizás quiere manchar con tintes  franquistas a quienes va a criticar, pero eso sería un golpe bajo seguramente impropio de su nivel argumentativo.

Cebrián protesta contra la mala costumbre de gobernar a golpe de decreto ley, porque no suele haber la “extraordinaria y urgente necesidad” que requiere la Constitución. Pero la Constitución no menciona de quién o para qué sea esa extraordinaria y urgente necesidad, y el Gobierno de ZP y sus amigos de la Sexta (a quienes con muy mala educación nunca menciona por su nombre) son conscientes de que comienza la temporada de fútbol (urgencia) y no pueden seguir ofreciéndolo gratis con el pastón que les han costado los derechos de emisión (extraordinaria necesidad).

La Cuarta y la Sexta han negociado para formar una Quinta de Buitres y repartirse la tarta jurgolera, pero parece que no se han puesto de acuerdo y ahora en Prisa están muy enfadados. Tanto, que al de la ceja y a sus subalternos les tacha de “sedicente talante democrático”, algo feísimo. Y dice que no tienen calidad democrática y que no respetan la división de poderes: quizás se refiera al reparto del poder entre los socialistas y su antigua maquinaria de propaganda periodística, ahora traicionada por otra más joven. Y es que son arbitrarios, inmorales, maniáticos y ensoñadores.

Para Cebrián ha sido un “abuso gubernamental perpetrado” por el Gabinete al aprobar “por decreto ley la implantación del sistema de pago en la Televisión Digital Terrestre”. Suárez y González también hicieron lo del abuso del decreto ley, pero Cebrián se siente magnánimo y los perdona, porque era la Transición (qué tiempos aquellos) y “se trataba de construir la democracia y de hacerlo de manera efectiva y rápida”. Que no disculpe lo de ZP ahora quizás se deba a que disfrutamos de una democracia sólida y consistente, o tal vez porque ahora se trata de destruirla de manera efectiva y rápida.

Cuando habla de “favorecer los intereses de una empresa cuyos propietarios están ligados por lazos de amistad al poder” conviene prestarle atención porque el tema se lo sabe al dedillo. Quizás los lazos ahora no son tan cordiales (del amor al odio, ya se sabe que hay un paso) y presa de los celos ahora parece que quiere lanzar un recadito al PSOE y recordarles a “los votantes que creen en la moralidad de las propuestas de los políticos”. Esos votantes que quizás lean El País y sigan sus directrices electorales.

Cebrián alaba las virtudes de la competencia leal y transparente, de la que son fervientes partidarios él y su empresa, ahora que ya están más o menos establecidos (antes no se recuerda este entusiasmo); pero estima que “el panorama audiovisual español ha sido manoseado hasta la obscenidad por este Gobierno mediante medidas parciales y caprichosas”. Otros gobiernos seguramente no han manoseado hasta la obscenidad el panorama audiovisual español mediante medidas parciales y caprichosas. No pensemos en Canal Plus, ni en la Cuatro, ni en la Ser, ni en Antena 3…

En su película hay otro malo muy malvado, quizás para que le sirva de advertencia a ZP a ver si se arrepiente de sus errores y se redime: Aznar, que echó la derecha al monte y desde entonces “sólo asistimos a políticas de división y enfrentamiento”. Esta es la moraleja final de su mensaje: derecha mala, evitemos las peleas entre los izquierdistas  de ambos emporios mediáticos.

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Por qué Keynes estaba equivocado

El gobierno elefantiásico, en el cual muchos países ya estamos y hacia el cual otros van corriendo, ha sido un error garrafal que nos aprestamos a repetir.

En este vídeo del Center for Freedom & Prosperity (con subtítulos en español) nos explican concisamente por qué el keynesianismo fue un error.  Y por qué es un error resucitar esas ideas de “estímulo”.

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