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La estupidez ultramontana y el “alaicismo”

Perlita que nos viene desde una de las capitales de Europa.  El alcalde (socialista, como no) de Estrasburgo, Roland Ries, lo deja claro:  en su ciudad lo que manda no es el laicismo sino el “alaicismo“:

“Nous servons de la viande halal par respect pour la diversité, mais pas de poisson le vendredi par respect pour la laïcité.”

Que en cristiano quiere decir:  “Nosotros servimos la carne halal por respeto a la diversidad, pero no pescado el viernes por respeto al laicismo”.

La coherencia hecha alcalde.  Alberto Ruiz-Gallardón debe estar revolviéndose de rabia en su nueva poltrona porque no se le ocurrió antes a él.

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El genocidio del que nadie habla: los cristianos en el mundo islámico

Está sucediendo desde hace años.  Y es totalmente silenciado por los medios de comunicación de masas que se dedican a hablar de las flotillas palestinas y las payasadas de los Willys Toledo de turno.
Es un hecho que los cristianos son perseguidos, hostigados y asesinados en el mundo islámico.  Sucede en varios países:  Marruecos, Nigeria, Pakistán, Egipto….
A quien le interese informarse sobre las persecuciones sufridas por no-musulmanes en países islámicos, recomiendo visitar la página de Wikislam, donde podrán ver las últimas noticias país por país.
De esto nadie habla:
Honrando a la verdad
La foto publicada a continuación ha sido ampliamente difundida en internet para hacer conocido este genocidio, pero no refleja estas matanzas, sino un horroroso accidente sucedido en Congo, en el que estalló un depósito de combustible, que costó la vida a 230 congoleños que se encontraban disfrutando de un partido de fútbol del campeonato mundial de Sudáfrica que terminó ganando España.

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Urgente! Concentración para pedir la libertad de Youcef Nadarkhani

Youcef Nadarkhani, un joven cristiano, espera en una prisión de Irán a que, de un momento a otro, un tribunal ordene ejecutar la sentencia de muerte que pesa sobre él. Su delito es profesar una fe distinta del islam en un país sometido a la Sharia, la Ley Islámica, y gobernado por un régimen teocrático y tirano.

Youcef Nadarkhani.

Es imperativo que nos movilicemos y pidamos al gobierno de la República Islámica de Irán que revoque la sentencia de muerte que pesa sobre Youcef Nadarkhani y ponga en libertad a este joven cristiano, de 34 años, casado y con hijos.  Por favor, firma la petición aquí.

Youcef puede ser ejecutado de un momento a otro. El pasado lunes 26 de septiembre, un tribunal local de la provincia iraní de Gilan confirmó la sentencia a la pena capital.
HazteOir ha convocado una concentración ante la Embajada de Irán, en la calle de Jerez número 5 (ver mapa) HOY, lunes 3 de octubre de 2011, a las 18.30 horas.

NO FALTES!

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Bienvenidos a la república de Euskarabia

A través de Fanfatal me llega esta horripilante noticia, que temo que pronto empezará a producirse y reproducirse en toda la geografía española y europea.  Todo gracias a la estulticia rebautizada “corrección política” de la nueva religión fomentada por “La Casta”: el multiculturalismo.

Una pareja de hombres fueron víctimas la noche del pasado viernes en Bilbao de una agresión física.  Un hombre de origen árabe le rajó la cara a uno de ellos con un cuter, desde la oreja hasta el labio.  ¿El motivo?  Que se estaban dando un morreo.

Los hechos sucedieron en el casco viejo de Bilbao.  Primero los llamó “maricones” mientras se estaban dando un beso,e inmediatamente sacó un cuter de su bolsillo, hiriendo a uno de ellos, tras lo cual, se dio a la fuga.  Muy “valiente” el moro.    Esto de aplicar la sharia se lo están empezando a tomar muy a pecho algunos…

Se ha convocado a una concentración de repudio a la agresión para mañana, 30 de noviembre,  a las 20.00 horas en la Plaza del Teatro Arriaga de Bilbao.

Si bien no se menciona en la prensa la religión de este “señor de origen marroquí, si sabemos lo que en los países árabes les pasa a los homosexuales.   Sin ir más lejos, hace unos meses, en el “moderno” país de origen del agresor, el sultanato del gran amigo de Zapatero, Mohammed VI, se anunció el fin de la tolerancia a la homosexualidad.  No vamos a mencionar las cosas que les hacen a los gays en otros países, donde se aplica la sharia:

 

 

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Burka y libertad (V)

A la polémica sobre el tema entre  Alvaro Vermoet y  Albert Esplugas, con sus réplicas  y contrarréplicas,   sumamos ahora una nueva opinión, la de José Carlos Rodríguez, también del Instituto Juan de Mariana.  Reproducimos a continuación su artículo sobre el tema para El Imparcial.

La libertad en burka

No abundan los debates en la prensa española, y de ello se resienten los lectores, a quienes les encanta ver a los periodistas atizarse a modo. Como Albert Espulgas y Álvaro Vermoet son personas extremadamente educadas, su encontronazo no tiene el mordiente de otros. Pero sí la profundidad que, precisamente, falta en otros cruces de artículos.Con el permiso de ambos, o sin él, que para eso está el espacio público, me meto en este intercambio, que trata sobre la conveniencia de prohibir el uso del velo en la calle. Sarkozy ya le ha levantado el velo a las francesas, quieran o no, y Vermoet defiende esa misma política para los colegios públicos de España. Llevar velo, dice, es un desafío a las libertades de los circundantes, porque supone, nada menos, que el intento de sustituir nuestra tradición liberal por la ley islámica. Quizá sea excesivo el poder que le otorga al velo que cubre una niña. Ese velo no es una jurisdicción y, de hecho, las niñas que lo lleven y sus padres están tan sometidos a nuestras leyes como los demás. ¿De veras la forma de vestir(se) es una amenaza?

Vermoet, entonces, pasa a un segundo plano de ataque y dice que los niños no tienen plena responsabilidad ni capacidad para decidir por sí mismos. Eso es cierto. Lo que me parece discutible es la idea de que quien deba decidir por ellos sea… ¡El Estado! ¿No tendrán más derecho sus padres a decidir cómo va vestido?La libertad tiene que dejarse a su albedrío, aunque sea en burka.

Resulta que no, y este es el tercer asalto, porque los colegios públicos tienen derecho sobre el espacio que ocupan y pueden, en impecable lógica liberal, imponer sus normas. Con lo cual, hemos llegado al meollo de la cuestión. La calle, los edificios públicos y demás espacios en manos del Estado, ¿pueden suspender los derechos de la persona, como el de expresión o religión, simplemente porque los pisamos? Si ponemos un pie en la calle, ¿se suspenden por ello nuestros derechos y quedamos a merced de lo que diga el dueño, i.e., el Estado?

En absoluto. El Estado, con una vocación expansiva sin límites, tiende a ocupar todos los espacios y a someterlos a sus normas. Su mera presencia, o su titularidad, no es argumento suficiente para socavar nuestros derechos, que son previos al Estado, propios de la persona, y no tienen porqué ceder ante sus pretensiones.

De hecho ocurre, como reconoce Álvaro Vermoet. Se prohíbe la simbología nacional socialista. Pero el ejemplo de una injusticia, como es la censura en este caso, no es argumento suficiente para cometer otra. Ese camino nos llevaría a la justificación de cualquier crimen posible, incluso masivo. Se puede justificar el nacional socialismo con el antecedente del comunismo, o viceversa.

Conozco del pensamiento de Álvaro Vermoet todo lo que de él ha dejado huella. Está preocupado por que la incidencia de otras culturas rompan la armonía social, sustentada en valores en los que él, como yo, cree firmemente, y que se refieren al respeto, la libertad, la igualdad ante la ley y demás. Pero considera, contra mi opinión (y la de Albert Espulgas), que la libertad puede imponerse.

 

 

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9-11

Hoy se cumplen 8 años de los atentados terroristas de las Torres Gemelas.

Mucho se ha dicho, mucho más se dirá.  Pero hay una cosa que me queda clara:  que entonces decían : UNITED WE STAND (estamos unidos).  Y a juzgar por este vídeo, seguirán unidos y orgullosos de ser americanos.

Tendríamos que aprender de ellos…

Pledge of Allegiance

“I pledge allegiance  to the flag of the United States of America and to the republic for which it stands: one nation under God, indivisible with liberty and justice for all”.

Juramento de Lealtad

“Yo prometo lealtad a la Bandera de los Estados Unidos de América y a la República que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos.”

God bless the USA.

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Burka y libertad (IV)

Y la polémica sigue…
Al primer artículo de Alvaro Vermoet, siguió la respuesta de Albert Esplugas, luego la contrarréplica de Alvaro Vermoet, y ahora tenemos una nueva respuesta de Albert Esplugas. 

¿Competencia cultural o integración forzosa?
Albert Esplugas Boter

 
“Si es legítimo prohibir el burka porque “representa el integrismo islámico y la esclavización de las mujeres”, ¿por qué no prohibimos las camisetas del Che, que representan la mayor tiranía que ha asolado la humanidad?”

Álvaro Vermoet escribe una réplica a mi artículo Compitiendo contra el burka después de que hiciera un comentario crítico a su artículo en defensa de prohibir el velo islámico en la escuela pública.

Según Vermoet, mi crítica a la prohibición del velo omite dos cuestiones relevantes desde un punto de vista liberal: hablamos de menores de edad, sobre los cuales el Estado tiene potestad para dictar normas de comportamiento; y el Estado es el titular de las escuelas públicas, luego tiene derecho a establecer las normas que estime oportunas.

Ninguno de los dos argumentos me parecen coherentes con los principios liberales. En efecto hablamos de menores de edad, pero son los padres y no el Estado los que deben decidir sobre la educación de sus hijos. El Estado no tiene ningún derecho a interferir en tanto no se produzca maltrato o abuso, y hacer una excepción para determinados colectivos religiosos no sólo vulnera sus derechos sino que sienta un precedente que puede volverse en tu contra (como de hecho ocurre con asignaturas como Educación para la Ciudadanía). Es ingenuo pensar que el Estado va utilizar el poder que se le ha concedido en la dirección que uno personalmente desea.

No basta que alguien sea el titular de una propiedad para reconocer su derecho a establecer las normas, hace falta que sea titular legítimo. Si Pedro me roba el coche no tiene luego ningún derecho a llevarlo al desguace. El Estado, que usurpa a los padres el poder decisión en el ámbito educativo (y, vía impuestos, los medios económicos para tomarla), es la antítesis del propietario legítimo. La educación debería privatizarse y desregularse completamente, permitiendo que el mercado ofrezca una amplia variedad de modelos educativos. La competencia fomentaría la excelencia y presionaría los precios a la baja. Los padres, y no el Ministerio de Educación, decidirían lo que es mejor para sus hijos.

Este es el escenario ideal, extremo que quizás Vermoet no comparte. Pero no es el escenario actual, ¿qué normas de conducta deben regir en la enseñanza pública mientras ésta exista? Yo soy partidario de conceder autonomía a los padres dentro del sistema público: si se recluta a sus hijos, al menos que puedan elegir en la medida de lo posible. Si quieren que lleven un crucifijo o un velo por motivos religiosos, creo que es razonable permitirlo. El laicismo en la escuela no es neutro, también implica una imposición de valores (a saber, impone un ambiente no-religioso que los padres a lo mejor no desean). El argumento de Vermoet de que no puede cuestionarse el derecho del Estado a imponer normas de conducta va en contra de su defensa del derecho de los padres de elegir la lengua oficial en la que sus hijos deben estudiar. ¿Acaso no cuestiona que la Generalitat excluya el castellano de las aulas, aludiendo al derecho a elegir de los padres?

Lo mismo respecto a las calles y otros espacios públicos (que también privatizaría). Me inclino por la tolerancia de comportamientos pacíficos en espacios públicos, entre ellos vestir un burka. Por otro lado, tampoco hacen faltan leyes para prohibir el nudismo o los emblemas nazis, basta la costumbre (o el sentido del ridículo), que es lo que guía la mayoría de nuestros comportamientos. El código penal no prohíbe ir desnudo por la calle, y en Barcelona hubo asociaciones nudistas que incluso promocionaron ir por la vía pública sin ropa. Todavía no he visto a nadie paseando como vino al mundo.

Dicho esto, el burka y el nudismo no son equiparables. La razón por la que algunos quieren prohibir el nudismo (o el burkini en las piscinas públicas) es de tipo higiénico, o porque se considera de muy mal gusto, poco decoroso, etc. Dejando a un lado si este argumento justifica la prohibición del nudismo en la calle, las razones que se utilizan para defender la prohibición del burka suelen ser otras (pues vestir un burka es literalmente lo contrario que ir desnudo): opresión de la mujer por parte del marido, sumisión al Islam etc. Es decir, se pretende prohibir el burka por motivos paternalistas (para proteger a las mujeres de su propio adoctrinamiento y religiosidad, o porque se asume que están siendo coaccionadas, etc.).

Vermoet, no obstante, rechaza el argumento paternalista y defiende la prohibición de los velos integrales en base a su condición de “símbolo político”. Pero no parece darse cuenta de que entonces entramos en el terreno de la libertad de expresión. Si es legítimo prohibir el burka porque “representa el integrismo islámico y la esclavización de las mujeres”, ¿por qué no prohibimos las camisetas del Che, que representan la mayor tiranía que ha asolado la humanidad? Numerosos símbolos, propaganda y opiniones políticas tienen una influencia bastante más devastadora que el burka, pero obviamente no se prohíben porque sería una atentado contra la libertad de expresión.

Vermoet habla de “destalibanizar” Afganistán como se “desnazificó” Alemania, algo que Estados Unidos está lejos de conseguir después de ocho años de ocupación y que va a la raíz del problema: el burka es una manifestación externa de determinados valores, y no vas a cambiar esos valores arraigados prohibiendo sus manifestaciones externas. De hecho puede que tenga el efecto contrario, al percibir los afectados que se ataca su religión y su identidad. Alemania se “desnazificó” porque los alemanes mismos repudiaron esas ideas, no porque se prohibieran los símbolos nazis o se llevara a cabo una “reeducación forzosa”.

Vermoet dibuja un cuadro bastante negro de la situación actual: fundamentalismo en auge en el mundo musulmán, radicalización de las minorías en Occidente. La no-integración de muchos musulmanes no es un problema baladí, y el fundamentalismo islámico es preeminente en varios países. Pero la realidad sigue siendo que los países musulmanes más retrógrados son también los más atrasados, y los más avanzados (Turquía, Jordania, los emiratos del Golfo) están muy influidos, en distinto grado, por nuestra cultura y son bastante más tolerantes y cosmopolitas. En Gaza puede que se vean mujeres con burka en la playa, pero en Dubai se puede llevar bikini. Creo que es obvio cuál de las dos regiones es la más pujante.

Como apuntaba en mi artículo anterior, la influencia de nuestros valores en Oriente Medio es tan intensa (a través del cine, la televisión, la música, la literatura, el deporte, la moda, los negocios) que los gobiernos se ven obligados a censurar los medios para que la sociedad no se “corrompa”. En Occidente ni nos planteamos la censura en esos términos, porque los mensajes reaccionarios de Mahoma o el Corán no tienen ninguna acogida entre nosotros. Así es como se demuestra la superioridad de los valores occidentales.

Aún más difícil es aislarse del influjo de nuestra cultura si se trata de un musulmán viviendo en Occidente. En la medida en que sus hijos vayan a la escuela con otros niños nativos, tengan amigos de otras creencias religiosas, vayan al cine o a jugar al parque, vean la tele, se conecten a internet, lean la prensa, vayan a la universidad, trabajen en empresas o monten un negocio… nuestros valores harán mella. La intolerancia se cura interactuando con gente que piensa y actúa distinto. La guetización dificulta esa interacción, pero no creo que la mayoría de familias musulmanas puedan aislarse herméticamente con éxito aunque quieran, sobre todo en el caso de los más jóvenes. No en vano han inmigrando a Occidente con el fin de prosperar y eso normalmente implica ir a la universidad, participar en el mercado laboral o comerciar con gente diversa.

En mi crítica resaltaba el hecho curioso de que se tome como referencia el modelo de integración francés y no el de Estados Unidos, donde la prohibición del velo ni siquiera es debate. Al fin y al cabo Estados Unidos no padece los problemas de inmigración que tiene Francia, pese a tener una proporción mucho mayor de inmigrantes. Vermoet responde que en Estados Unidos sí hay integración política y los musulmanes no odian los valores del país, pero la razón por la que esto es así quizás hay que buscarla precisamente en la actitud americana más respetuosa con la diferencia. En Estados Unidos no tienes que renunciar a tu identidad o a tu cultura para ser considerado americano y, recíprocamente, considerarte americano. En Francia se exige una asimilación más fuerte si quieres ser considerado francés. La integración muchas veces requiere también de una actitud abierta o respetuosa por parte de la sociedad receptora. Sobre todo se trata de no fomentar estereotipos que alienen a los inmigrantes más susceptibles de dejarse influir, y de tenderles la mano o incluso encontrarse a mitad del puente si hace falta. Si perciben rechazo y hostilidad de entrada es probable que se autoexcluyan.

Publicado en Libertad Digital

Albert Esplugas Boter es miembro del Instituto Juan de Mariana, autor del libro La comunicación en una sociedad libre y escribe regularmente en su blog.

Vermoet habla del Reino Unidos y de Londres, ciudad en la que vivo. Tiene razón en que hay muchos guetos, mezquitas y una minoría radical, pero en general (y pese a los atentados terroristas de 2005) su modelo de integración funciona mejor que otros. Londres es un mosaico de culturas y nacionalidades conviviendo en casi perfecta armonía. No hay disturbios racistas, se puede pasear tranquilo por cualquier barrio (los ricos dejan sus Ferrari y sus Bentley aparcados en la calle, sin temor a que nadie los raye, robe o queme) y rebosa vitalidad, contrastando con un París envejecido y a ratos conflictivo. Londres es una ciudad internacional con conciencia de serlo. París es una ciudad francesa con inmigrantes.

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