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Enziklopedia perroflauta

Acaba de salir al mercado este desopilante libro que -en clave de humor- pretende explicar desde el humor este fenómeno tan español que es el perroflautismo:  unos pijos holgazanes, sin oficio ni beneficio, que llegaron 40 años tarde a Mayo del ’68.

Un libro imprescindible para comprender el fenómeno perroflauta.

¿Te sientes perdido en las Asambleas de su barrio? ¿Quieres saber todas las claves del movimiento que ha puesto al Estadospañol patas arriba? ¿Aspiras a vivir a costa de los demás?

En versión electrónica, a 7,99 euros nada más.  Imperdible.  Se puede comprar en Amazon.

Aquí una entrevista a uno de los autores -Fernando Díaz Villanueva- sobre lo que les inspiró a escribir esta enziklopedia.

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Niños de hoy

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Economía básica para católicos

Por Samuel Gregg

Todos los años, muchas personas que realizan estudios de índole teológica, al igual que numerosos seminaristas protestantes, ortodoxos y católicos, emprenden en todo el mundo cursos de ética social en centros religiosos, seminarios y facultades de teología.

Aunque el contenido de estos cursos experimenta lógicas variaciones, todas las clases tienen que hacer frente a preguntas que surgen de la realidad de fenómenos tales como la pobreza y el desempleo, por no mencionar asuntos más complejos, como pueden ser los niveles del salario justo (…) Es conveniente que los seminaristas estudien esta clase de temas. Aunque, últimamente, la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo ha mostrado un espíritu trascendental en su inspiración y en su realización, también (…) ha tenido que vivir profundas implicaciones en los asuntos terrenales. Las exigencias que nos hacen los Evangelios son de una naturaleza profundamente moral, pero la vida cristiana no está limitada a una ordenación de la vida moral de la persona. Como apunta Germain Grisez, esto tiene una dimensión social que no es menos importante, porque la vida de la sociedad nos presenta dilemas a los cuales hemos de responder con una actuación libre, de forma que nuestro comportamiento se muestre siempre de acuerdo con las demandas que se nos hacen en los Evangelios. La proclamación de que Jesucristo es Nuestro Señor no quiere decir que sus demandas hayan de limitarse únicamente a la vida privada de la persona. Pues si bien los Evangelios contienen importantes normas sobre la forma en que hemos de organizar nuestra vida personal, los mismos mandamientos incluyen una serie de implicaciones que hacen referencia a cómo hemos de tratar de organizar el mundo social y político en el que vivimos. Así pues, sea cual sea el amplio significado de la expresiónseparación de la Iglesia y el Estado, eso no quiere decir, como observa George Weigel, que los cristianos hayan de creer o de aceptar “la separación de la vida pública; o la proscripción de aquellos argumentos fundamentados religiosamente en lo que constituye la vida pública”.

A pesar de la atención que se concede en los seminarios y en las facultades de Teología a los asuntos de la política social, resulta un hecho curioso que sean pocos los seminarios que traten de un tema tan importante como la economía. Como disciplina de índole intelectual, la economía juega, potencialmente, un significativo papel en el desarrollo del pensamiento social cristiano. El clero cristiano, del mismo modo que los teólogos y filósofos que se ocupan del estudio de lo que a menudo se describe como “la cuestión social”, corre el riesgo de equivocarse a la hora de tratar la complejidad de los temas sociales si pierde de vista la auténtica comprensión de lo que constituye la economía. Pocos son los moralistas cristianos de hoy día que, a la hora de exponer sus ideas sobre la santidad de la vida, desde el momento de su concepción hasta el de la muerte, no hayan investigado la percepción científica, cada vez más acusada, referida al desarrollo de la persona desde su origen. Por ello, cuando se tocan temas tales como la economía política o el mundo empresarial, parece razonable esperar que el clero cristiano se sienta familiarizado, en alguna medida, con los principios económicos más básicos. Aunque una vida dedicada a la oración, al estudio de las Escrituras y a la práctica virtuosa represente el fundamento de la formación de todo cristiano, aquellos que deseen proporcionar una verdadera ayuda a los marginados y a los económicamente más débiles necesitarán, seguramente, un cierto conocimiento de lo que constituye la economía moderna. Por desgracia, son muchas las instituciones teológicas y los seminarios que no ofrecen cursos que puedan proporcionar a sus estudiantes este tipo de conocimientos.

Es verdad que la mayoría de los seminarios tratan de alertar a sus estudiantes sobre la realidad del mundo de los pobres y de los marginales pidiéndoles, por ejemplo, que empleen buena parte de su tiempo trabajando con los sin techo. Pero si bien este tipo de actividades suele poner a los seminaristas cara a cara con el submundo de la vida económica moderna, la capacidad para debatir de forma sistemática y filosófica los principios fundamentales de la economía suele constituir para ellos un tema un tanto extraño. Y, sin embargo, ¿cómo van a poder discernir adecuadamente estas personas la manera en la que los mecanismos de oferta y demanda afectan al mundo comercial si carecen de la debida preparación? Es necesario que el pensamiento justo (ortodoxia) preceda a la justa acción (ortopraxis).

Al decir esto no se pretende que todo aquel que desee prepararse para el sagrado ministerio haya de poseer un sofisticado conocimiento de lo que es el mundo de la economía. Y, por tanto, tampoco se ha de conceder a esta materia la misma importancia que requiere el estudio de las Escrituras o el de la teología moral. No obstante, es necesario que a menudo recordemos que la prioridad de la ética social cristiana no posee efectividad per se.

Afirma Stanley Hauerwas que, en lugar de “intentar hacer al mundo más justo y pacífico”, la principal tarea ético-social de la Iglesia es “ser Iglesia”. Y esto significa que la Iglesia ha de ser una referencia y un testimonio de la verdad de Dios. Por ello, aunque los cristianos deban ocuparse de los necesitados y de los pobres (que no han de ser sólo los materialmente pobres), deberían hacerlo de acuerdo con las prioridades características de la Iglesia, antes que con aquellas que afectan almundo.

El dar auténtico sentido al mundo moderno puede constituir todo un desafío y un ejercicio frustrante. La pluralidad de los problemas que nos afectan –el desempleo, la explotación laboral, la cultura de marginación de la muerte– puede parecer, a veces, una tarea abrumadora. Y sin embargo, y a pesar de la complejidad que implica el término, los cristianos no pueden ignorarlo; sobre todo porque tienen importantes mensajes que han de trasladar a los habitantes de ese mundo. (…) el teólogo Carl Henry anima a los cristianos a que no se recluyan en un gueto sino que, por el contrario, asuman la responsabilidad de ser la luz del mundo y la sal de la tierra:

Aunque el movimiento cristiano necesite poner en tela de juicio el dogma de que los medios políticos van a resolver todos los problemas de la humanidad, es necesario que no se relegue la utilización de estos medios para lograr unos objetivos adecuados y legítimos. La Iglesia debe exponer la voluntad revelada por Dios ante la esfera política en no menor medida que ante otras esferas de la vida, ya que todas están sujetas y son responsables ante el juicio divino.

Así pues, si los cristianos deben manifestarse en el ámbito público, les será conveniente estar al tanto de las premisas fundamentales de la economía. (…) si bien el mandato que nos hace el Señor de amar y ayudar al pobre constituye, en definitiva, un encuentro entre los seres humanos, los cristianos no deben relegar la visión que los economistas pueden ofrecer con respecto a estos problemas. (…)

(…) la economía nos proporciona una visión limitada de la naturaleza de la condición humana. Quienes crean que puede explicar cuanto se refiere tanto a la persona como a la sociedad habrán caído en la trampa de convertir en dogma semejante visión. Este error, común a un sector de economistas profesionales, de confundir una verdad con toda la verdad no debe impedir, sin embargo, a los cristianos que traten de comprender lo que la ciencia económica puede decirnos sobre el mundo. Los cristianos no tenemos motivo para asustarnos de la verdad porque, en definitiva, creemos que toda verdad se basa en el Único que se describe a sí mismo como “el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14:6).

NOTA: Este texto forma parte del prólogo de ECONOMÍA BÁSICA PARA CATÓLICOS, que acaba de publicar la editorial El Buey Mudo.

Fuente:  Libertad Digital

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Ni más sostenibles, ni más sanos: más “pijos”

y punto pelota.  Es lo que dice José Miguel Mulet en una entrevista del diario “El Mundo”.   Mulet es autor del libro ‘Los productos naturales, ¡vaya timo!’,  y asegura que “los productos ecológicos no son ni más sanos ni más sostenibles, sólo más pijos”, y que por ellos pagamos más del doble del precio, sin obtener ningún beneficio adicional que lo justifique.

Para los que ya estén cogiendo las piedras para lapidar a Mulet en nombre de la nueva eco-religión, les avisamos que no es un obscurantista indocumentado, sino que  es profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia y que además dirige el laboratorio de crecimiento celular y estrés abiótico del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas del CSIC y de la UPV.  O sea…. que algo sabrá para decir lo que dice, no?

Nos cuenta que “lo ecológico”, por más “certificado” que esté no implica más seguridad alimentaria y que la UE registra proporcionalmente más alarmas alimentarias en las explotaciones ecológicas que en las “normales”. Para pruebas del peligro… el brote de e-coli de Alemania, que habría tenido su origen en “brotes de alfalfa” de la agricultura ecológica.  Al final parece que la mentalidad “si es bueno para los gusanos, es bueno para nosotros se ha llevado por delante miles y miles de años en que nuestros sabios ancestros pensaban justamente todo lo contrario y por eso se afanaron en encontrar la manera de mantener a los bichos lejos de nuestra comida, e inventaron los pesticidas.

También señala la bobería de creer en “terapias milenarias” que supuestamente son la quitaesencia de la “medicina natural”, “no agresiva”, ecológica y “en consonancia con la armonía universal”, de prácticas como la acupuntura.   Destaca que  “Muchas personas hablan de las propiedades de una terapia milenaria como es la acupuntura, pero hay que pensar que hace mil años la esperanza de vida estaba en treinta años”.  Lapidario…

Y también arremete contra los cavernícolas (porque no se como calificarlos) que creen que todos los esfuerzos realizados hasta la fecha para erradicar enfermedades gravísimas y mortales, a través de las vacunas, son en realidad “conspiraciones de la industria farmacéutica en connivencia con los gobiernos” para “vendernos” medicinas que no necesitamos y que pueden ser “mortales”.   En cualquier momento regresan la poliomielitis y la viruela gracias a estos tíos….

Su libro parece MUY INTERESANTE.  Y más que necesaria me parece su lectura, para terminar de desmitificar esta absurda idea “verde” de que el progreso es malo y que sería mejor volver a vivir en las cavernas y a curarnos con hierbajos, ventosas, sangrías y emplastos.  Como si el haber duplicado la expectativa de vida en menos de 200 años fuera una desgracia en vez de un avance.

Además de su libro, Mulet también escribe en su página webwww.losproductosnaturales.com donde sigue dando consejos e información sobre el consumo de los productos ecológicos.

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Una mirada al pasado para comprender el futuro

Por Domingo Soriano

Un popular dicho asegura: un economista es alguien que explica qué va a pasar en el futuro y que, cuando llega el futuro, explica por qué no ha pasado. Aunque a los profesores, los analistas y los columnistas les moleste admitirlo, lo cierto es que de la validez de este tópico pueden encontrarse demasiadas pruebas en las hemerotecas, a poco que investigue uno en ellas. Y ya no digamos en medio de una crisis como la actual.

No sólo son legión los estudiosos que nunca previeron lo que estaba a punto de pasar: también forman un nutrido ejército aquellos que ofrecen soluciones equivocadas, apuestan por escenarios futuros que nunca llegan a producirse y apenas son capaces de balbucir una explicación cuando la realidad desmiente sus preciosos modelos teóricos. De hecho, no es extraño ver a todo un Premio Nobel como Paul Krugman pidiendo en 2002 (cuando todavía no le habían concedido el galardón) que la Reserva Federal provocase una burbuja inmobiliaria que sacase a EEUU de la recesión. Y tampoco es excepcional ver al mismo personaje exigir a Barack Obama, para conjurar el colapso, que aumente (¡todavía más!) sus descomunales planes de estímulo.

Así las cosas, uno se pregunta qué necesidad tenía Juan Ramón Rallo de someterse al escrutinio público presentando en forma de libro los ensayos que publicó en el periodo 2007-2009. Como disculpa, asegura que lo hace porque esto de revisar lo escrito “siempre resulta un recomendable ejercicio intelectual”. Además, como muchos de los textos se publicaron en internet –la mayoría en Libertad Digital–, quizá pensó que no le quedaba escapatoria: cualquiera que quisiera rebatir sus argumentos sólo tendría que coger lápiz, papel y Google.

El problema es que Rallo acierta. Por eso este libro no se lee con la condescendiente nostalgia con que uno se acerca a otros recopilatorios, en los que se admiten los errores del autor por la cercanía de la actualidad. Al contrario, el lector pasa las páginas con el puntito de envidia del que también vivió aquellos acontecimientos y no supo prever lo que iba a ocurrir. Siente que es una mirada al pasado que le servirá para comprender el futuro.

El volumen no podría tener un título más adecuado. Porque es exactamente una crónica de la Gran Recesión, que cuesta creer fuera escrita antes de que ésta comenzase. De hecho, Rallo ha elegido como apertura un artículo que muy pocos podrían haber escrito: en septiembre de 2007, apenas un mes después de que comenzasen las noticias sobre las primeras inyecciones de liquidez por parte del Banco Central Europeo, y con prácticamente todos los analistas hablando del “aterrizaje suave” que le esperaba a la economía española, Libertad Digital publicaba la columna a que hago referencia, titulada “Se acabó la fiesta”. Luego llegaría la resaca.

Desde ese primer artículo, Rallo va desgranando todos los grandes temas que giran alrededor de esta Gran Recesión: la responsabilidad bancaria, el incremento de la deuda pública, el estallido de la burbuja inmobiliaria, los movimientos de los Bancos Centrales, la política económica del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el euro, los bonus a los directivos, las agencias de calificación… Aunque el criterio de ordenación es cronológico, la obra en ningún caso se lee como una memoria, sino como una continua lección de economía aplicada, en la que no hay campo que no se toque.

Sólo un problema acecha al lector temeroso. El último de los noventa artículos se titula “El crédito desapareció y los gobiernos ocuparon su lugar”. Fue la columna que Rallo escribió para el suplemento “Fin de Año” de 2009. En ella, nuestro autor acaba preguntándose si serán capaces los mercados (la iniciativa privada y los empresarios) de “despejar los gravísimos nubarrones que han colocado en el horizonte” los Gobiernos. Y se responde: “Mi apuesta personal es que así será en muchas partes del mundo pero no en España. Sólo los más ricos pueden permitirse el lujo de correr con los gastos de Gobiernos manirrotos”. Casi un año y medio después, este jueves 16 de junio de 2011, la prima de riesgo española ha vuelto a su nivel máximo y los comentarios sobre la posible quiebra o rescate de nuestro país se suceden en la prensa y en los mercados.

Ronald Reagan decía que un economista es alguien que ve que algo funciona en la práctica y se pregunta si funcionará en la teoría. El presidente norteamericano no lo hizo mal en el conjunto de sus ocho años, aunque dejó un legado de deuda pública que no habría gustado demasiado a Rallo. También a él le habrían venido bien las lecciones de nuestro autor. El único problema es que este doctor en Economía nació en Castellón cuatro años después de que el republicano llegara a la Casa Blanca. Estaba demasiado lejos y era demasiado joven para poder explicarle a Reagan cómo la teoría y la práctica sí pueden ir de la mano, siempre y cuando se sigan los principios correctos.

 

JUAN RAMÓN RALLO: CRÓNICAS DE LA GRAN RECESIÓN (2007-2009). Unión Editorial (Madrid), 2011, 364 páginas. Prólogo de CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN

 

Fuente:  Libertad Digital

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Imprescindible: la entrevista de José María Aznar

Imperdible.  

El ex presidente del Gobierno José María Aznar analiza con Herrera la crisis económica en España y arremete contra el gobierno actual. Presenta hoy si libro “España puede salir de la crisis”.

Aquí el audio:

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El estado de malestar

En demasiadas ocasiones el liberalismo tiende a olvidar que hay vida más allá de la economía. Los autores canónicos escriben sobre los beneficios del libre comercio, la asombrosa función empresarial del ser humano o los peligros de la expansión crediticia desatendiendo otros flancos que pueden facilitar o frenar el desarrollo económico.


No es el caso de Josep Miró i Ardèvol, que sitúa las raíces de los problemas por que atraviesa el Estado del Bienestar en la transformación social que está llevando a cabo la nueva izquierda. La revolución que propugna no se producirá a través de un cambio en la estructura económica de poder, sino a través de la suplantación de las bases morales que sustentan el orden natural de la sociedad.

La tesis expuesta en El fin del bienestar es clara, y, como escribe el propio autor, “no se trata de una especulación, sino de una previsión, de un hecho anunciado por los documentos del gobierno español y por los informes de la Unión Europea”. El Estado del Bienestar está en crisis, y el sistema de pensiones contributivas hará que, tarde o temprano, la Seguridad Social quiebre. Un sistema piramidal está condenado a resquebrajarse con el paso del tiempo; cuando la base que lo sustenta decrezca, en detrimento de la aristocracia radicada en la cúspide, que vive a su costa. La nueva clase de subvencionados y parásitos sociales que dependen del Estado para vivir aumenta día a día, mientras que los esfuerzos y la productividad de los contribuyentes es desincentivada de forma constante y calculada.

Zapatero.El caso español es paradigmático en este sentido. El gobierno de Zapatero ha asumido una agenda radical cuyo objetivo es “convertir el deseo en proyecto político”: la educación, los medios de comunicación y la nueva legislación, puestos al servicio de una transformación de las “infraestructuras socialmente valiosas”. Desde Rousseau, todo movimiento revolucionario ha procurado el control de la educación, para “modelar a los niños de acuerdo a su ideología”. La Educación para la Ciudadanía y la dictadura del lenguaje políticamente correcto pretenden apuntalar los cambios legislativos que tratan de revolver las instituciones surgidas de forma espontánea y que son la base del bienestar.

La presente obra resulta de lo más interesante, no sólo por su contenido, sino porque es la expresión de un pensamiento prácticamente inédito en España. Mientras que en Estados Unidos es fácil encontrarlo, en España el movimiento conservador ha levantado la bandera de la socialdemocracia y alimentado al Leviatán estatal y autonómico siempre que ha tenido ocasión. Este planteamiento viene de la mano de posiciones religiosas temerosas de que los gobiernos regulen también las cuestiones referentes a las creencias individuales pero que no proponen como alternativa la confesionalidad del Estado. La idea que vertebra este paleconservadurismo es la de la soberanía individual y la primacía de las instituciones surgidas de forma espontánea y que se han mantenido a través de la tradición.

La crítica al feminismo y al homosexualismo que pretende convertir la excepción en norma para diluir la función social del matrimonio se encuentra perfectamente elaborada en la obra de George Gilder. Por desgracia, se echa en falta una mención al autor que ha dado forma, en Riqueza y pobreza o El suicidio de los sexos, al discurso que sostiene Josep Miró i Ardèvol. Una primera aproximación podría hacer que tacháramos estas tesis de reaccionarias, pero en realidad esconden mucho sentido común y una gran dosis de amor a la libertad. Exigir que la legislación mantenga sus tentáculos alejados de nuestras carteras, camas y templos puede tildarse de cualquier cosa menos de reaccionario o, como ahora está de moda, teocón.


Dice Ardèvol que la sociedad está “compuesta por personas pero estructurada por las instituciones que las agrupan”, y que “la institución fundadora de todas las demás, la condición necesaria para la existencia de la sociedad, es el matrimonio”. El relativismo y el buenismo, el banalizar comportamientos individuales perfectamente respetables y convertirlos en norma general de obligado cumplimiento, todo ello supone establecer un bien social artificial, un nuevo dogma cuya doctrina dicta el Parlamento y ensalza al Estado. Se desprecia entonces el hecho de que el matrimonio tiene una función evolutiva y civilizadora, pues “encarrila y educa el impulso sexual para atenuar el conflicto del distinto comportamiento sexual del hombre y la mujer que surge de una naturaleza biológica muy determinada”.

Este es el marco en el que nace y se desarrolla la civilización, se establecen relaciones y ese grado de confianza necesario para levantar las demás instituciones espontáneas que conforman una sociedad y hacen posible que el desarrollo lleve a la prosperidad y al bienestar. De ahí que los ataques de la nueva izquierda se dirijan a destruir esa clase media que honradamente se gana el pan y tiene como horizonte temporal la vida de su progenie. En este orden espontáneo, la acumulación de capital tiene una función social clara, y la responsabilidad individual prevalece sobre la dependencia del aparato estatal.

Pero si el diagnóstico de Ardévol es certero, las conclusiones que expone en el último capítulo son poco ambiciosas. Las soluciones políticamente correctas propuestas podrían retrasar o paliar la quiebra del modelo, pero no evitarán que los cascotes del Estado del Bienestar caigan sobre las instituciones naturales que han ido creando los individuos. Retrasar la edad de jubilación, el dar sólo algo de cancha a un sistema de capitalización de pensiones, así como la revocación de algunos desmanes legislativos, presumen la legitimidad del Estado del Bienestar –adelgazado y mejor gestionado, eso sí–, lo que entra en contradicción con la consecuencia lógica que se extrae de la exposición del propio Ardèvol: no es el Estado quien proporciona bienestar, sino una sociedad próspera y libre. Ésta, y no otra, es la base del verdadero bienestar.

JOSEP MIRÓ I ARDÈVOL: EL FIN DEL BIENESTAR Y ALGUNAS SOLUCIONES POLÍTICAMENTE INCORRECTAS. Ciudadela (Madrid), 2008, 224 páginas.


Publicado en Libertad Digital

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rebelion-atlas1“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto- sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
Ayn Rand, “La Rebelión de Atlas”

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Culturizando a las bestias

– ¡Pero, doctorcito, si usted no opera a mi mujer se va a morir!

– Y si yo opero gratuitamente me moriré de hambre chamulita. Todo lo que puedo decirte es que una operación como ésta cuesta trescientos pesos. Sólo para demostrarte que no soy un malvado capaz de dejar morir a alguien, aun cuando sea la mujer de un indio ignorante, procuraré ayudarte: te cobraré nada más que doscientos pesos. Es un precio escandaloso y me expongo a que me echen de la sociedad (de médicos) por bajar tanto la tarifa. Así, pues, te cobraré solamente doscientos pesos; pero es necesario que me traigas el dinero a más tardar dentro de tres horas, pues de otro modo la operación sería inútil. No voy a decirte cosas bonitas ni a hacer una operación por amor al arte. Si tomo tu dinero te daré en cambio mi trabajo y devolveré la salud a tu mujer. Si no sale bien de la operación no te cobraré. Esto es lo más que puedo hacer. Tú no regalas ni tu maíz, ni tu algodón, ni tus puercos, ¿verdad? Entonces, ¿por qué quieres que yo te regale mi trabajo y mis medicamentos?

Fragmento de “La rebelión de los colgados” .

Esfuerzo inútil… las amebas son organismos unicelulares… anencefálicos… pero que no digan que no lo intentamos, ¿eh, Burry-Beethoven?

(pa’ que luego digan que sólo leemos a Pío Moa).

😛

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