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¿Jorge debe ayudar?

Para empezar a entender por qué la coerción del estado es inmoral.

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Los austriacos tenían razón, otra vez

Jeffrey Tucker

Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 4 de agosto de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5512.

Después de más de tres años de confusión, se ha llegado finalmente a un consenso en que estamos de nuevo en recesión. No se está creciendo. El exiguo crecimiento estadístico de los pasados años (nadie se atrevió a afirmar que produjera una recuperación total) era probablemente una ilusión.

Hay crecimiento real y hay estadísticas del gobierno. Las estadísticas han equivocado a los ingenuos, pero ahora la verdad es evidente para todos. No solo eso: afrontamos una calamidad de deuda imposible, el sector bancario es un zombi, los mercados laborales están parados, el sistema está inundado de recursos mal valorados, la vivienda sigue siendo un lío y no hay otro sitio a donde ir que no sea abajo, abajo, abajo.


La QE1 y la QE2, más increíbles esfuerzos de estímulo regulatorio, más océanos de dinero falso creados por Ben Bernanke, más tipos de interés a nivel del mar no han hecho nada salvo daño. Las oportunidades económicas se han cerrado para toda una generación. La libre empresa (y por tanto, toda la prosperidad) está luchando por su propia vida.

Todo esto se debe a la única cosa en la que Bush, Obama, los republicanos, los demócratas y todos los grandes medios de comunicación existentes están de acuerdo en que era lo que era correcto hacer: corregir las tendencias del mercado, estabilizar y luego estimular la macroeconomía. Una palabra: fracaso.

 

¿Sorprendidos? No deberían estarlo. Los austriacos tenían razón todo el tiempo. No era un truco de magia. Los austriacos sabían que todos estos esfuerzos eran peligrosos y destructivos. Después de todo, este sinsentido keynesiano se ha probado muchas veces y ha fracasado en todas. Y hay razones concretas: el gasto público drena el capital de reserva, las nacionalizaciones impulsan las ineficiencias y la creación de dinero distorsiona la realidad y dificulta la recuperación.

No hace falta ser adivino para entender que todos estos efectos no funcionarán en alcanzar sus objetivos declarados. Todo lo que hacen es potenciar el estado y sus amigos a nuestra costa. Quiero decir, quiero simpatizar con quienes fueron engañados (y conceder la mejor de las intenciones a quienes favorecieron una política estúpida), pero es realmente duro.

Tal vez fuera posible equivocarse en 1932, pero, realmente, los observadores más atentos deberían haber aprendido ya en 1936. ¿Pero desde entonces ir ronda tras ronda de estímulo fallido y aún no entenderlo? Increíble. Como ha demostrado Bob Higgs, no salimos de la Gran Depresión hasta que el gobierno no dejó de tratar de estimular la economía.

Tenemos ahora otra oportunidad más de decirlo. Escuchen y aprendan: los austriacos fueron los únicos que parecen haber anticipado no solo el declive sino asimismo el fracaso del estímulo. Puedo dar solo una pequeña muestra de los primeros cinco meses de la crisis de 2008:

Está “Is Deleveraging Bad for the Economy?”, de Frank Shostak el 20 de agosto de 2008:

Es (…) inútil reclamar a los bancos que presten más si no hay ahorro real. Igualmente, no tiene mucho sentido sugerir que la Fed pueda reemplazar de algún modo ahorros reales inexistentes (…) imprimiendo más dinero. (También es un ejercicio de inutilidad aumentar el gasto público para arreglar el problema. Después de todo, si un gobierno gasta más, significa que a otro le quedarán menos recursos). Todo lo que conseguirá añadir más dinero a la economía es debilitar a los generadores de riqueza y por tanto reducir la oferta futura de ahorro real y debilitar el futuro crecimiento económico real”.

Está “Henry Hazlitt on the Bailout”, de Scott Kjar, el 15 de octubre de 2008:

El argumento de que el gobierno está de alguna forma inyectando nuevo capital en el mercado es absurdo. El gobierno está realmente tomando dinero de los mercados de capitales que posteriormente se inyecta en los mercados de capitales. No hay una fuente adicional de financiación, sólo hay un desvío de fondos de actividad más productivas a actividades menos productivas, con el gobierno actuando como intermediario.

Así que cuando Henry Paulson argumenta que es necesario inyectar dinero en los mercados del crédito para impedir que se paralicen, no se preocupa de darse cuenta de que el dinero que inyecta en los mercados del crédito viene directamente de los mismísimos mercados del crédito. Está haciendo poco más que reordenar las sillas de cubierta en el Titanic.

Kevin Duffy daba en el blanco con su “Looting the Responsible” del 8 de octubre de 2008:

El gobierno no tiene recursos propios, ni elfos trabajando horas extras para producir algo de valor, solo promotores que adoptan la economía de Papá Noel. Solo puede transferir riqueza de un grupo a otro (quedándose con una tasa de transacción nominal en el proceso). El actual (…) paquete de rescate de 700.000 800.000 millones de dólares no es nada más que un saqueo a los responsables y productivos por parte de los pródigos y derrochadores. Llámenlo darwinismo invertido: la supervivencia de los menos dotados. (…)

Hacer una transfusión de más sangre del productivo parasitado al parásito no hace a largo plazo más sano a ninguno de los dos. Para que la economía y el país empiecen a curarse, necesitamos capital, credibilidad y autoridad para ir de los derrochadores a los productivos. Como es previsible, la élite en el poder intenta conseguir exactamente lo contrario.

Consideremos “Bailout Blame Game” de Christopher Westley, el 7 de octubre de 2008:

Como estudioso de la Depresión, sé que l Congreso y el ejecutivo pueden hacer mucho daño antes de que llegue el largo plazo y realmente pueden retrasar su llegada indefinidamente. ¿Atacarán al Presidente Obama los conservadores que apoyaron esta legislación dentro de dos o tres años, en el caso de que la economía evolucione hacia una repetición de la década de 1970, gracias en buena parte al intento del gobierno de anticiparse a las fuerzas del mercado en las últimas dos semanas? Parece probable. Nuestros problemas actuales derivan de la inyección de crédito en el pasado. Pensar que esa inyección hoy no tendría el mismo efecto en el futuro es desafiar cosas molestas como las leyes naturales y económicas.

Comentarios dolorosos de “The Rescue Package Will Delay Recovery” Frank Shostak, el 29 de septiembre de 2008:

Es verdad que el sistema financiero debe ser rescatado: debe ser rescatado de las instituciones que tienen malas deudas que están drenando actualmente el capital mientras esperan un rescate y añaden poca cosa a cambio. Son ellas las que impiden que las actividades generadoras de riqueza extiendan la riqueza real en el sector financiero y las demás partes de la economía. (…)

El paquete del gobierno no va a rescatar la economía, sino que rescatará actividades que la economía no puede permitirse y que los consumidores no quieren. Sostendrá el despilfarro y promoverá la ineficiencia, drenando recursos al crecimiento y la eficiencia.

De Doug French, tenemos “History Is Clear”, publicado el 13 de noviembre de 2008:

¿Sorprende que el plan del Secretario del Tesoro Henry Paulson se haya transformado en el gobierno federal tomando participaciones en bancos, compañías hipotecarias y al menos una empresa aseguradora? (…) Pero la historia es clara: más dinero no resolverá esta crisis, un retorno a una moneda más fuerte lo haría.

Consumers Don’t Cause Recessions”, de Robert Murphy, abría en canal la teoría de Krugman el 11 de noviembre de 2008:

Robert Murphy

Cuando la recesión es el resultado de un auge artificial inducido por el banco central (como el recienteauge inmobiliario), el declive es un periodo de reajuste, cuando los recursos mal asignados se redirigen a líneas más apropiadas, coherentes con las preferencias del consumidor y las realidades tecnológicas. Cuando el gobierno se entromete y trata de impedir este reajuste, simplemente mantiene un despliegue insostenible de recursos escasos.

Y de nuevo Murphy en “Markets Need Time, Not More Poison”, el 6 de noviembre de 2008:

La crisis actual da miedo, pero solo porque nadie sabe que nuevo plan descabellado presentará el gobierno al día siguiente. Los recursos se invirtieron inapropiadamente durante el auge inmobiliario y la economía necesita tiempo para curarse. No hay manera de evitar este hecho.

Thorstein Polleit ha sido implacable a lo largo de esta crisis, como demuestra el ejemplo de “Confidence Is Leaving the Fiat Money System”, publicado el 10 de octubre de 2008.

Al rebajar artificialmente el tipo de interés a través de la expansión del crédito, los bancos centrales inducen los ciclos de auge y caída inducidos por la inflación, que llevan a niveles insostenibles de deuda. En todos los países occidentales los niveles generales de deuda en porcentaje del PIB han aumentado fuertemente en décadas recientes.

Siempre que los mercados financieros intenten acabar con el desastroso proceso mediante, por ejemplo, un declive en la actividad económica, los gobiernos y los bancos centrales harán todo lo que haga falta para mantener en marcha el sistema de dinero fiduciario: rebajar los tipos de interés aumentando la expansión del crédito y aumentando la oferta monetaria.

En la situación actual, sin embargo, la capacidad de los bancos de seguir expandiendo el crédito y la oferta monetaria se ha visto enormemente disminuida: las pérdidas contable y (debido a la menguante confianza en el sistema) las pérdidas en pagos probablemente erosionen más el capital patrimonial de los bancos en el futuro.

Don’t Bail Them Out”, de Llewellyn Rockwell, el 10 de septiembre de 2008:

El gobierno debería eliminarse completamente del trayecto de la acción y dejar que el mercado reevalúe los valores de los recursos. Eso significa quiebras, sí. Eso significa cierres de bancos, sí. Pero éstas son parte del sistema capitalista. Son parte de la economía de libre mercado. Lo que es lamentable no es el proceso de reajuste, sino que el proceso tenga que ser necesario por las intervenciones precedentes. (…)

Necesitamos que el mercado maneje todo el proceso, pase lo que pase. Garantizo que esta solución es mejor que crear otro billón o así para rescatar a empresas en quiebra.

Should the Crisis Shake Our Faith in the Market?”, de Art Carden, el 29 de diciembre de 2008:

El aclamado ministro Adrian Rogers dijo una vez que no puedes multiplicar la riqueza dividiéndola. Tratar de extender la riqueza a través de un plan de impuestos y redistribución no producirá prosperidad. Sólo hará compartir miseria (aunque tal vez más equitativamente). La solución es seguir reformas más orientadas al mercado que eliminen obstáculos a los emprendedores. Como sugieren la teoría y las evidencias, las reformas orientadas al mercado no son iniciativas basadas en la fe. Son nuestra única esperanza a largo plazo.

Hay cientos, incluso miles, de estos artículos y declaraciones desde 2008 hasta el presente. Aparecen cada pocos días y el mensaje es el mismo: Esto no va a funcionar. Sus brotes verdes son una ilusión. No habrá estímulo. Dejemos que se liquide el mercado. El gobierno debería dejar de saquear la economía privada. La Fed debería detener la creación de dinero. No más rescates. Dejemos que suban los tipos de interés. Dejemos que quiebren los bancos. Sobre todo: ¡dejemos de luchar contra el mercado! Solo entonces podremos tener una recuperación sólida.

Y así estamos en este momento posterior, más pobres que antes, sin ninguna esperanza a la vista para la economía real (el mundo digital parece silbar alegremente).

¿Por qué hay quien continúa tomando en serio a Krugman y compañía? En realidad, ¿alguien toma en serios a quienes nos advirtieron que salvo que siguieron el plan keynesiano, el mundo se acabaría y perderíamos una oportunidad de una gloriosa recuperación? No es solo el New York Times, son también el Wall Street Journal y toda la prensa financiera los que continúan embelesados con los absurdos de la teoría keynesiana.

Reprochémoselo un poco más: Los austriacos también teníamos razón en que el auge antes de 2008 era insostenible. Ver “The Bailout Reader”. No nos divierte tener razón en esto. Es realmente triste que cualquier observador informado de los acontecimientos no se dé cuenta, a la vista de la observación de la experiencia y el sentido común, de que el gobierno no puede hacer aparecer la prosperidad por muchas danzas kabuki que hagan los funcionarios del Tesoro.

En el equipo ganador están quienes comprenden la economía sensata. En el perdedor están quienes siguen pensando que el veneno puede curar al paciente. Así que, repetimos: la parálisis y la depresión continuarán hasta que se deje al sistema corregirse a sí mismo.

Jeffrey Tucker es editor de Mises.org y autor de It’s a Jetsons World: Private Miracles and Public Crimes Bourbon for Breakfast: Living Outside the Statist Quo

 

 

Fuente: Mises Daily en español

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Los austriacos pueden explicar el auge y el declive

Por Robert P. Murphy. (Publicado el 19 de marzo de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3387.

 

En un debate reciente, el eminente profesor y blogger keynesiano Brad DeLong afirmaba que la explicación austriaca del ciclo económico “no funciona como empresa intelectual”.[1]

DeLong cita a Pual Krugman, que allá por diciembre aparentemente infligió al diagnóstico austriaco una derrota aplastante tanto desde el punto de vista teórico como práctico.

En el artículo actual los diré directamente. La crítica teórica de Krugman de (lo que él califica despectiva como) la “teoría de la resaca” de las recesiones es una tontería y su prueba empírica también es mala. Una vez que fijemos una prueba más apropiada, la teoría de la “resaca” (es decir, la explicación de Mises-Hayek) la pasa con enorme éxito.

La crítica en dos vertientes de Krugman de la “teoría de la resaca”

En su popular blog del New York Times, allá por diciembre, Krugman lamentaba la idiocia de sus colegas. No podía creer que John Cochrane dijera algo (supuestamente) tan tonto:

“Deberíamos tener una recesión”, dijo Cochrane en noviembre, hablando a estudiantes e inversores en una sala de conferencias que miraba al Lago Michigan. “La gente que se ha pasado la vida clavando clavos en Nevada tiene que hacer alguna otra cosa”.

En respuesta a este (aparente) sinsentido, Krugman ofrece primero una objeción teórica:

La idea básica es que una recesión, incluso una depresión, es de alguna forma algo necesario, parte del proceso de “adaptar la estructura de producción”. Tenemos que hacer que esa gente que está clavando clavos en Nevada vaya a otros trabajos y ocupaciones, que es por lo que el desempleo tiene que ser alto en los estados de la burbuja inmobiliaria durante un tiempo.

El problema de esta teoría, como he apuntado, es doble:

1.      No explica por qué no hay desempleo masivo cuando crecen las burbujas igual que cuando disminuyen: ¿por qué no necesitábamos un alto desempleo en otro lugar para poner a esa gente en el negocio de clavar clavos en Nevada?

Antes de ocuparme de la segunda (y empírica) objeción, ocupémonos de esta objeción teórica.

No podemos entender la teoría austriaca del ciclo económico si no entendemos antes la visión austriaca de la estructura de capital de la economía. En este artículo, yo demostraba cómo Krugman era sencillamente incapaz de entender la teoría austriaca del ciclo económico, porque no tenía un modelo de capital suficientemente rico. Para los recién llegados que no están familiarizados con la teoría austriaca del ciclo económico, les animo efusivamente a leer toda la explicación en el artículo enlazado.

Para nuestro propósito actual, hago una breve recapitulación del argumento: En una economía de mercado, los precios realmente tienen una función, no son meras extremidades de las relaciones explotadoras de poder, sino que los precios de mercado señal una escasez subyacente real y ayudan a todos en la economía a justar sus planes a la luz de la realidad. Los tipos de interés de los distintos préstamos también significan algo, no son arbitrarios.

En particular, el tipo de interés del mercado coordina las actividades “intertemporales” (es decir, a lo largo del tiempo) de inversores, empresas y consumidores. Si los consumidores miran más al futuro y quieren reducir el consumo a corto plazo con el fin de disponer de más en años futuros, lo que ocurre en el mercado libre es que el aumento del ahorro empuja a la baja los tipos de interés, lo que indica a los empresarios que pidan más prestado e inviertan en proyectos más largos. Así, los recursos (como trabajo, petróleo, acero y tiempo de máquinas) se redirigen de los bienes presentes, como televisores y coches deportivos, y fluyen a bienes de capital o de inversión, como tractores o barcos mercantes.

Ahora, cuando las Reserva Federal reduce artificialmente los tipos de interés por debajo de su nivel de mercado, envía un mensaje falso a los empresarios. Las empresas empiezan a expandirse como si los consumidores hubieran aumentado sus ahorros, pero en realidad han reducido sus ahorros (debido a los tipos de interés más bajos). Las empresas que producen frenéticamente bienes duraderos, como calderas, barcos mercantes y, sí, viviendas verán un auge en sus negocios, porque estos sectores responden positivamente a los tipos de interés bajos.

Por otro lado, otros sectores no necesitan contratar, porque (al contrario que en el escenario de los ahorros reales) nadie está rebajando su consumo. Precisamente por eso el auge inducido por la Fed es insostenible: los recursos reales no se han sacado de los sectores de consumo para alimentar la expansión del sector del capital. Como las economías modernas son tan complejas, la charada puede continuar unos pocos años, como empresarios economizando y “consumiendo capital” (es decir, posponiendo el necesario reemplazo y mantenimiento del equipo) mientras que tanto los bienes de inversión como los de consumo siguen saliendo por la tubería a ritmos más altos. Pero la música acaba terminando, pues (después de todo) la imprenta de pedazos verdes de papel de la Fed realmente no hace más rico a un país. Cuando la Fed “recorta los tipos de interés” realmente no está creando más capital que puedan pedir prestado las empresas: más bien está distorsionando la señal que trata de transmitir el tipo de interés del mercado.

Así que, en este contexto, el premio Nobel Krugman se confunde. Cuando la Fed empieza a arrojar fajos de billetes recién impresos en sectores económicos concretos, ¿por qué se promueve un periodo de prosperidad, por muy ilusorio y fugaz que sea éste? ¿Por qué el dinero arrojado no hace en su lugar que millones de personas se vean despedidas?

Admito que me siento avergonzado incluso de escribir así la pregunta, pero vayan y vuelvan a leer el post de Krugman: es lo que está preguntando. La respuesta, por supuesto es que las empresas armadas con los dólares recién impresos por ola Fed deben pagar más a los trabajadores y sacarlos de los sectores originales en la estructura de producción. Obviamente, este proceso no lleva a un desempleo masivo. Los trabajadoresabandonan voluntariamente los trabajos originales porque la inflada oferta monetaria ha permitido a unas pocas empresas ofrecerles salarios más altos. La inyección de nuevo dinero de la Fed aún no ha distorsionado toda la economía, así que no hay razón para que otras empresas se encuentren repentinamente en problemas y despidan trabajadores al inicio del auge artificial.

Por el contrario, una vez que se pincha la burbuja, muchas empresas descubren que están embarcadas en proyectos insostenibles. Necesitan despedir a sus trabajadores. El desempleo aumenta y sólo a medida que los trabajadores aceptan a regañadientes salarios más bajos pueden reintegrarse en la economía. En general, los trabajadores están ganando menos durante el periodo de declive respecto del punto álgido del auge. Esto pasa porque los sueldos y salarios del periodo de auge eran exageraciones de los verdaderos “fundamentales” de la productividad laboral y también porque los propios fundamentales se han visto dañados debido al despilfarro de capital durante el periodo de auge.

En resumen, los trabajadores en general no son tan productivos económicamente durante la recesión porque toda la estructura de producción ha sido desbaratada de golpe por las inyecciones de la Fed de simpático dinero. Es mucho más duro para los trabajadores cambiar de trabajo y recibir recortes en la nómina, que despedirse para obtener un empleo mejor en el que les paguen más.

Esa es la explicación sencilla depor qué el auge inducido por la Fed muestra un bajo desempleo, mientras que las necesarias experiencias del declive aumentan el paro.

¡¿La burbuja inmobiliaria no tiene nada que ver con las pérdidas de empleo?!

Después de su objeción teórica, Krugman se vuelve a los datos para aportar una segunda objeción a la “teoría de la resaca”:

2.      No explica por qué las recesiones reducen [el empleo] a todos por igual, no sólo a los sectores hinchados por la burbuja.

Un hecho sorprendente del que ya he escrito es que la crisis actual está afectando a algunos estados sin burbuja inmobiliaria tanto o más severamente que a los epicentros de la burbuja. Aquí hay una sencilla lista del BLS, ordenando a los estados por su aumento del desempleo el año pasado. El desempleo está por todas partes. Y aunque los centros de la burbuja, Florida y California, está altos en la tabla, también lo están Georgia, Alabama y las Carolinas.

Es bastante sorprendente ¿no? Olvidemos la teoría austriaca: ¡aquí Krugman está diciendo que el estallido de la burbuja inmobiliaria no ayuda a explicar el inicio de la recesión! Pero no se preocupen, el análisis de Krugman es erróneo, no es que se estén volviendo locos.

Primero, adviertan que la tabla del BLS que enlaza Krugman muestra la evolución interanual del desempleo (por estado) de diciembre de 2007 a diciembre de 2008. Bueno, ¿es realmente una buena medición de si el estallido de la burbuja inmobiliaria tiene algo que ver con la recesión? Después de todo, la burbuja ya había estallado hacía tiempo en diciembre de 2007. Así que si los “teóricos de la resaca” tienen razón, deberíamos esperar que la relación entre saltos en el desempleo y el derrumbe de los precios de la vivienda sea más débil a medida que nos alejamos del estallido de la burbuja.

En respuesta a un correo electrónico de un amigo de la universidad, decidí verificar la relación durante un periodo que abarque más de cerca el estallido de la burbuja inmobiliaria. La OFHEO tiene datos trimestrales de precios de la vivienda por estado: escogí como máximo de la burbuja el segundo trimestre de 2006.

Luego elegí la otra variable que sería la variación del desempleo (en término de variaciones absolutas, no de porcentajes de porcentajes) de junio de 2006 a diciembre de 2008, que están disponibles (aunque no en una forma muy cómoda) en el BLS.

Armado con estos datos, ordené los estados de acuerdo con estos dos criterios y miré a los 10 peores en ambas listas. En otras palabras, miré la lista de los 10 estados que han sufrido la mayor disminución en precios de la vivienda desde el segundo cuarto de 2006 y también la lista de los 10 estados que han sufrido los diez aumentos más acusados en la tasa desempleo de junio de 2006 a diciembre de 2008. Los puestos del 7º al 10º de las dos listas no coinciden, pero miren cuáles son los 6 peores en ambas listas:

Listado de Estados por aumento en tasa de desempleo, Junio de 2006 – Diciembre de 2008:

1.      Rhode Island (+4,9)

2.      Florida (+48)

3.      Nevada (+4,8)

4.      California (+4,4)

5.      North Carolina (+3,9)

6.      Michigan (+3.8)

Listado de Estados por caída en porcentaje en el índice de precios de la vivienda de la OFHEO, 2º trimestre de 2006 – 4º trimestre de 2008:

1.      California, -27%

2.      Nevada, -26%

3.      Florida, -22%

4.      Arizona, -16%

5.      Rhode Island, -11%

6.      Michigan, -11%

Fíjense en que North Carolina y Arizona son los únicos que no coinciden. Parece probable una fuerte correlación. (Dependiendo de cómo enmarquemos el problema, las posibilidades de que esta correlación se produzca al azar están entre 1  de 8.400 a alrededor de 1 de 350.000).

Conclusión

Brad DeLong y Paul Krugman siguen burlándose de la explicación austriaca del ciclo económico, pero su ridiculización se basa en su propio modelo deficientede la estructura de capital de la economía. Además, las explicaciones empíricas de Krugman resultan, una vez analizadas, apoyar la postura austriaca. Por desgracia, como DeLong y Krugman han diagnosticado tan erróneamente el problema, sus “soluciones” son una receta para un desastre posterior.

 

 

Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará “Principios de economía” en laMises Academy este otoño. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to CapitalismStudy Guide to Man, Economy, and State with Power and MarketHuman Action Study Guide y The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal.

 


[1] El debate de DeLong en la UC Davis frente a Michele Boldrin está disponible aquí. La explicación de DeLong de (lo que él llama) el “eje Marx-Hoover-Hayek” de la teoría del ciclo económico puede seguirse a los 10:00 del viedo.

 

Fuente:  Mises Daily en español

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