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Panegírico a Carrillo

Reproduzco a continuación un artículo BRILLANTE de Gabriel Albiac.  Escrito en 2005 para el diario La Razón.

SI ALGÚN DÍA, LOCO O CANALLA

Mejor que nadie, Martín Amis ha alzado acta de este estupor, que es el de los de mi edad que se niegan amor irremediablemente imbéciles, irremediablemente cómplices. El libro se llama Koba el terrible, en referencia al apodo familiar de Stalin. Su subtítulo es “la risa y los veinte millones”. Los veinte millones son los asesinados, con planificación metódica, por un Stalin que, desde luego, no estaba loco.

La risa, o la obscena sonrisa complaciente, es la que seguimos exhibiendo, en la alegre y confiada Europa, ante el relato de aquel tiempo aberrante.

Y es verdad que es la pregunta más grave acerca de la distorsión mental en la cual vivimos los hombres de final del siglo pasado y del inicio de éste, no puede ser otra que ésta: ¿qué odiosa perversión nos permite ser, a un tiempo, dignamente implacables con los genocidas hitlerianos y untuosamente benévolos con los genocidas stalinianos?

Porque esos veinte millones de asesinados, a los que Amis se refiere, lo fueron por Stalin, sí. Pero también, y esencialmente, por la bien jerarquizada tropa de asesinos profesionales que, bajo el control directo del GPU y la NKVD, tejieron el nervio de acero de Komintern y Kominform: aquellos “hombres de una materia diferente”, que, en torno al dictador georgiano, desplegaron la mayor red de crimen político que ha conocido la historia moderna (escribo “la mayor”, porque, por fortuna para Europa, el ciclo exterminador del nazismo fue mucho más breve en el tiempo).

Aquellos gigantes, a un tiempo desmesurados y monstruosos, de los que diera cuenta la primera gran novela sobre la matanza en curso: El cero y el infinito de Arthur Koestler, quien dio a su versión inglesa otro título más preciso: “Midnight at Noon”: porque eso era, eso es, sin duda, el stalinismo; decir que es medianoche en pleno mediodía. Y que todos te crean.

Si nos cruzáramos hoy a un tipo que hubiera ejercido de Gauleiter de las SS en Auschwitz, lo más amable que haríamos sería escupirle a la cara.

Nos cruzamos con don Santiago Carrillo y le hacemos un homenaje nacional, con participación de lo más granado (de lo más podrido) de la política española: Barrionuevo, Corcuera y alto comisionado de las víctimas del terrorismo, incluidos. Nadie podrá negar la admirable coherencia estética de la foto de familia. La ética, tampoco.

Santiago Carrillo. Hay que leer la ruda desnudez de la documentación contenida en el imprescindible Miseria y grandeza del PCE, 1939-1985 de Gregorio Morán, para percibir el grado de horror del personaje. El libro fue publicado en 1986 y desapareció casi inmediatamente de las librerías. Los documentos de los que en él da cuenta Morán ya no son accesibles: fueron muy profesionalmente depurados cuando alguien, en Madrid, se apercibió del alto riesgo político de lo allí contenido. Por fortuna, existen los archivos del KGB. Y la sección Carrillo en ellos.

“Si alguna vez yo me volviera loco o canalla, lo que creo que no sucederá …” voz tonante de Santiago Carrillo, aniquilando a su predecesor Uribe en el Pleno del Buró Político de Bucarest. Abril de 1956.

Nace una estrella del post-stalinismo. No, loco no lo fue nunca; sería un excesivo consuelo para lo que hizo. ¿Canalla? ¿Qué aparatchiki comunista que sobreviviera indemne alas purgas de stalinismo y poststalinismo en esos años no lo fue?

No estaba loco el crío de apenas veinte años, a quien los soviéticos encargaron la matanza masiva de los detenidos en Madrid ante el avance franquista. Cinco mil, en Paracuellos fueron ejecutados por Carrillo; de todas las edades y condiciones; sin trámite judicial alguno; en esa amalgama de cuerpos anónimos y barro de fosa común, que sella con su infamia indiferente las prácticas políticas más definitorias del siglo veinte: de Auschwitz a Kolyma.

No. Loco no, el combatiente stalinista que, aún no cumplidos los treinta años, procede a depurar -con la ayuda de su entonces aún colega Claudín- a todos y cada uno de los viejos dirigentes que se interponen en su avance hacia la Secretaría General, en esos que Morán llama los “años de plomo de la era staliniana en el PCE”.

El que sobrevuela los procesos del “Complot del Lux” (eco en la organización española de las purgas stalinianas de posguerra, que aniquilaron, en Siberia, a toda una generación de comunistas, la que se había jugado la vida en la segunda guerra mundial).

El ejecutor de la atroz venganza sentimental de Dolores Ibarruri contra su ex amante Antón, convertido, tras su abandono marital, en agente fascista infiltrado, y condenado, bajo supervisión personal de Ibarruri y control político de Carrillo, a trabajos forzados en Polonia.

El comanditario del asesino del incómodo líder comunista Trilla en Vallecas. El maquinador de las entregas de Quiñones, Monzón y Comorera a sus torturadores y ejecutores.

El liquidador de los estúpidos idealistas que seguían empecinados en una guerrilla que Moscú condenaba …

Nada loco, el hombre que, tras romper con los soviéticos, que tratan de darle un golpe interno en la dirección del PCE cuando lo del 68 checo, pasa hacerse financiar -así seguirá durante los años setenta- por la flor y nata de la democracia mundial: el coreano Kim-Il-Sung y el rumano Ceaucescu … Grandes tipos. Grandes amigos. Ambos.

No. Ni un ápice de locura hubo en la vida tenebrosa de Santiago Carrillo. Crimen, sí; todo. Cinismo, sí; todo. ¿Traición …? – La verdad es que no hay palabras para describir la capacidad de doblez del personaje: superviviente nato, al precio de pasar por encima de los cadáveres de sus más íntimos: Claudín y Semprún incluidos.

Fue un político. En la más odiosa acepción del término. Hoy es una piltrafa física. Moral, lo fue siempre.

Pero somos así de raros, los humanos. A un Gauleiter de las SS, le escupiríamos a la cara. Como mínimo. Al viejo predador staliniano, le rendimos tierno homenaje.

Encantador viejecito. Eichmann, de haber sobrevivido, se le parecería mucho.

Gabriel Albiac es filósofo y escritor.

® La Razón. 18 de Marzo de 2.005.-

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Descansen en paz hijitos

Porque en estos once meses de angustia, os habéis convertido un poco en los hijos de todos.

Queridos Ruth y José: que Dios os proteja.  Estáis en nuestros corazones.

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La ultima canción de Whitney Houston

Anoche fue encontrada muerta Whitney Houston, en un hotel de Beverly Hills, aparentemente a consecuencia de su consumo de drogas.

Un matrimonio tormentoso que la llevó a consumir drogas, la eterna promesa de un regreso que nunca terminaba de concretarse, y una magnífica carrera profesional truncada.

Su última canción en público pocas horas antes de su muerte fue  un gospel: Sí, Jesús me ama. La cantó a capela, el viernes,  en un concierto de Kelly Price & Friends previo a la entrega de los Grammy, que tendrá lugar hoy y que la tendrá como protagonista de todos los homenajes imaginables.

Aquí os dejo un trocito de esa canción, su última canción y su última ovación:

Descansa en paz, Whitney.

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Obama kills Osama

Aunque ahora me surge la duda:  ¿Habrán matado a Osama…..o a Gaspar Llamazares?

Bueno, parece que no lo sabremos, porque dicen que el cuerpo fue tirado al mar.

De todas maneras, parece que de Gaspar no nos libramos:  ya salió a decir que la muerte del asesino terrorista Osama bin Laden es “terrorismo de estado“. 

Lo raro es que ETA no haya guardado un minuto de silencio en señal de duelo  y le hayan nombrado “gudari honorario”.  Pero a lo mejor ni falta hace.  Lo que se rumorea es que los expertos en photoshop de la CIA están trabajando horas extras…

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Luis Aguilé – D.E.P.

Acabo de enterarme que ha fallecido el cantante Luis Aguilé.  A muchos tal vez les parezca una tontería, pero recuerdo su cara y su voz en la tele, cuando no levantaba más de dos palmos del suelo, y sus canciones -a veces tontorronas- me hacían reir.  Un cancer de estómago ha podido con él.

A modo de homenaje, comparto con vosotros esta canción, que no es para nada tontorrona, y que ha sido prohibida en varios países  de esos que nuestro presidente de gobierno considera “democráticos”, como Venezuela y Argentina.  Y “curiosamente” tampoco suena en las radios españolas.  Está inspirada en el gorila rojo de Venezuela, Hugo Chávez, el visitante asiduo de Juan Carlos I.

Descanse en paz.  Y gracias.

“Señor Presidente”

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